La libreta del hambre
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    Un mundo de cosas

    Rafael Ferro Salas, Abdala Press

    PINAR DEL RIO, Cuba – Octubre (www.cubanet.org) – Usted pone una gota de
    debajo del cristal de un microscopio y ve un mundo de cosas. Algo
    aparentemente simple, nos puede enseñar mucho; todo está en saber mirar
    bien.

    La cafetería de mi barrio es pequeña. Allí se ofertan pocas cosas, pero
    es como una gota de agua: oculta mucho. Todo está en saber mirar bien, y
    escuchar.

    Antes de salir el sol, el viejo Tomás (74 años) llega a la cafetería. Es
    puntual como un buen reloj suizo. Se sienta a esperar a los fumadores
    mañaneros. Tomás les vende cigarrillos al menudeo. El viejo tiene,
    además de su puntualidad, una tos que lo acompaña siempre. No fuma, pero
    muchos culpan de esa tos a las madrugadas que Tomás carga desde hace un
    tiempo.

    El viejo trabajaba como albañil y tenía un salario que le daba más o
    menos para vivir. Ahora está jubilado y su pensión es corta. Decidió
    entonces hacer lo que hace, despertar bien temprano y esperar a los
    fumadores mañaneros en la cafetería del barrio. Lo hace si hay calor,
    frío o bajo el temporal más fuerte que pueda estar azotando la esquina.

    “El único día que falto es cuando me entero de que la policía va a
    ‘tirar’ un operativo”, me dice el viejo sonriendo. “Si no hago esto, me
    muero de hambre. Tengo a mi hija enferma de cáncer y soy viudo. La
    pensión mía de jubilado no da para más”.

    La mayoría de los pensionados por jubilación en Cuba se ven obligados a
    buscar alternativas de supervivencia. Las pensiones son bajas y la
    carestía de los productos y artículos necesarios para vivir se mantiene
    en constante ascenso. Los alimentos más baratos se venden por la libreta
    de racionamiento (vigente en Cuba desde el año sesenta) y son pocos.
    Entonces las gentes están obligadas a comprar en los mercados de
    productos liberados, que son más caros. También están como alternativas
    de salvación las compras clandestinas (mercado negro). Hay toda una red
    de ventas ocultas. Usted compra en el mercado subterráneo desde una
    libra de queso casero, hasta una libra de carne de res (con riesgo y
    todo; en Cuba está prohibida la venta y compra de carne de res). Lo que
    usted necesita para obtener esto es dinero, y si su salario no le da,
    entonces usted tiene que “inventar” para buscarlo.

    La esquina se sigue llenando de gentes. Llega Ricardo (67 años). Fue
    director de una empresa y después de ser sustituido en el puesto lo
    jubilaron.

    “Yo dirigía una empresa de la . No me faltaba la comida.
    Después que me sustituyeron y me jubilaron, todo cambió en mi casa. Mi
    pensión no me alcanza para comer. Vivo con mi esposa, que es ama de
    casa”, dice. “Ahora me la ‘invento’ para no morirme de hambre”.

    La “inventa” llegando de primero a la cola todas las mañanas para
    comprar los periódicos que se venden en el estanquillo que hay junto a
    la cafetería. Cada periódico cuesta 20 centavos. Ricardo marca dos y
    tres veces en la misma cola y luego sale a venderlos. Los lleva a las
    casas de los lectores que están dispuestos a pagarle por cada ejemplar
    un peso. “Hay algunos que pagan hasta dos pesos, eso depende del
    bolsillo”, comenta.

    Usted puede ver al negro Bololo. Fue del Movimiento 26 de Julio en la
    lucha contra Batista. Ahora es apuntador de lotería (encubierto, por
    supuesto; en Cuba también está prohibida la lotería). Con frecuencia
    aparece a media mañana el vendedor de ron barato y de marca desconocida.
    Igualmente puede dejarse ver el policía del barrio, que es el menos
    peligroso. Es el policía que casi siempre necesita un cigarrillo de los
    del viejo Tomás o un periódico de los que vende Ricardo y, como ser
    humano de este mundo y cubano necesitado también, está dispuesto a
    degustar (de manera gratuita) el ron desconocido que le ofrece el
    vendedor .

    La cafetería de mi barrio sigue ahí, como una sencilla gota de agua;
    pero con su mundo de cosas por dentro. Lo que se necesita para verlo es
    saber mirar bien.

    http://www.cubanet.org/CNews/y05/oct05/18a9.htm

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