La libreta del hambre
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    ¿Comer o no comer?, ésa es la cuestión

    Por Mercedes L. García

    Bitácora Cubana, 15 de junio de 2006

    “Las personas afiliadas al sistema de seguridad social han estado
    totalmente olvidadas por el bajo nivel de sus remuneraciones”, fueron
    las palabras pronunciadas públicamente por el propio Castro cuando el
    pasado 30 de abril del corriente se presentó ante los medios noticiosos
    oficialistas cubanos para anunciar un “aumento” en las pensiones de los
    casi 1.4 millones de jubilados que existen en la isla y como si todo eso
    fuera poco, en ese mismo “show mediático” anunció un aumento de 50 pesos
    a la asignación mensual de las familias “protegidas”, según el régimen,
    por la Asistencia Social que abarca en Cuba a más de 1,5 millones de
    personas.

    A consecuencia de tal anuncio, fueron aumentadas las jubilaciones
    mensuales unos 30 pesos (1,35 dólares). Ese reajuste elevó a 150 pesos
    las pensiones en la franja de 55 a 105 pesos y hasta a 300 pesos. Las
    remuneraciones mayores fluctuaron de 251 a 290 pesos mensuales. Las
    noticias cercanas a esa fecha hicieron evidente que aun a pesar de las
    tantas promesas incumplidas por parte de las autoridades cubanas, los
    mencionados anuncios lograron inyectar un rayo de esperanza entre los
    deprimidos jubilados.

    Esperanza ésta muy lógica, sobre todo viniendo acompañadas de otras dos
    “promesas” necesarias: el aumento en la llamada “canasta básica” o
    “libreta de racionamiento”, instituida en Cuba con carácter “temporero”
    desde el 12 de marzo de 1962, mediante la cual el régimen desde entonces
    ha distribuido “productos básicos” de forma racionada al pueblo; y que
    los precios en los TRD o Tiendas de Recuperación de Divisas no subirían.

    Sobre este particular y como un testimonio de los efectos que tales
    promesas y aumentos han producido en la “realidad cubana”, Humberto
    Guerra Perugorria, sita en Villa Verde #15, e/ Cisneros y Heredia,
    Reparto La Esperanza del Municipio Arroyo Naranjo, nos narra la
    experiencia de él y por tanto, de otros jubilados cubanos, cuando con la
    “libreta de abastecimiento” en mano salen cualquier mañana a buscar los
    productos para satisfacer las necesidades básicas de sus familias.

    Para comenzar el día, un jubilado cubano que recibe una pensión de 164
    pesos en moneda nacional al mes sale para comprar el pan de dudosa
    calidad que debe pesar 80 gramos, pero que no pasa de los 70 gramos al
    precio de 5 centavos para 24 horas. El siguiente paso es dirigirse al
    puesto donde venden las viandas y las hortalizas con precios normados
    para la población y donde no se encuentran productos para la venta,
    “sólo hay papas, pero ya no me tocan, ya las compré”, agrega Guerra
    Perugorria y pasa a describir cómo el dependiente, “con mucho
    paternalismo”, le manifiesta que él le puede “resolver unas libritas”,
    sólo que a peso la libra, escena ésta que se repite en la carnicería,
    con el pescado, con el picadillo de soya, con el pollo y en fin, con
    todos los productos normados en general.

    Dándose por vencido guarda la libreta de producto normados en su
    bolsillo, no sin antes invocar la protección de Cristo Rey y se encamina
    para los mercados paralelos donde, según su testimonio, sí hay bastantes
    productos pero a precios “para ricos” o “para ladrones”, como por ejemplo:

    Mercado paralelo de cárnicos: jamón de pierna $34.00 la libra, pescado
    jaurel a $8.00 la libra moneda nacional, picadillo de soya 6.00 ó 10.00
    pesos la libra, mortadella de mala calidad $15.00 la libra, queso de
    soya $20.00 la libra, arroz americano $4.00 libra, huevos a 1.50 cada
    uno. (Una libra de cada artículo y una docena de huevos equivale a 107
    pesos).
    Mercado paralelo productos agro: un mamey chico 10.00 moneda nacional,
    una libra de pepinos 3.50 moneda nacional, un mazo de zanahorias 6.00,
    un mazo de cebollas 6.00 o 10.00 pesos, una mano de plátanos burros
    10.00, un plátano macho 4.00, malanga 4.00 la libra, un mango grande
    5.00 o 6.00 pesos, una cabeza de ajo $2.00 o 3.60 pesos, un ají pimiento
    chiquito 1.00 moneda nacional, ají cachucha a 3.50 libra, berro 5.00
    mazo, acelga 5 el mazo, calabaza $2.00 la libra y boniato $1.50 la
    libra (otros 71 pesos, que sumado a los 107 anteriores equivalen a 178
    pesos, moneda nacional).

    Con estos precios, ¿cómo puede vivir un jubilado cubano?, es la pregunta
    con la cual termina su testimonio Humberto Guerra Perugorria, un
    jubilado cubano, que a estas alturas ya no tiene, al igual que tampoco
    deben tenerlo otros jubilados, aquel rayo de esperanza pues ahora saben
    que las supuestas mejorías para los jubilados solo han ido a formar
    parte de las tantas promesas poco efectivas que ha utilizado el régimen
    castrista para engañar al pueblo cubano.

    http://www.bitacoracubana.com/desdecuba/portada2.php?id=2274

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