La libreta del hambre
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    El Otro Guevara, Los Disidentes y Ciertos Premios Nobel
    2006-11-01
    José Vilasuso

    En América Latina todo es barroco.
    Alejo Carpentier.

    A la memoria de César Vilar, el primer .

    Quienquiera que haya tenido la oportunidad de conocer al doctor Alfredo
    Guevara que, – a propósito, ningún lazo familiar lo unió con Ernesto el
    Che, – seguramente guardará el recuerdo de su postura definida,
    meridiana que allá por los años cincuenta en la de La Habana
    calificábamos sin eufemismo alguno de un buen comunista.

    Corrían tiempos en que nadie que se respetara acostumbraba a
    escandalizarse o negar el saludo a condiscípulos afiliados a dicha
    ideología, o a cualquiera otra catalogada de extremismo, izquierda o
    como mejor cuadre. Lo que no solamente implicaba el mutuo respeto al
    criterio ajeno; sino y esto es más importante, probaría la seguridad
    tanto de la persona como del ideal por la misma profesado.

    Alfredo Guevara era el prototipo del intelectual progresista, el joven
    considerado de ideas avanzadas que recorría la Plaza Cadenas con un tomo
    de Hegel bajo el sobaco, con apuntes para una entrevista al Indio
    Fernández en el Comodoro, o reclutando aficionados para la próxima
    función cinematográfica de la sociedad Nuestro Tiempo. Siguiéndole los
    pasos silencioso, enjuto, y opaco a veces caminaba un chinito, Raúl Castro.

    Guevara era estudiante de la de Filosofía y Letras donde se
    daban cita los ricos, mujeres, y notorios comunistas becados por el
    partido; el resto teníamos que conformarnos con estudiar Derecho para
    asegurar la pitanza y leer de noche a don Miguel de Unamuno, León Bloy o
    Maxence Van DerMeer.

    De veras fueron anécdotas y episodios inexplicables a la luz mortecina
    que mal alumbra un segmento extenso de nuestra realidad noticiosa
    actual. No creo que hoy día resulte nada viable sentarse alrededor de
    una mesa redonda, cuadrada u ovalada para poner sobre el tapete idearios
    bifrontes como natural quehacer de gente que se cataloga pensante.

    Ha sido una pérdida integral cuyos corolarios y consecuencias tardarán
    tiempo laaaaargo en reponerse. No en balde a los cuarenta y siete años y
    diez meses de longevidad revolucionaria un número no escaso de
    personalidades reconocidas de toda índole, no saben al respecto expresar
    particulares algo más novedosos que los archiconocidos logros de la
    educación, , etc. Tal parece que en efecto les comieron la
    sustancia gris, o quizás nunca la acumularon en dosis de mayor generosidad.

    En consecuencia diríamos que estamos comenzando por el principio; tal
    vez sea mejor así. En definitiva la gracia de toda la historia de la
    humanidad, – así como la Universal de la Infamia, – se ciñen a que su
    dinámica y nervio vital recorren el infinito, es decir nunca se
    acabarán; otra vez recordamos a Carl Jaspers.

    Por tanto avanzamos por ciclos, y nuevos ciclos por donde si bien
    ciertas etapas ya habían sido recorridas en la Cuba descubierta por el
    otro Guevara, el Che; el tiempo las clausuró a la fuerza, sacándolas de
    la circulación y en su lugar se descubrieron esas grandezas y lindezas
    del paredón, libreta de abastecimiento, , brigadas de respuesta
    rápida y toda la camada de misiones revolucionarias que han embelesado y
    aun admiran no tan escasos prohombres y mujeres llamados progresistas
    tanto del pasado como del actual siglo capitalista, globalizado,
    neoliberal, y tatatá…

    Así las cosas unos cincuenta años más tarde, tras el circunloquio
    enrevesado y barroco reaparece el doctor Alfredo Guevara, ya no es el
    activista ardoroso volcado a sus convicciones; sino el veterano
    ecuánime, sensato, que acumuló experiencias de un valor fuera de serie,
    a millón y, se presta a ofrecerlas a quien sea capaz de escuchar para
    crecer en su deambular por la vida.

    Qué lección para las dos Américas. ¿Cuántos se atreverán a aceptarlo? Un
    hombre vertical, intachable, brillante en su ejecutoria como cineasta, a
    quien nadie podrá disputar su derecho al disfrute de un poder que ha
    sido el colofón de un sueño dorado. Poder que ha usado de manera
    responsable al frente del ICAIC, logro de Cuba y no de partido alguno.

    Porque precísamente siguiendo el itinerario sereno de nuestra
    cinematografía, a través de su producción resaltan no escasos e
    inolvidables filmes preñados de un agudo y certero sello contestatario.
    El nombre de Tomás Gutiérrez Alea encabeza el catálogo. No otra es la
    faena irrecusable del intelectual honesto en todos los tiempos y en
    todas las latitudes; objetar, diferir, inquietar, cualquier camino a
    tomar, menos el camino de servidumbre.
    (Qué distinto proceder al de tanto cristiano convertido al marxismo
    leninismo después de nuestra derrota en Girón; todo por un plato
    de lentejas.)

    Por no hallar cambios bruscos a la vista, sino el producto del diario
    devenir en imparable progresión, no acepto que nuestro estimado
    revisionista descubriera la realidad cubana al caer accidentalmente de
    caballo alguno en el camino de ninguna Damasquina. Me apoyo en todo esto
    retrotrayéndome nuevamente, a aquella década de los cincuenta, cuando el
    Cuartel Moncada, por esos días la Carta Semanal mensajero oficial del
    Partido Socialista Popular, condenó los hechos por considerarlos
    putchistas, Alfredo Guevara por el contrario se solidarizó con el asalto
    al costo de la pérdida del carnet, y también el de Raúl.

    Sólo catalizando las conductas humanas a la luz de lo infinito seremos
    capaces de alcanzar la exactitud exigible para juzgar a los hombres, si
    de eso se trata. Fueron necesarios los avatares de más de medio siglo
    vivido intensa, violenta, dolorosamente para obtener esa declaración del
    buen socialista (no del buen salvaje) que más o menos reza: o nos
    reformamos o no vale la pena, esto se ha desmoronado.

    He ahí un dedo índice puesto en la llaga, y bien puesto por cierto. Pues
    no se trata de liquidar, suprimir o ilegalizar partido, tendencia o
    movimiento ideológico alguno. No se intenta denigrar, negarle la sal y
    el al que discrepe o le toque perder el desafío. Examinamos
    desapasionadamente un experimento sociopolítico que tocó fondo, y sólo a
    descastados o inseguros de su propia filiación se les ocurre negarle el
    derecho a la existencia.

    Por otra parte y por el momento tampoco se dispone de un proyecto
    competitivo, completo y viable capaz de satisfacer las aspiraciones más
    sanas, urgentes y genuinas. La propuesta del doctor Guevara calza
    argumentos sólidos para esclarecimientos imprescindibles en este jalón
    de recuento. No pudo salir a la palestra pública en ocasión más oportuna
    ni antes ni después.

    Y ahora ¿qué? el mentor del Icaic no está solo, pues se escuchan
    pronunciamientos similares en acto autorizado y recogido por Juventud
    Rebelde, un periódico que desde fecha reciente monitoreamos complacidos
    en portales criollos de la red, y cuyos materiales de juicio certero
    despiertan inquietudes legítimas para cualquier ente antropológico con
    la cabeza grande o chica colocada sobre los hombros robustos o flacos.

    Por contraste la imperiosidad de debat
    ir el socialismo no debía de
    constituir problema alguno si de veras sus corifeos al timón demostraran
    el mínimo de soltura respecto a su devenir en el archipiélago nuestro.
    Porque la enorme carga moral que ahora aplasta a todos, sin excepciones,
    tiene su origen en tan prolongada ofuscación que, al fin, y de una
    manera diáfana y desbordante de honradez intelectual, se ve retada con
    verdades como puños, como puñales o piñazos.

    Por no ir más lejos, en otros términos, y acentuando el segmento
    económico Ernesto Molina a nombre del Instituto Superior de Relaciones
    Internacionales, Luis Morales Yera del Instituto Superior de
    Investigaciones Económicas, y Omar Everleny en el mismo evento que tuvo
    lugar en El Palacio de las Convenciones, La Habana, con diferentes
    matices destacaron cómo las carencias, arrastres y deficiencias de
    oferta y demanda datan de antes del llamado período especial. Con vista
    a ello no corresponde a un servidor arribar a conclusiones demoledoras;
    esa tarea atañe al lector ducho en los problemas del patio.
    II

    Aprovecho para insertar a nuestros sufridos disidentes que bajo toda
    suerte de injusticias cargan iras y cegueras de la gentuza uniformada, o
    de civiles con pata de esbirros que les niegan, tergiversan, o censuran
    un discurso parecido, o al menos coincidente con los anteriores honrados
    militantes socialistas. Léanse y compárense unos y otros textos al
    derecho y al revés, el revés y al derecho, por arriba y por debajo.

    Como tampoco sería suficiente que las voces de la cordura y buena
    sustancia gris nacional se resumieran en un par de representaciones de
    la opinión pública por válidas y meritorias que sean. No por falta de
    coraje que los disidentes han demostrado poseer en escala heróica; sino
    por el relevo de voces y opiniones diversas imprescindibles para reunir
    el pensamiento general de tantos sectores y todo un pueblo en
    ebullición. Es la urgencia de los multiplicadores y secuelas
    multicolores de incontables opiniones valiosas con las que
    –contrastáblemente- hay que contar a la hora de los mameyes.

    Porque para vergüenza de dentro y fuera, la matraquilla oficialista aun
    cala en almas canijas, en los pusilánimes, o mercachifles temerosos de
    perder sus prebendas. Alego lo mismo o casi lo mismo que desde hace
    décadas vienen aduciendo Elizardo, Marta Beatriz o Vladimiro; y personas
    hasta ganadoras de premio Nobel que por razón de temperamento no deseo
    identificar, le restan sistemáticamente calor, o callan; sin que jamás
    se hayan atrevido a debatirlos cara a cara. Pero esta vez su dialéctica
    miserable se les complica en demasía. Esta vez el buen consejo proviene
    de funcionarios ortodoxos que sencillamente se expresan como resultado
    del cuadro patético que tienen en sus narices. Ellos están asentados
    sobre los taburetes chispeantes y humeantes, por eso les duele y no
    desean dejar que el despropósito y la inercia se prolonguen en espacio y
    tiempo.

    No menos interés rezuma el tono del discurso escuchado en El Palacio de
    las Convenciones conforme lo recibimos en el portal Cuba Democracia y
    Vida, no, el mismo no reviste señal visible de arrepentimiento o
    flojera. No recogemos lloriqueos y meas culpas propios de cualquier
    piquete de frustrados ni cambiacasacas; nada cercano transparece el
    reportaje, y bueno que así sea pues – reiteramos – no se camina hacia el
    final de la historia; sino en medio de su devenir, avanzamos en un
    proceso constante, renovador, y vigoroso.

    Por lo tanto para todo correcto parecer no sería aconsejable detectar en
    El Palacio de las Convenciones nada afín a la antes caricaturizada
    especie de conversión al estilo Pablo de Tarso en el camino de Damasco.
    Es conveniente reiterar una permanencia absoluta, prudente y maciza de
    los principios en que cada cubano crea. Lo que fuiste y lo que eres; no
    se debe, no se puede claudicar. En la ardorosa vivencia revolucionaria
    las ideas no son culpables nunca. Huelga mencionar los nombres de los
    capitostes que se ofuscaron amparados en el ideario socialista, o de
    quienes sirviéndose del mismo nos impusieron su poder descalabrante. El
    terror viene de la irracionalidad, incultura y el miedo a la idea
    alterna; nunca de la idea misma. Nadie, excepto pobres de espíritu, se
    desmayan ante un argumento con sustancia; cualquiera ante una bestia con
    grado de coronel de Cubano.

    Todo esto es sobremanera pertinente acentuarlo ahora dado que de esta
    suerte y de la mano pareja con o sin guantes reivindicamos nuestro
    ideario, el democrático profesado por José Martí y Félix Varela.
    Sostenemos que su doctrina no es culpable de las atrocidades y horrores
    perpetrados muy lejos de Cuba y al momento en pleno desarrollo. La
    culpabilidad no se identifica, – aviesamente, – con una idea
    determinada. La culpa la cargan los humanos a nombre de las ideologías
    que sustentan. ¿A cuántos masacró Mario para salvar la República Romana?

    La república democrática no es monopolio de nadie, sino patrimonio de la
    humanidad desde tiempos del gran Pericles, por citar alguno. César fue
    dictador, admitido; pero anunciaba tiempos mejores bajo su gobierno. La
    bajo la ley está vigente en Suecia que lleva mi humilde prosa
    al mundo entero, en Suiza, India, Costa Rica, Polonia, Singapur, Chile y
    por ahí pa’ bajo.

    Para los hombres con los cinco sentidos en funciones normales las
    ideologías prevalecen sobre poderes, portaestandartes e intereses
    trastocados con frecuencia por compromisos y excesos. Cuidar del
    patrimonio doctrinal, el depósito de fe, como diría Bart Erhman, no
    puede ser reprensible bajo condición alguna. El hombre debe creer en
    algo, profesar su quimera, la vida es más plena así y deja cabida a la
    inocencia, la ternura y el amor. Lo contrario equivaldría a cargar
    culpas sobre el tesoro más caro con que la especie nace provista, su
    capacidad de sentir, de disentir, pensar y decidir.

    La mentira mordaz repetida hasta la saciedad desde los años sesenta en
    adelante no consistió en culpar a determinado superpoder por su conducta
    impropia; sino confundir exprofeso el mal comportamiento con la doctrina
    propia del mismo superpoder. La perfidia de aquellas acusaciones
    lanzadas contra compatriotas de temprana disidencia, debe servir de
    ejemplo para no reincidir en actitudes gemelas y a todas luces inadmisibles.

    La gravedad e insania de dicha tergiversación recala ahora sobre un
    puñado de conciencias allende nuestras costas, y que regularmente
    estampan o dejan estampar su firma en todo mamotreto redactado en La
    Habana que satisfaga sus frustraciones, complejo, resentimiento,
    intereses, o pendencias contra terceros. ¡A lavar los trapos sucios en
    su propia casa! porque la represión, censura, discrimen, miseria y
    destierro de millones de cubanos no es precio a pagar para que
    saltimbanques y despistados de oficio se atribuyan una solidaridad no
    encajable. El meollo criollo se cuece en el caldero sobre el fogón del patio

    Los nombres de esos cartularios instrumentales de la mentira mordaz –
    sin desdoro de sus méritos alcanzados en la ciencia, la política, el
    arte y hasta la religión – no es necesario reescribirlos ya que el
    oficialismo habanero los saca a la luz pública con toda la regularidad
    que
    considere conveniente. Me arriesgo a adivinar que algunos ni por
    cortesía se les pide permiso para usar sus firmas.
    A ellos les viene el sayo que sin ambages ponderamos y a la medida
    exacta no requieren el remendón.

    Cúmplenos a Disidente Universal de Puerto Rico propagar esta buena nueva
    del Palacio de Convenciones a todos los vientos que recoja la
    parabólica. En el torrente informativo derrochado sobre la opinión
    pública internacional este aviso de luminosidad y honradez intelectual
    no debe pasar desapercibido, so pena de prolongar el desechable clisé de
    David contra Goliat tan típico de quien simplifica el universo al cursar
    el tercer grado de escuela primaria.

    A la altura de nuestros días parece insólito que observaciones de lógica
    tan rigurosa e incontrastable, no se difuminen de una manera más
    elástica y profusa. Un planteamiento que a nadie ofende y a todos
    clarifica al despedir cordura y madurez por todas sus esquinas, no debía
    capturársele al vuelo para exhibirlo en la biblioteca pública de Bayamón
    casi como trofeo de Grandes Ligas. Sin embargo, tal es la obstrucción
    mental prevaleciente en el mundo moderno a la hora de valorar el coto
    cubano.

    No en balde tan repetidamente hemos sostenido que el aparato
    publicitario oficialista de La Habana no es tan eficiente como lo
    opuesto sus oponentes. Pero en justicia hay que añadir que los laureados
    y rerubricados gonfaroleros de la revolución cubana, no se quedan
    rezagados en dicha carrera, (por algo disfrutan el capitalismo que dicen
    combatir, ¿por qué no se van a vivir a Cuba?).

    Si el replanteo propuesto en El Palacio de las Convenciones alcanzara
    el dominio público en proporciones más estimables, tendríamos
    disponibles mayores y fuertes reparos a la hora de justipreciar toda
    suerte de acontecimientos y coyunturas de manera más justa, o menos
    insulsa, tocante a la oposición pacífica activa desde San Antonio a
    Maisí. No pocas personalidades, instituciones, gobiernos, no serían
    objeto de tan frecuentes manejos para justificar la retranca crujiente y
    demoledora aplicada al pueblo cubano desde décadas y décadas atrás

    He ahí uno de los peligros que acecha la opinión pública mundial en
    grado superlativo en plena era de las comunicaciones. El recuento válido
    sobre el socialismo y su aplicación que son tan obvios como la luz del
    sol, de repente deviene en verdadera revelación profética al estilo
    Jeremías. Me pregunto abismado ¿acaso no comenzó el revisionismo de
    Berstein con la Segunda Internacional? ¿Y el socialismo en general no
    fue debatido en la Tercera, La Cuarta…? Y Bujarin, Kamenev, Sinoviev,
    Sahajarov, Andropov Y El Informe Secreto del camarada Nikita
    Sergueievitch Jruschov al 20 Congreso del PCUS?

    No puede movernos pues a disculpas ante laureados con el Nobel que al
    tratar de Cuba prestan su aval a la incolumenidad de estruendosos huesos
    viejos. Ni tampoco a quienes entre ellos luego de reconocer y denunciar
    la represión contra los periodistas independientes, por ejemplo,
    regresan a La Habana a soportar humillantemente la censura que limita
    sus palabras a la conveniencia oficial.

    Sí las propuestas y observaciones de nuestros apologados socialistas
    deben ser objeto de su debida propagación internacional, y mostrar un
    testimonio de buen peso para lograr avenencias urgentes y
    reencauzamientos de energías, inteligencia y valores en pro del bien
    común. Apuesto mis honorarios del mes a que en tal caso no se
    comprobaría la presencia de tantas eminencias no grises haciendo papel
    de mentecatos.

    De todas maneras en dicho empeño estamos enfrascados y la palabra cejar
    no aparece en mi diccionario. Sepa el doctor Alfredo Guevara y
    distinguidos colegas que acaban de marcar un pilar en los instantes
    cruciales que vive la patria que es de todos. No se desanimen, contra
    viento y marea. Ah, y recado cariñoso para los muchachos de Juventud
    Rebelde.

    http://www.miscelaneasdecuba.net/web/article.asp?artID=7578

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