La libreta del hambre
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    “Yo Quisiera Que el Día Hubiera Llegado Ya Hace Mucho Tiempo”…
    Entrevista a Huber Matos, (Ex) Comandante de la Revolución
    2006-10-31

    Huber Matos, legendario comandante de la revolución. Foto ©: Alexis
    Gainza Solenzal.
    Si hubiera hombres más importantes que otros hombres, Huber Matos
    estaría de seguro entre los primeros. La fama que se ciñe a su nombre,
    el aura que corona su proeza y la gloria que eterniza su obra, le han
    granjeados en vida la estima de la inmensa mayoría de su pueblo. El
    humilde maestro rural, sumado al tren de la revolución maniobrado por
    Fidel Castro, devendría prontamente en uno de sus comandantes más
    respetados. Mas el aprecio con la verticalidad cívica de su
    proceder, tempranamente le costaría dos décadas de siniestro
    encarcelamiento.

    Ni tras los garrotes castristas ni mucho menos en las asperezas del
    destierro, el legendario comandante ha dejado empero un solo día de
    soñar con una Cuba Independiente y Democrática. En mayo último, tuvimos
    el honor de coincidir en Koningstein, Alemania, con el insigne
    compatriota en la Reunión Anual de la Sociedad Internacional de Derechos
    Humanos. En aquella ocasión, Huber Matos accedió bondadosamente a una
    entrevista exclusiva a Misceláneas de Cuba, la cual ahora ponemos a
    disposición de nuestros lectores:

    Alexis Gainza Solenzal (AGS): Estamos conversando con el Comandante
    Huber Matos, en Alemania, donde él ha estado presente en la Reunión
    Anual de la Sociedad Internacional de . Queremos hacerle
    algunas preguntas al Comandante. La primera tiene que ver con el libro
    que Ud. acaba de editar, Cómo llegó la noche. ¿Ud. nos podría hablar
    sobre la resonancia que ese libro ha tenido actualmente?

    Huber Matos (HM): Creo que el libro ha tenido éxito. Es un relato
    pormenorizado de mi experiencia en el proceso revolucionario cubano,
    llamado revolucionario, habría que ponerle comillas porque ha terminado
    en algo terrible. Creo que la importancia del libro es la de poner en
    transparencia la traición de Fidel Castro, porque la revolución cubana
    no se hizo para establecer un sistema totalitario, para esclavizar al
    pueblo, para frustrar a los cubanos y cometer tantos crímenes y tantas
    atrocidades como las que se cometen hasta el día de hoy, en las
    prisiones y en la calle. En fin, no se hizo para esclavizar al pueblo
    sino para liberarlo de la dictadura de Fulgencio Batista que había
    surgido como consecuencia del Golpe de Estado del 10 de marzo de 1952.
    Los hechos, después de la toma del poder, la revolución lo que ha hecho
    es negar su propio programa: de reivindicar al pueblo, de reestablecer
    un sistema democrático, realizar reformas sociales, económicas, etc. que
    trascendieran como realización plena de nuestra república.

    La república de Cuba surgió en 1902, después de una lucha emancipadora
    de nuestros libertadores, que los llamamos mambíses, que durante dos
    guerras lucharon muy duro y muy recio por salir de la colonia e
    instaurar un sistema donde la soberanía del pueblo cubano fuese la
    rectora, la irreversible de esa nueva nación, la república de Cuba.
    Cuando estaban triunfando los mambíses, los libertadores, a finales del
    siglo XIX, intervino, aparentemente para evitar más
    atropellos del ejército colonial español, para ayudar al pueblo cubano a
    liberarse pero nos impusieron una llamada Enmienda Platt que era
    limitante a nuestra soberanía. Y además se frustró el empeño de los
    libertadores cubanos, porque la república apareció como un regalo de
    Estados Unidos. Y no es cierto eso, no.

    Las nuevas generaciones a partir de 1902 trataron de completar la
    república en sus instituciones en la realización del ideal de soberanía
    de nuestro pueblo y eso ya se alcanzó plenamente en la Constitución de
    1940, que dotó al país de una Carta Magna, de una carta constitucional
    donde estaban establecidos no sólo los derechos fundamentales ciudadanos
    en cualquier parte del mundo, sino que es una constitución que
    contemplaba muchas cosas del progreso social, económico y cultural.

    Todo esto el General Batista, con su golpe de estado del 10 de marzo de
    1952, alteró la vida del país y entonces es que se inicia el proceso
    este de la insurrección. No enseguida, no inmediatamente, pero sí de
    conmoción del pueblo, y de reclamo de sus derechos y soberanía.

    Cuando triunfamos en 1959, el primer compromiso es restablecer la
    constitución, darle plena vigencia al sistema democrático, realizar unas
    cuantas reformas sociales y económicas, que iban a completar la
    república. Hasta el punto que los revolucionarios luchaban con todo el
    entusiasmo y con todo el fervor convencidos de que ese era el compromiso
    único y formal del proceso revolucionario.

    Fidel Castro, cuando llegó al poder, pues hizo en los primeros tiempos,
    en las primeras semanas, toda una clase de promesas de cumplimiento del
    programa de la revolución. Juró y otra vez juró que la revolución iba a
    ser algo formidable en materia de derechos, en avances sociales,
    económicos, culturales, pero todo dentro del sistema democrático
    pluripartidista. Al cabo de ciertos meses, lo que hizo fue todo lo
    contrario.

    AGS: Hay un historiador Drapper, se llama él, quien ha escrito un libro
    con el título, si mal no recuerdo, Historia de la Revolución Cubana.
    Mitos y realidades*, donde él explica que el arresto de vuestra persona,
    de Huber Matos, por parte de Fidel Castro marcó el punto de viraje de la
    Revolución Cubana y de su prestigio a nivel internacional. ¿Qué Ud.
    puede decir al respecto?

    HM: Yo no sé la trascendencia que tuvo mi renuncia y mi arresto, porque
    el arresto ocurrió después de esto. Lo que sí sé es que en el aquel
    momento ya yo estaba convencido cuando presenté mi renuncia,
    independientemente de las consecuencias que vinieran. Es decir, como
    respuesta de Fidel a esa renuncia: si me fusilaba, si me dejaba ir para
    la casa, si me permitía regresar a mi trabajo como profesor –era en
    realidad lo que yo pretendía en aquel momento; tenía un compromiso de
    volver a la cátedra- independientemente de todo eso, la renuncia mía sí
    es un esfuerzo desesperado por evitar que ocurriera la catástrofe que ha
    ocurrido, de una forma de despertar, tratar de concienciar con un
    llamado casi desesperado al pueblo cubano de que lo que tenemos es una
    cosa monstruosa aquí sobre nuestra nación.

    Y al mismo tiempo una remota esperanza de que mi renuncia hiciera
    recapacitar a Fidel y desistiera de sus planes. Como yo era uno de los
    líderes, del grupo de los principales líderes del proceso en razón de mi
    desempeño en la lucha insurreccional y de las responsabilidades que
    tenía. Nosotros éramos 5 comandantes principales: Fidel, Raúl, Che,
    Camilo y yo. Aunque no había ninguna entidad formal, o digamos
    establecidas por la ley, de que había un cuerpo que dirigía el proceso,
    pero éramos cinco líderes, y yo me sentí obligado a no permitir que se
    siguiera desviando el proceso y que se le estuviese dando participación
    en las filas armadas y en los propios núcleos del Gobierno elementos
    comunistas que indudablemente iban hacia el establecimiento de un
    sistema totalitario.

    Esto se hizo principalmente por parte de Raúl y de
    Guevara aunque Fidel
    lo permitía. De eso me di cuenta yo. Así que como estaba adentro, dije:
    “No, yo no puedo ser corresponsable, partícipe de esta cosa”. Estaba
    conciente de que mi renuncia podía llevarme al paredón, porque Fidel es
    un tipo vengativo, implacable y entonces no le conocía como le conozco
    hoy: sucio, cobarde, miserable. En todos sus hechos, porque eso lo
    demuestra no sólo en el caso de Huber Matos sino en muchísimos casos:
    los crímenes que ha cometido y los fusilamientos y las atrocidades que
    ha cometido con gentes que fueron compañeros de él también y que no
    cometieron ningún delito. Se ha cansado de eliminar en golpes sucios, no
    solo en el paredón, sino en golpes sucios: asesinatos simulados bajo la
    apariencia de accidentes automovilísticos de unos cuantos de los
    personajes del proceso revolucionario y a gente que le estorbaba.

    Así que concluyendo mi respuesta a esta pregunta: por lo menos en el
    caso mío, definí la posición; yo no sirvo para traicionar a mi pueblo,
    para traicionar a los revolucionarios, conmigo no se puede contar para
    ninguna cosa sucia, para ninguna atrocidad, que imaginé que vendría a la
    postre en algo terrible para la nación. Ahí lo tenemos: el país
    destruido en su economía, los esquemas de conducta de la población, el
    pueblo cubano está acostumbrado a vivir en el miedo, en el doble
    rostros, muchas, miles y miles de mujeres cubanas se han prostituido
    porque la sociedad ha sido tan constreñida, tan terrible que las ha
    llevado a eso como medio de resolver el problema económico para subsistir.

    Además, la familia cubana ha sido golpeada tremendamente: 2 millones de
    nuestro pueblo, de nuestra gente, y no somos un pueblo de tantos
    millones, andan por ahí regado. Por fortuna, han conservado lo mejor de
    nuestra costumbre, de nuestra moral, de nuestras tradiciones. Dentro del
    país ha habido muchas, muchas y las hay muchas vicisitudes que se
    repiten en dimensiones de multiplicación inimaginable, tragedias y
    tragedias de toda clase: económicas, culturales, éticas… En fin, la
    familia cubana ha sido triturada, en términos generales triturada, y sin
    saber cómo se saldrá de esta tragedia, tremenda angustia.

    Entre las consecuencias catastróficas del daño hecho por Fidel está el
    de miles y miles de personas que se han ahogado, que han sido triturada
    por los tiburones en el Estrecho de la Florida y en otros mares que
    rodean a Cuba. Esto es parte importante de la tragedia, pero la cuota
    del paredón ha sido terrible. Ahora, quizás lo más dañino de todo, más
    allá de esas muchas muertes sea el efecto traumatizante para la
    población, traumatizante en lo que concierne a la ética del pueblo.

    Antes éramos un pueblo que se sentía orgulloso de ser sincero, de ser
    gente honesta, trabajadora, con las virtudes y quizás con los defectos
    de otros pueblos, pero con mucho sentimiento patriótico, con mucho
    compromiso de acabar de moldear la república que imaginaron los
    mambíses, los libertadores, que se alzaron contra España. Y ahora pues
    Ud. encuentra un cubano que, salvo excepciones, un cubano acostumbrado a
    mentir y hacer de lo que haya que hacer para sobrevivir.

    Alexis Gainza Solenzal, Director de Misceláneas de Cuba, y Huber Matos,
    (ex) Comandante de la Revolución. Foto: César Alarcón.

    AGS: Huber Matos, yo tuve la oportunidad de presenciar un seminario
    donde usted estuvo presente en el año 2003. Creo que fue, el 26 de julio
    precisamente en la de Miami donde unos de los panelistas, no
    recuerdo ahora su nombre**, pero fue uno de los asaltantes al cuartel de
    Bayamo, en aquella ocasión declaró que él había consideraba un error el
    hecho de que en aquel momento se hubiera utilizado la para
    echar a andar lo que se llamó más tarde el carro de la revolución. De su
    parte, usted dijo que lo único que le había pesado era haber ayudado a
    un bribón a llegar al poder. ¿Cree que realmente pudo haber una salida
    pacífica al dictador Batista?

    HM. No, yo creo que no. El asalto al Moncada y el asalto al cuartel de
    Bayamo fueron acciones revolucionarias que estaban justificadas porque
    se habían hecho gestiones y más gestiones y esa serie de iniciativas no
    cuajaban. Batista no sólo con su golpe de estado en marzo de 1952 sino
    con la intransigencia después, sin propiciar soluciones de una forma u
    otra o de las dos formas, condujeron a esta situación que fue
    aprovechada por Fidel Castro para su plan personal, porque Castro ni es
    marxista ni nada de lo que dice ser, todo eso es una gran mentira.

    En conclusión, el asalto al Moncada creo que estuvo justificado; fue una
    acción de las que hacen los pueblos en su desesperación para tratar de
    hacer valer sus derechos. Martí nos enseñó que la guerra es justa cuando
    es necesaria. Eso es una definición de José Martí. Nosotros los cubanos
    en general, por lo menos los de mi generación, estamos muy influidos,
    diríamos muy convencidos, de que casi todo lo que Martí definió, como
    derecho, como razón ética para actuar en reclamo de la soberanía del
    pueblo, tiene plena justificación.

    Lo que es censurable y lo que no tiene manera de justificarse alguna, es
    lo que hizo Fidel Castro, la monstruosidad que ha hecho: de conducir una
    revolución, convencer al pueblo de que esa revolución tiene fines,
    objetivos muy específicos de reestablecer la democracia, de acabar de
    fundar la república o de completar la república con ciertos toques de
    legislación moderna, justicia social, de desarrollo cultural, desvirtuar
    todo esto e imponer un régimen totalitario que es una aberración
    completa para cualquier país, es una ofensa grande a la humanidad en
    todos estos tiempos.

    Así que la lucha armada creo que está justificada cuando no hay otra
    vía. En el caso cubano hay que razonar. Me refiero a la lucha armada
    situándonos en términos de las décadas del cincuenta y pico, es decir a
    mitad del siglo veinte. Yo creo que hoy en día si se puede tratar de
    resolver o alcanzar soluciones al problema cubano y de otros sin
    necesidad de violencia. Yo estaría de acuerdo completamente. Cualquier
    cosa es preferible antes de entrar en la violencia, pero considero que
    la violencia es un recurso desesperado que le queda a los pueblos cuando
    otras vías para ejercer sus derechos están cerradas.

    AGS: Veintidós años de cárcel. Hoy estaba conversando con nosotros
    durante el desayuno y decía, entre otras cosas, sobre estos residuos que
    le quedan a usted de conducta por los años de prisión. ¿Podría hacer un
    resumen de sus vivencias de la cárcel?

    HM. Bueno en primer lugar quiero aclarar que son veinte años. Por ahí,
    en la convocatoria aparecen veintidós años; en más de un lugar se habla
    de 22 años, pero eso es un error, son veinte años. Veinte años que valen
    por unos cuantos.

    AGS: ¿Cómo influyeron en su conducta humana, en sus percepciones de la vida?

    HM: El ser humano cuando tiene formación ética, cuando tiene principios
    es algo tan recio como la fortaleza más sólida que se haya podido
    construir por la especia humana, para repetir lo de humana. En los
    primeros días de estar yo arrestado tuve la mala suerte de, a pesar de
    toda la incomunicación que me trataban de imponer, donde mi primer
    calabozo fue una vent
    ana en las paredes muy gruesas del castillo del
    Moro -una ventana la convirtieron en calabozo y allí estaba metido yo,
    después de dos o tres días en el Estado Mayor de las Fuerzas Armadas-
    allí tuve la mala suerte de que unos presos políticos que estaban en
    otro lugar, no contra el régimen sino presos políticos de tiempos
    anteriores, a los que le atribuían algunas causas en fin sucias, me
    pasaron un radiecito de pilas.

    Con ese radiecito de baterías yo oía algunas cosas. Lo que oía era
    siempre la catarata de insultos y acusaciones falsas de Fidel Castro y
    sus voceros contra mí. Así que cuando iba a buscar noticias me
    encontraba con que no faltaban, en los quince minutos esos decían: “El
    traidor Huber Matos.” Era una campaña de toda la nación y todos los
    medios. Los medios ya estaban en el poder de Fidel Castro de una forma o
    de otra, o al menos los tenía controlados. Así que iba a buscar noticias
    o música para alegrarme y me encontraba con esto: el traidor Huber Matos
    que hay que llevarlo al paredón por esto, su traición y por muchísimas
    cosas.b Fidel es un personaje casi pudiéramos decir entre comillas
    “maravilloso” inventando suciedades, porquerías y cobardías. Me vistió
    con los adjetivos más terribles.

    Yo pues cada vez que oía aquella catarata de insultos pensaba nosotros
    éramos seis millones y piquito de cubanos. A mi me conocen en los años
    que he trabajado como profesor como dirigente magisterial, yo era
    dirigente magisterial, uno de los principales a nivel nacional. Era
    vicedecano del Colegio Nacional de Maestros y había durante muchos años
    ejercido la profesión formando maestros. Yo decía: “De los seis millones
    de cubanos me conocerán directamente tal vez trescientos mil hasta medio
    millón de personas en todo el país, me conocen, saben quien yo soy, de
    una manera u otra aunque no me hayan tratado, saben que yo soy un hombre
    honesto, un profesor que ha dedicado lo mejor de su vida a formar
    maestros y a ayudar muchachos en distintos niveles, en el campo también
    fui maestro rural. El resto de la gente y en el extranjero, porque la
    propaganda era para Cuba y el extranjero, dirán que tipo más
    despreciable verdad que merece paredón.”

    En resumen, llegó un momento en que pensé la muerte física hubiese sido
    un sufrimiento o una pena menor que esta cosa terrible, de que lo
    destruyan a uno de esa manera a base de repetir y repetir: “Este es un
    miserable, un tipo despreciable que ha traicionado al pueblo.” Pero en
    esos mismos momentos descubrí, la conciencia me dice tienes que ser
    fuerte, tan fuerte o más fuerte que las adversidades que te acosan.

    Yo aprendí desde niño por mi padre y mi madre. Mis padres fueron mis
    maestros, parte del magisterio que me formó a mí, otros muchos maestros
    buenos tuve. Mis padres me decían: “Uno tiene que ser fuerte por
    dentro.” Cuando tenía tres años yo no entendí eso. Cuando tenía cinco me
    repetían: “Uno tú tienes que ser fuerte por dentro.” Mi madre me educó
    también en ese espíritu, ese sentido que uno no se puede dejar derrocar.
    Por supuesto soy un hombre que cree en dios, yo siempre he creído en dios.

    Pero la fortaleza mayor que yo encontré no la encontré en la fe en dios.
    Lo digo con sinceridad, sino en esa estructura ética que me formaron mis
    padres, eso de que uno tiene que ser recio por dentro: “Usted no se
    puede dejar derrotar, ni ablandar, ni amedrentar por esto y por lo
    otro.” Entonces dije por menos voy a vivir hasta el juicio, hasta el
    Consejo de Guerra que se que me van a hacer y allí voy a decir todas mis
    verdades. Sé que me van a fusilar pero ya he defendido mi honra.

    Yo he relatado, lo hago en mi libro que Fidel Castro cuando habían
    pasado un poquito más de 48 horas y yo estaba en el Estado Mayor mandó a
    ofrecerme la oferta de que si yo aceptaba todo lo que habían dicho de mi
    y no trataba de ofenderle pues que no había juicio, ni había
    fusilamiento, que me podía ir para mi casa, tranquilamente. Es decir
    después que me ataca con toda clases de calumnias y me pinta como el más
    miserable de los cubanos entonces me manda a decir que si yo acepto todo
    eso pues no me fusila.

    Yo le contesté, a los dos emisarios que mandó: “Dígale a Fidel que
    después de todo el montón de inmundicias que ha dicho de mi de
    barbaridades y calumnias me tiene que fusilar no una sino mil veces, a
    mi me interesa más la honra que la vida.” De esa manera despaché toda
    posibilidad. Así que fui al juicio convencido de que me iban a fusilar,
    pero seguro de que en el juicio aunque fuera a la cañona porque lo hice
    así, me paré cuando dijeron: “¿Jura decir verdad?” Ellos creían que ya
    cuatro o cinco palabritas y está bien, para el banquillo de los
    acusados. No, estuve tres horas y pico en rebeldía hablando, hablando y
    hablando.

    Cuando terminé de hablar dio la casualidad que los miles que estaban
    allí -no fue un juicio sino un Consejo de Guerra en un campamento
    militar, la flor y nata de las fuerzas armadas cubanas, que la llevaron
    ellos allí, más de mil oficiales, para que pidieran paredón, para que
    corearan que era lo que se usaba entonces en un caso de estos
    generalmente para los esbirros y para los inculpados de traición de
    otras cosas, bueno el primero inculpado de traición que fue a juicio fui
    yo en aquella etapa a los diez meses, once meses del proceso de
    revolución, aquella gente que llevaron, los mil oficiales, para que
    corearan ¡Paredón! ¡Paredón! ¡Paredón!- cuando yo terminé mi declaración
    casi todos de pie me aplaudieron y eso le torció el plan a los Castro,
    que estaban por allí escondidos, yo no los vi, pero sé que estaban por
    allí, me informaron, con la idea de que el juicio iba a ser un solo día.

    Entonces se les vira la torta y alargaron el juicio cinco días. ¿Por qué
    no me fusilaron? Esa es una razón. Hay otra razón más pero esa fue
    importante y trascendente. Se dieron cuenta de que si fusilamos a este
    hombre toda esta gente que se ha hecho solidaria con él va después a
    pasar la cuenta tal vez y ocurrió que ese día no, sino el día de mi
    arresto, unas semanas antes, un hecho que lamentaré toda la vida. Dos
    compañeros que estaban bajos mis órdenes en Camaguey y que no fueron
    arrestados y los llevaron porque para simular una conspiración se
    arrestaron, Fidel arrestó como a veinte oficiales.

    Porque una conspiración de una sola persona no se concibe. Pero había
    oficiales que no estaban allí en ese momento y no fueron arrestados.
    Dos, uno de ellos capitán el otro era un sargento jefe de un cuartel que
    se sintieron abrumados por aquello, indignados por la acusación que me
    habían hecho y su protesta fue algo tan excepcional y para mi doloroso
    pero al mismo tiempo algo que me ayudó a salvarme que se suicidaron en
    protesta por el arresto y no sólo por esto, sino por las actas de
    acusaciones que hizo Fidel de mi caso. Decepcionados dijeron: “Esta es
    la revolución por la que hemos luchado. Gente que luchó y sublevada y
    que vieron caer a sus compañeros. ” Aun lo acusan de traidor, gente que
    me ha visto trabajar de cerca y que saben que yo con entusiasmo
    dedicando horas y horas, de las 24 horas del día había casi veinte horas
    que nosotros en la provincia de Camagüey, no solo yo, sino la
    oficialidad, la dedicaba a echar adelante los planes de la revolución,
    la reforma
    agraria, un montón de cosas positivas para el pueblo de Cuba.

    Eso también contribuyó: los dos suicidios, el mismo día de mi arresto y
    el aplauso de aquella oficialidad en el Consejo de Guerra le hizo ver
    que no les convenía fusilarme. ¿Por qué me aplauden? Yo digo: bueno me
    van a fusilar, pero me van a fusilar por defender esta revolución, por
    defender a mi patria, yo no quiero lo que veo venir, lo que veo venir
    sin imaginar que fuera tan catastrófico era esto, el país ensordecido
    por otra dictadura, por otra dictadura con gente incluso de la propia
    revolucionaria que iban a reclamar por esto no luchamos. Vi la tragedia
    y dije allí: “Yo no quiero que mi país vuelva a ser víctima de otra
    dictadura, yo defiendo esto, la revolución la hicimos para restablecer
    el estado de derecho, para realizar reformas sociales en beneficio del
    pueblo cubano, no para esclavizar al pueblo y si por defender esa
    revolución me quieren llevar al paredón bendita sea mi muerte”. Creo que
    así terminé.

    AGS: Una última pregunta. Empezamos hablando de su libro Cómo llegó la
    noche. ¿Cómo reaccionaría a la frase Cuando llegue el día?

    HM: Yo quisiera que el día hubiera llegado ya hace mucho tiempo, porque
    nos habríamos ahorrado mucho luto, mucho sufrimiento, mucha angustia,
    muchas calamidades para nuestro pueblo. Y porque nos habríamos ahorrado
    lo que viene después todavía porque cuando concluya noche tenebrosa y
    empiece a reestablecerse el estado de derecho en Cuba, es decir un
    sistema democrático en la nación cubana va a haber todavía muchas cosas
    que como herencia dejen todo esto que llaman la revolución.

    Por ejemplo el doble rostro, la gente que nació y creció acostumbrada a
    vivir con doble moral. La gente que toda su vida ha estado bajo un
    sistema de miedo, bajo un sistema de corrupción pues hay gente que se
    han salvado porque salieron al extranjero o porque su familia dentro de
    Cuba han mantenido los patrones éticos tradicionales de la familia
    cubana, pero el noventa y tanto por ciento de la población se ha
    acostumbrado a vivir con miedo, a disimular, a mentir y a corromperse.

    Usted ve las multitudes esas que Fidel reúne todavía a cuarenta y tantos
    años de dictadura, reúne multitudes tremendas. Esas multitudes van ahí
    por el miedo, la cohesión o porque les da lo mismo una cosa que la otra
    y dicen: “Bueno, Fidel Castro es un tipo que hace lo que le da la gana,
    humilla al pueblo, vivimos con hambre, vivimos no solo con miseria
    económica sino moral, vivimos degradados, este hombre nos humilla pero
    vamos allá.” Y les da un trago de ron y están en la fiesta como si fuera
    un carnaval y eso porque Castro los ha educado, los ha obligado.

    La gente nace en un lugar donde dicen aquí no importa lo que tú pienses,
    lo que tú quieras, aquí lo que importa es que hay que ser comediante y
    payaso y vender el alma porque sino la pobre gente no puede estudiar, se
    quedan analfabetos, le quitan la libreta de racionamiento, los
    persiguen, los mandan a la cárcel, los llevan al paredón o tienen que
    irse. Eso es otra cosa que ha creado Fidel Castro la cuestión de la
    angustia tremenda de la gente.

    El cubano antes no emigraba ahora el cubano se tira desesperadamente al
    mar en cualquier cosa. Si permitieran la salida de Cuba la isla se
    quedaba prácticamente despoblada con los individuos esos que no quieren
    perder la cosita que queda, si le queda un pedacito de tierra, una
    casita o algo. O el que ya está tan acostumbrado a vivir en esa mazmorra
    que es Cuba entera, pues dice bueno que más me da. La población cubana
    vive en una angustia permanente y hasta creciente. Todo eso es parte de
    nuestra tragedia.

    AGS: Muchas gracias, Huber Matos.

    * Theodor Drapper Castro’s revolution. Miths ande Realities. 1962.

    ** Orlando Castro, asaltante del Cuartel de Bayamo.

    (Introducción: Alexis Gainza Solenzal. Trascripción: Pedro Álvarez Peña.).

    http://www.miscelaneasdecuba.net/web/article.asp?artID=7565

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