La libreta del hambre
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    ECONOMÍA-CUBA:
    Aún no dan las cuentas
    Por Dalia Acosta

    LA HABANA, feb (IPS) – Los salarios y pensiones siguen siendo
    insuficientes para enfrentar el alto costo de la vida en Cuba, a pesar
    de una serie de medidas gubernamentales adoptadas el año pasado para
    revalorizar la moneda y mejorar la situación económica de los sectores
    más vulnerables.

    “Me aumentaron casi cincuenta pesos en el trabajo, pero eso no significa
    nada cuando me enfrento a los gastos de la casa. Todo lo que uno gana es
    para alimentarse más o menos y pagar el , el teléfono y la
    electricidad”, afirmó Carmen Díaz, especialista en informática en una
    institución cultural.

    Díaz vive sola con su hijo, estudiante universitario, y sus padres
    ancianos.

    “Mis padres también se beneficiaron con el aumento de las pensiones,
    pero tampoco alcanza. El costo de la vida en Cuba aumentó mucho en los
    últimos años, y si no fuera por mi hermano, que nos ayuda desde Estados
    Unidos, no sabría qué hacer”, añadió.

    Tras los aumentos decretados en 2005, el salario medio en esta isla
    caribeña ronda los 300 pesos cubanos, unos 15 dólares, según la
    cotización en las casas de cambio gubernamentales. Paralelamente,
    circula el llamado peso convertible (CUC) que se compra a 25 pesos
    cubanos u 80 centavos de dólar estadounidense.

    El Estado garantiza la prestación de algunos servicios y la venta de un
    grupo de alimentos a precios subsidiados en moneda nacional, mientras
    que la educación y la siguen siendo gratuitas. Sin embargo, los
    11,2 millones de cubanos aún necesitan altas sumas de moneda nacional o
    de CUC para cubrir sus necesidades básicas.

    Especialistas consultados por IPS estiman que más de 6,6 millones de
    personas se beneficiaron el año pasado de los aumentos salariales, las
    pensiones y las prestaciones de la asistencia social, un resultado
    superior al previsto por las autoridades, que esperaban ayudar a 5,1
    millones de habitantes.

    Las medidas representaron para el Estado una erogación extra de 4.260
    millones de pesos en el año, según fuentes oficiales.

    Así y todo, economistas sostienen que los aumentos decretados son
    insuficientes y “no logran compensar los altos precios de los alimentos
    y otros productos de primera necesidad”.

    Según un estudio especializado, un núcleo familiar promedio de cuatro
    personas, dos adultas y dos menores de edad, aumentó sus ingresos
    salariales en unos 105 pesos. Pero, al mismo tiempo, el incremento de
    algunos precios de la canasta básica normada elevó esos gastos a unos
    90,6 pesos mensuales, 22,95 por persona.

    Como ejemplo aparece el café normado, que mejoró en calidad pero aumentó
    su precio en más del doble.

    “Tan sólo el incremento de los precios por la vía del abastecimiento
    normado absorbe 86 por ciento del total del incremento salarial promedio
    y deja un margen de apenas 15,02 pesos mensuales”, explicó a IPS el
    autor del trabajo, quien prefirió no dar su nombre.

    “Con esos 15 pesos, la familia en cuestión tendría que asumir las
    tarifas eléctricas, que subieron el pasado año, acudir al mercado libre
    de alimentos y cubrir otras necesidades de productos de primera
    necesidad que se venden sólo en pesos convertibles o en pesos cubanos, a
    muy altos precios”, añadió..

    Las vías de ingreso en divisas suelen limitarse a las remesas recibidas
    de familiares en el exterior, al ejercicio del trabajo por cuenta propia
    y a sistemas de estímulo establecidos por el Estado en algunos sectores
    de la economía, como sucede en las empresas mixtas con capital extranjero.

    La “libreta” de productos alimenticios, un sistema de venta normada de
    alimentos a precios subsidiados, garantiza la distribución de arroz,
    frijoles, azúcar, café, aceite, huevo, sal, pastas, pan y galletas,
    pescado, pollo, otros productos cárnicos como salchichas, leche y yogurt
    para menores de edad.

    Sin embargo, la suma de las compras de alimentos por la norma y otras
    fórmulas de consumo social, como pueden ser los comedores en centros de
    trabajo y escuelas, siguen dejando un déficit mensual de 8.790 calorías,
    293.7 gramos de proteína animal, 73.8 gramos de proteína vegetal y 376.8
    gramos de grasa.

    “Este núcleo promedio de cuatro personas, como tantos otros, tiene
    obligatoriamente que acudir al mercado libre de alimentos, donde prima
    la ley de la oferta y la demanda, y los precios tienden a crecer
    sistemáticamente”, dijo el economista.

    En los mercados agropecuarios de la capital de Cuba, un mazo de cinco
    cebollas medianas puede costar unos 10 pesos, el ananá oscila entre 12 y
    15 pesos y el kilogramo de tomate ronda los 20 pesos.

    Fuentes oficiales indican que entre enero y abril de 2005 la población
    adquirió 42,6 por ciento menos de alimentos que en igual período de
    2004. El descenso se atribuyó al alza de los precios de las carnes,
    frijoles, frutas y vegetales, y a la sensible disminución del nivel
    adquisitivo de la familia.

    Una investigación del gubernamental Centro de Estudios de la Economía
    Cubana estimó, a inicios de esta década, que un núcleo promedio de
    cuatro personas en La Habana necesitaba siete veces sus ingresos
    salariales para satisfacer las necesidades básicas.

    A la situación en los mercados agropecuarios y a los también altos
    precios en la red de tiendas que venden sólo en pesos convertibles, se
    sumó en noviembre pasado el alza de las tarifas eléctricas para los
    núcleos familiares cubanos, que consumen más de 100 kilovatios por hora.

    El aumento del precio de este servicio, el primero que se produce en más
    de 10 años, se justificó oficialmente con el alza de los precios del
    petróleo en el mercado mundial, el agotamiento de las fuentes de energía
    y la necesidad de crear una conciencia del ahorro entre la población de
    la isla.

    Esta realidad “opaca los aumentos decretados por el gobierno con el fin
    de reducir la brecha existente entre los ingresos de la población y la
    elevación del costo de la vida que se produjo desde inicios de los años
    90 del pasado siglo”, dijo el especialista consultado por IPS.

    Al subir los precios de servicios básicos como la electricidad y
    mantenerse altos los de los alimentos, el salario sigue sin recuperar su
    papel como principal vía de ingreso de la población y como necesario
    estímulo a la producción de bienes. Estamos ante la posibilidad de “un
    retorno al punto de partida”, alertó. (FIN/2006)

    http://www.ipsnoticias.net/nota.asp?idnews=36520

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