La libreta del hambre
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    SOCIEDAD
    El cubano, un paria en su tierra

    Héctor Ramón Forés Sánchez

    HOLGUÍN, junio (www.cubanet.org) – La palabra paria está prácticamente
    en desuso. Vivimos en el siglo XXI, y las naciones democráticas han
    creado un verdadero estado de derecho, que es la garantía jurídica del
    ciudadano ante el estado. Pero eso no sucede en Cuba.

    Un paria es aquel a quien no se le reconoce los mismos derechos que a
    los demás, por lo que podemos presumir que es un desdichado.

    Gerardo Laffita Suárez, un amigo que se acerca a los 60 años, es un
    hombre cabal y amante de su familia, muy conocido por su tesón y
    capacidad de trabajo, nacido y criado en Antilla, en el norte oriental
    de Cuba.

    Como Antilla no posee muchas fuentes de empleo, empleo, Laffita Suárez
    se vio obligado a moverse hasta Güira de Melena, en La Habana, a
    trabajar con campesinos particulares en la siembra y recogida de
    productos del agro, a más de 700 kilómetros de distancia de Antilla. Mi
    amigo fue detenido el 27 de abril de 2007.

    A pesar de que portaba un documento llamado transitorio, fue encerrado
    tres días en un calabozo junto a 30 cubanos más, por el mismo "delito".
    El 1ro de mayo, Día de los Trabajadores, Laffita, junto a 60 cubanos,
    fue subido a un vagón y trasladado a su provincia de origen.

    Dice mi amigo que el vagón se utiliza exclusivamente para transporta a
    los "deportados", custodiado por seis policías, y que como alimento les
    dieron un pan viejo de 60 gramos, conocidos eufemísticamente como
    jamonada (de jamón nada). Y no le permitieron bajar ni tomar .

    La historia de mi amigo ilustra la realidad: el cubano no puede vivir
    donde desee, en su propia tierra. Es sólo un caso de abuso de los miles
    que a diario se cometen. El arsenal de violaciones que poseen los
    agentes policiales es inabarcable. Todo está diseñado para infundir miedo.

    Un cubano no tiene acceso a hoteles, playas o centros recreativos, y
    está sometido a que lo deporten si permanece en la capital de la
    república que, hasta donde se sabe, no ha sido trasladada a Marte o Plutón.

    Y basta con que a uno de los tantos policías le parezca que usted está
    en negocios ilícitos (en Cuba las autoridades no necesitan probar el
    delito, pero el ciudadano sí tiene que demostrar su inocencia) para ser
    procesado.

    Se persigue, multa y encarcela al cubano que compre pescado, camarones,
    o lo que sea, fuera de la cuota de racionamiento. Puede ser detenido sin
    previa orden de cateo porque lleva una jaba, sólo porque la agilidad
    mental de un agente o inspector, deduce que hay algo ilícito dentro de
    ella, aunque sea una caja de fósforos.

    Ni en las tiendas recaudadoras de divisas, las famosas shopping, escapa
    el cubano a su condición de paria. Hace un tiempo, José Navarro Iser,
    exiliado político de visita en Cuba, ante los reclamos de la dependienta
    de una tienda, en el sentido de que tenía prioridad para la compra y
    pago de unos artículos que pidió, se negó a disfrutar del privilegio, y
    le manifestó a la muchacha que él tenía el mismo deber que los cubanos
    que esperaban en la gran cola, que no quería ningún privilegio.

    Son interminables los ejemplos de humillaciones a las cuales el régimen
    somete a la población. Hay cubanos, muchos, que denuncian estos hechos
    no importa el precio que haya que pagar.

    http://www.cubanet.org/CNews/y07/jun07/07a5.htm

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