La libreta del hambre
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    HISTORIA
    La prensa decimonónica cubana y extranjera
    Richard Roselló

    LA HABANA, Cuba – Marzo (www.cubanet.org) – Hace más de 150 años los
    habaneros llamaban “paquete” al barco que traía a la isla el
    procedente de ultramar. Una parte de dicha correspondencia venía
    reservada para el gobierno y otra era para los particulares.

    Dicha embarcación, del tipo paquebot, fue en su tiempo uno de los más
    rápidos y ligeros de los veleros que por aquellos tiempos hacían viajes
    trasatlánticos.

    El Paquete entraba a La Habana sólo una vez por semana y ese día una
    multitud de personas se aglomeraban en el muelle de San Francisco a
    recibir desde la correspondencia, noticias de la prensa extranjera así
    como la compra de un buen libro para los amantes de la lectura.

    Aquel servicio, si lo comparamos con los actuales avances en el campo de
    las comunicaciones de hoy podrían catalogarse de muy eficiente, pues en
    aquellos años una carta o un periódico desde los a La
    Habana tardaba 6 días, y 17 si venía directo de Europa.

    Y a ello se debe que al mediar el siglo XIX la vida habanera revela una
    rápida trasformación social y circundantes de negocios: comerciantes,
    banqueros, negreros, tratantes y sacarócratas (dueños de negocios
    azucareros) imprimen un inmenso tráfico de mercancías que se exportan a
    través de una larga lista de barcos anclados en el puerto.

    Este auge comercial, pero también cultural, hace que el habanero esté al
    tanto de lo que ocurría en buena parte del mundo, pues la fluidez de los
    medios de información y el acceso a los periódicos extranjeros eran tan
    variados como inmensamente interesantes, para complacer a un público
    lector tan exigente como el cubano.

    La afición en la isla a la lectura de la prensa tiene marcados
    antecedentes. En 1790 se imprime el primer periódico de Cuba, conocido
    como Gaceta de La Habana, para luego cambiar su nombre por el Papel
    Periódico de La Habana.

    Lo cierto es que el rotativo salía a diario en un formato de pequeño
    tamaño, como una libreta de , donde aparecían las primeras
    noticias del acontecer de la ciudad y del extranjero.

    Con el tiempo el periódico fue variando en volumen, tirada e incluso en
    nombre. Y ya para 1839 se publicaban en la villa se San Cristóbal de La
    Habana (como continuación de la anterior publicación) el llamado Diario
    de Avisos, después Diario de La Habana y otro titulado Noticioso y
    Lucero. Para entonces la cifra de suscriptores sobrepasaba los cinco mil.

    Diez años más tarde (1849) la ciudad contaba con cinco periódicos
    diarios: la Gaceta del Gobierno, el Diario de la Marina, el Faro
    Industrial de La Habana, La Prensa y el Avisador, con 13 mil abonados en
    toda la isla, aunque la mayoría de los lectores vivían en la capital.

    Estos periódicos tenían de 4 a 6 hojas, y ni un solo detalle del
    acontecer dejó de revelarse por mucha censura que hubiera.

    Los clasificados de la prensa por secciones fueron numerosos y variados.
    Se habla de tribunales, travesías de buques, empresa y sociedades,
    esclavos prófugos, pasajeros, noticias religiosas, estados del tiempo,
    diversiones, anuncios extranjeros, vapores correos, obras públicas,
    prensa asociada y otros temas.

    En el clasificado de prensa asociada aparecían los comunicados y
    noticias de periódicos nacionales y extranjeros. Y aquí, las
    informaciones de la época dan una visión del crecimiento no solo de la
    prensa del patio, sino la multiplicidad de periódicos internacionales
    que se leía en el país.

    Recordemos, además, la multiplicidad de inmigrantes extranjeros que
    residían en Cuba, europeos principalmente, y que demandaban mucho de ese
    servicio. Lo cierto es que el crecimiento de los periódicos criollos fue
    casi abrumador durante el siglo XIX. Una cifra confiable da el número de
    210 títulos cubanos publicados durante toda esa centuria. De ellos, más
    de cien correspondían a La Habana, que era la capital política,
    religiosa, económica y militar de la isla.

    Pero volvamos a mediados del siglo XIX y caminemos por la calle habanera
    de San Ignacio, inundada de tiendas. Estaba además la imprenta del
    Diario de La Habana. Luego sigue la de La Prensa y en la inmediata calle
    de Amargura estaba el Diario de la Marina. Otros estaban diseminados por
    la urbe, pero en general todos prosperaban.

    En Cuba los diarios tenían un precio asequible, entre $7 y $12 al año,
    mientras que en Europa era de $20 a $30. Por ejemplo, el Diario de La
    Marina tenía un precio de suscripción en La Habana y Matanzas de sólo $1
    al mes y $11 anual.

    En cambio, en otras ciudades cubanas su costo era de 10 reales al mes, o
    sea, los precios eran baratos si tenemos en cuenta el papel importado,
    la variedad de sus noticias, los crecidos costos y su manutención.

    Los periódicos extranjeros que llegaban a la isla con el correo,
    procedentes de Europa, América, Asia y África contenían gran variedad de
    noticias que interesaban al agricultor cubano, al maestro, al
    industrial, al médico, al comerciante, al estadista. Y lógicamente a sus
    residentes extranjeros.

    Los actos del gobierno, las discusiones y sentencias de los tribunales,
    las oscilaciones de la opinión pública y hasta los más insignificantes
    accidentes, todo estaba consignado y referido con escrupulosa
    puntualidad en las columnas.

    Como resultado de esa demanda de conocimiento en la calle de O’Reilly se
    creó en 1848 la primera Agencia de Periódicos Extranjeros, que recibía
    títulos de España, Nueva Granada (Colombia); el Cournier y el Eco de
    Europa, de Francia; la Gaceta de Berlín (de Alemania o la de Viena (de
    Austria); el Texas Star (de México), El Ecuatoriano y Telégrafo (de
    islas Minorca); el Tribune de Nueva York, el Herald, el Post, el Time,
    el Morning Chronicle, todos de Estados Unidos; Il Mundo Ilustrado, la
    Gazeta de Milán (de Italia) y otros que ofrecían en el periodo colonial
    cubano el derecho a la libre información y expresión.

    http://www.cubanet.org/CNews/y06/apr06/03a9.htm

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