La libreta del hambre
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    SOCIEDAD
    El tabú y la isla
    Antonio Torres Justo, Buró de Información Solidaridad (BIS)

    LA HABANA, Cuba – Enero (www.cubanet.org) – Cuba es un país muy vulnerable a
    la magia. Somos el tabú hecho isla. Por fortuna la Providencia le tomó la
    delantera a la veleidosa Historia y nos hizo colonizar por los cristianos a
    cruz y espada y no por los musulmanes a media luna y alfanje. La razón se
    explica más adelante.
    Cuando uno lee la parte dedicada al tabú, algo así como un osorbo
    potenciado, del libro de James. G. Frazer “La Rama Dorada” y lo relaciona
    con nuestra criolla religiosidad es que podemos comenzar a comprender el
    denodado esfuerzo del Sr. Castro por debilitar y, en lo posible, vencer las
    consecuencias del tabú en Cuba.
    Nuestra falta de conciencia sobre el tema, que nos lleva a infringir reglas
    y preceptos que terminan por volverse contra nosotros mismos, no nos ha
    dejado apreciar la magna obra del Sr. Castro para, junto con la Revolución,
    la Patria y el Socialismo, salvarnos como pueblo.
    Tenemos que aceptar -es inevitable casi siempre la cuota dogmática- que el
    Sr. Castro es un Sumo Gran Sacerdote Anti Tabú, que adquirió tamaña dignidad
    durante su visita a la Guinea del extinto Sekou Touré, quien lo consagró con
    hechizos ceremoniales, lo vistió de blanco sobre el uniforme para
    transmitirle, por magia contaminante, poderes a su particular vestimenta
    verde olivo, y lo dotó de diploma acreditativo y el manual correspondiente.
    Sin duda alguna, un Sumo Gran Sacerdote cuenta con suficientes
    conocimientos, pero este caso demostró su perspicacia mucho antes del asunto
    de Guinea, cuando comenzó su cruzada … no, mejor batalla, que se aviene
    más con su denso delirio de semejanza napoleónica, contra el tabú y sus
    virtudes maléficas.
    Al inicio el dólar fue el vórtice de la batalla. Se eliminó como moneda de
    libre circulación nacional. Se señaló la necesidad política y económica de
    hacerlo para defender a la incipiente Revolución. Nunca se insinuó siquiera
    que era Tabú Verde, ya que el pueblo no se encontraba todavía preparado para
    entenderlo.
    Tan peligroso resultaba el Tabú Verde para la nación, tabú contra el cuál no
    se conocía remedio espiritual, baño lustral ni despojo alguno -aunque sí te
    despojaban de todo el billete verde que tuvieras- que si te agarraban con
    ese dinero en el bolsillo o en la casa, terminabas tras las rejas de la
    prisión por largo tiempo.
    Sucedió entonces que con el paso de los años las conjunciones planetarias
    favorables, los movimientos retrógrados, eclipses lunares y solares y la
    desconflautación del Campo Socialista y nuestra eterna aliada la Unión
    Soviética, junto con ciertas ceremonias secretas en los altos niveles, se
    consideró que el Tabú Verde había perdido gran parte de su maléfico poder y
    lo devolvieron al uso cotidiano. No mentimos al decir que los cubanos se
    desvivían y suspiraban por tenerlos en el bolsillo, en particular la
    juventud, tanto, que el mercado del sexo se disparó exponencialmente. Y no
    había quien no tratara de hallar acomodo en la esfera del .
    Los cubanos teníamos, por entonces, como una gran suerte poder palpar
    aquellos billetes en el bolsillo, al límite que supusimos tabú a nuestra
    propia moneda. Craso error, porque algo falló. La malévola influencia del
    Tabú Verde estaba aletargada, por lo que el Sumo Gran Sacerdote, con su
    extrema sabiduría, aconsejó una posición intermedia: puedes tenerlos en el
    bolsillo, pero de nada te servirán si no los cambias por la moneda
    convertible nacional, con una depreciación de hasta el 20 % por su dañina
    modorra.
    Un tabú, que debe ser rojo, al que todavía no nos acostumbramos y perdura la
    añoranza, es el cárnico. La compleja magnitud del Tabú Rojo de la carne de
    res precisó al Sumo Gran Sacerdote a suprimirla del régimen alimenticio del
    cubano.
    Todavía recuerdo aquellos tiempos de seudo república en que un buen filete o
    la carne en cualquiera de las diferentes maneras de prepararla era plato
    habitual en la mesa de los cubanos. Cierto es que a diario no se comía pero
    tampoco era necesario, la variedad de alimentos se imponía.
    De alguna manera muchos de nosotros, niños en aquella época, nos adelantamos
    al porvenir, algo nos predisponía contra la carne de res, nos advertía que
    era un poderoso tabú. Detalle éste que nuestros padres no entendieron ni
    aceptaron nunca, y nos obligaban a comer, con el cinto a la vista, tan
    maligno alimento. Claro que siempre algo le podíamos escupir al perro que
    esperaba impaciente bajo la mesa.
    Por dicha, hoy casi ningún niño cubano tiene que soportar tan cruel prueba,
    aunque por algunos años se incluyó en la canasta básica del cubano, regulada
    por la libreta de abastecimientos, cantidades ínfimas de carne de res,
    costumbre ésta que se pudo abolir para mayor seguridad de la población en
    general y de los niños en particular.
    Y dado que la carne del animal es tabú, la res lo es con máxima
    potencialidad, por lo que la batalla contra la misma no cesa, y está tan
    bien dirigida que al paso de carga que llevamos únicamente en algún remoto
    zoológico o por la televisión podremos contemplar a tan repugnante
    animalejo.
    Por esto alabamos a la Providencia por la colonización cristiana ya que para
    los musulmanes la carne de cerdo es tabú y entonces qué hubiera sido de
    nosotros. Al incluir al vacuno como tabú animal, la leche fresca que produce
    éste y todos sus derivados asumen igual categoría. Pero el Sumo Gran
    Sacerdote no evadió el reto. Sólo hasta los siete años tolera que la mayoría
    de los niños cubanos consuman este producto, el Tabú Blanco. Decimos la
    mayoría porque todavía subsisten quienes, sin tener en cuenta la edad,
    consumen Tabú Blanco y sus derivados sin temor a las consecuencias.
    Lo que justifica el por qué de la edad de siete años es sencillo de
    explicar. El siete es un número sagrado, y por tanto contrario al efecto
    nocivo del Tabú Blanco. Distintas culturas en la antigüedad reverenciaron al
    número siete: siete brazos tiene el candelabro colocado ante el Arca de la
    Alianza, siete son los pecados capitales, siete las colinas de Roma, siete
    los cielos y las tierras según El Corán, siete los sabios de Grecia, siete
    los recintos del Templo de Salomón, siete las llagas de Cristo, siete meses
    derivó Noé en su arca, siete años hace que no me compro un par de zapatos…
    disculpen, ha sido un lapsus mentis. La lista es extensa y ratifica la
    esencia mágica del número siete, de ahí la edad hasta la que puedes consumir
    leche fresca en Cuba. De los siete años en adelante (no sé cuántos más
    adelante, pero de seguro no será mucho) se receta, no por el médico de la
    familia sino por el Sumo Gran Sacerdote la ingestión de yogour de soya, muy
    alimenticio y eficaz supresor de cualquier rezago maligno del Tabú Blanco.
    Sorprende que todavía se venda el Tabú Blanco y sus derivados, incluso el
    Tabú Rojo, en el mercado con divisas para todo aquel que lo pueda pagar y
    desee consumir. Debe ser por aquello de que quien por su gusto muere la
    muerte le sabe a gloria o puede que consuman el alimento tabuado y luego se
    purifiquen con yogour de soya. Pero de ser así, entonces a los niños mayores
    de siete años se les puede seguir suministrando, junto con el yogour, el
    Tabú Blanco.
    Tiene que existir una razón muy profunda que sólo el Sumo Gran Sacerdote es
    capaz de descifrar y para la cual nosotros, simples pr
    incipiantes, no nos
    encontramos capacitados, a pesar de la interminable campaña
    político-ideológica que padecemos, para comprender, aunque sí para aceptar.
    Qué remedio nos queda.
    Subsisten muchos tabúes de los que nos protege el Sumo Gran Sacerdote, que
    son las palabras que engendran pensamientos y acciones tabuadas también y
    nefastas para la Revolución, la Patria y el Socialismo.
    Esos que hablan de , de democracia, pluripartidismo,
    economía de mercado, transición, elecciones libres y directas, etc. En esas
    nociones se encuentran presente nocivos gérmenes capaces de contaminar y
    destruir a nuestro sistema político anti tabú, lo que explica la atención
    especial que les brinda el Sumo Gran Sacerdote.
    Nos sobremanera que a pesar del colosal esfuerzo desarrollado por el
    Sumo Gran Sacerdote por erradicar estos tabúes, la gente se desvive por
    tener Tabú Verde, comer Tabú Rojo cuando se le antoje y beber Tabú Blanco
    cuando lo desea. Quieren transición aunque lo oculten, derechos humanos,
    economía de mercado, pluripartidismo, en fin, de todo aquello de lo que el
    Sumo Gran Sacerdote tanto nos protege.
    Mientras, por otro lado, se puede comprobar cómo los hijos de todos los
    personajes bien imbricados con la Revolución, la Patria y el Socialismo y
    estos mismísimos personajes, que han de ser la vanguardia de la ejemplar
    batalla revolucionaria, viven inmersos en el tabú. No se apartan ni por un
    momento del Verde, el Rojo y el Blanco. De seguro estarán enfermos de tan
    tabuados que se encuentran… no sé… no sé… este espeso galimatías
    ideológico me confunde, me inclina a perder la confianza y el entusiasmo
    revolucionarios. Me parece que lo mejor es no continuar cavilando sobre esto
    del Tabú y la Isla.

    http://www.cubanet.org/CNews/y06/jan06/30a9.htm

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