La libreta del hambre
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    Sociedad
    Navidades sin rebajas

    Abolida ayer y vendida hoy, la festividad cristiana aporta al PIB
    socialista.

    Federico Fornés, Ciudad de La Habana

    miércoles 20 de diciembre de 2006 6:00:00

    Bajo la mirada de un Fidel Castro inquisitorio, pegado en el cristal, la
    tendera vende artículos navideños: bolas, rabos, guirnaldas, bibelots.
    “La gente se los lleva, es lo más barato”, dice detrás de un mostrador
    improvisado a la salida de la tienda. Los Santa Claus, de diverso
    tamaño, se amontonan. Resultan más caros.

    Si buscan señales de la Navidad en Cuba, lo mejor es dirigir la mirada
    hacia los comercios y establecimientos del Estado, el mismo que la
    prohibió en 1970 y luego la “rehabilitó” en 1998, en una parábola que
    describe los excesos del dogma y el oportunismo del mercado.

    “No tenemos derecho a la educación religiosa, ni a prensa, ni a
    programas sociales de envergadura, pero el Estado nos vende arbolitos de
    Navidad”.

    La queja es de Juan Martín, un funcionario de la Iglesia Católica
    cubana. “Hubiera querido que mis hijos se educaran en escuelas
    religiosas o que simplemente permanecieran dentro de la familia y sus
    valores. Uno se fue y el otro es ateo”, narra con pesadumbre.

    Agarradas a la tradición, muchas familias cubanas se resienten de los
    vaivenes de la política. Otras observan simplemente cambios.

    “Es dialéctica, amigo mío”, refuta uno de los clientes. Se lleva un
    arbolito por 25 convertibles, equivalentes a 650 pesos, poco más de dos
    veces el salario promedio en la Isla.

    “No creo en ninguna religión, pero mi hija me insistió en comprarlo para
    adornar la casa. Ella consiguió el dinero. Me parece más una tradición
    que una religión”, explica.

    Sincretismo y comercio

    La religiosidad en Cuba es un turbión de corrientes, credos e
    interinfluencias venidas del África animista y la España católica, sus
    aportadores principales. Esta amalgama evita en muchos la ortodoxia y
    facilita las ambigüedades espirituales.

    “Existe una religiosidad privada en la que el individuo conforma su
    sistema a partir de la integración de componentes de diversos complejos
    religiosos”, opina el especialista René Cárdenas.

    Integrante del Departamento de Estudios Sociorreligiosos del Centro de
    Investigaciones Psicológicas y Sociológicas, el experto admite que
    resultaría “imposible desconocer que en la conformación de la
    religiosidad más extendida” existe una importante presencia de símbolos
    y referentes católicos.

    Sin embargo, Cárdenas da cabida a otros sistemas religiosos. Se cuentan
    el espiritismo y animismo africanos, creencias y prácticas paganas
    europeas y canarias, entre otros, los que “han llegado a conformar un
    producto nuevo, diverso, que (…) no puede reducirse en exclusiva a uno u
    otro de sus elementos fundantes sin afectar el resultado mismo”.

    Tampoco la mixtura ha faltado en los espacios comerciales estatales.
    Ornamentos navideños cohabitan en puertas y escaparates junto a posters
    de Fidel Castro alusivos al aniversario 48 de la revolución. La empresa
    CIMEX, uno de los pilares de la economía en moneda dura, los hizo
    estampar por miles.

    “No me explico cómo lo permiten. Hace unos años, MachadoVentura prohibió
    todo este tipo de cosas navideñas en las vidrieras. Imagínese que yo me
    llevé las bolas para el arbolito de mi casa”, recuerda una dependiente a
    la salida del centro comercial por departamentos Carlos III.

    Se trata más de una estética de fin de año que de una espiritualidad
    combinatoria de símbolos religiosos y políticos.

    Quita y pon navideño

    El mensaje ya no sonroja a nadie: Castro llevó el quita y pon navideño
    en una agenda de notas discordantes, pero convenientes, que únicamente
    él, con su “carisma”, ha podido hacerle tragar a los cubanos.

    La esgrima entre la revolución y la Iglesia Católica comenzó desde el
    mismo 1959. El clero, en línea con la oligarquía desplazada pero también
    representando a cubanos de otros sectores, lanzó rápidamente sus
    primeros sablazos contra el nuevo régimen. Los privilegios de clase
    habían quedado dañados o abolidos.

    El contragolpe no tardó. Fidel Castro hizo reembarcar a los curas
    falangistas de vuelta a la madre patria, cerró algunas iglesias, pero
    respetó la tradición navideña. Es más, hasta 1969 incluyó en la cartilla
    de racionamiento una canasta que ahora se recuerda con nostalgia.

    Nueces, turrones españoles y vinos búlgaros, uvas de no se sabe dónde,
    mermeladas, membrillo, vita nouva, queso y enlatados con jamón, entre
    otros, eran esperados con ansiedad por los agradecidos cubanos de los
    sesenta.

    El timonazo vino en el año 1970. Entonces Cuba, en maridaje cerrado con
    los soviéticos, afianzaba la educación ateísta y los creyentes, de
    cualquier confesión, eran mal vistos y relegados. Otros, como los
    santeros o paleros, podían terminar en la cárcel.

    Las requisitorias planillas laborales tenían casillas para marcar el
    tipo de religión o creencia del solicitante. La inmensa mayoría callaba
    y se declaraba atea.

    La cosecha de azúcar, planificada para diez millones de toneladas,
    movilizó a centenares de miles de ciudadanos como cortadores de caña.
    Castro, maestro de oportunidades, explicó que el regreso navideño de
    tales fuerzas comprometía la meta en el momento de mejor rendimiento.

    La meta fue imposible de cumplir, el país se traumatizó y las navidades
    no volvieron. Fueron disimuladas por las fiestas de fin de año. Hacia el
    interior de las familias cubanas la tradición cayó en desgracia.

    Veintiocho años después, con la visita papal, resultaron restituidas
    como regalo a Juan Pablo II. Desde entonces el 25 de diciembre es
    feriado en la Isla. Pero llegar al feriado navideño fue parte de una
    evolución del sistema cubano, obligada más por las circunstancias
    externas que por la madurez de una visión política.

    Más de lo mismo

    El colapso del llamado socialismo real en Europa y la Unión Soviética
    implicó una reforma indeseada de algunos presupuestos intocables y el
    Partido Comunista admitió en sus filas a creyentes, en un intento por
    ampliar sus bases en momentos de deserciones, renuncias y fuertes
    cuestionamientos.

    La pluralidad religiosa cobró explosividad en los años noventa y hasta
    hubo lugar para una comunidad musulmana. Los turistas metían sus narices
    en los toques de santería y en su plan maestro de la Habana Vieja, el
    historiador de la ciudad, Eusebio Leal, concibió templos para las
    religiones monoteístas en el afán de tener una capital ecuménica. Sus
    detractores hablan de parque temático.

    Las navidades de este año son más de lo mismo: la libra de carne porcina
    se mantiene por encima de los veinte pesos, los plátanos para freír
    cuestan más de dos pesos y los frijoles negros, si se encuentran a cinco
    pesos, es porque se está en manos de la suerte.

    “De qué navidades hablan, si no hay siquiera rebajas”, se queja una
    anciana a la salida de un comercio habanero.

    Lo diferente es que el líder Fidel Castro continúa sin dar fe de vida y
    sólo Chávez habla por él. Pocos saben la mala noticia del diario
    británico The Independent, el cual afirma que el gobernante no
    sobrepasará las navidades. Especulaciones aparte, muchos no querrán
    darse por enterados. Por esta vez, dicen, bienvenida la censura.

    Dirección UR
    L:
    http://www.cubaencuentro.com/es/encuentro-en-la-red/cuba/articulos/navidades-sin-rebajas

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