La libreta del hambre
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    SOCIEDAD
    En la cocina de Anita Snow

    Luis Cino

    LA HABANA, Cuba – Julio (www.cubanet.org) – Me preocupa la de
    Anita Snow. La corresponsal en La Habana de la agencia Associated Press
    lleva a cabo un experimento singular para un norteamericano: alimentarse
    durante un mes con lo mismo que comen los cubanos de la isla. Eso
    equivale a decir (en el caso de los cubanos de a pie, que son la inmensa
    mayoría): comer poco y mal.

    Me enteré del experimento de la por su crónica para AP desde
    La Habana del día 6 de junio: A month on Cuban rations spurs memories.

    Anita Snow no se propone un estudio de los platos tradicionales cubanos.
    En la crónica no nombra el lechón asado, los tostones, la yuca con mojo
    ni el congrí. Ya no constituyen el menú típico en la Isla. Son lujos
    reservados para ocasiones especiales, como Nochebuena y Navidad.

    Mrs. Snow tampoco menciona frutas cubanas como el anón, la guanábana, la
    chirimoya, el mamey. Entiendo la omisión. Tal vez no conozca dichas
    frutas. Casi no las conozco tampoco. O las olvidé. Se las llevó la
    ventolera revolucionaria.

    La periodista se propuso investigar cómo se las arregla el cubano
    promedio para alimentarse a pesar de las carencias, las prohibiciones y
    el costo de los productos en los agro mercados. Cohibirse de emplear
    determinadas sazones porque no las hay o son muy caras. Economizar el
    aceite o prescindir de él porque no llegó a la bodega. En las tiendas
    recaudadoras de divisas, una botella cuesta $2.40 (el equivalente de
    unos 60 pesos). La de llegar al fin de mes sin azúcar ni arroz.
    La cuota mensual de la libreta de abastecimientos que apenas alcanza
    para un par de semanas. Comer como los cubanos será una experiencia que
    no tendrá deseos de repetir.

    Todo tiene su lado positivo. El experimento culinario sirvió a Anita
    Snow para recordar la cocina sureña que nutrió a su familia durante la
    Gran Depresión.

    Por acá, esos también fueron tiempos duros. Además de soportar la
    tiranía de Gerardo Machado, los cubanos pasaron hambre. Fueron los
    tiempos del boniato y la harina. Pero cuando pasó la crisis, el boniato,
    cuando no se preparaba boniatillo, quedó como alimento para cerdos y perros.

    En Cuba, por muy deliciosos que pudieran resultar, no había costumbre de
    preparar pasteles de boniato o calabaza (que aunque decían que engordaba
    las pantorrillas también era profusamente utilizada para alimentar cerdos).

    El boniato y la harina serían añorados durante el hambre del "período
    especial", eufemismo ideado por el régimen para nombrar la peor crisis
    de la historia cubana.

    Dudo que el picadillo de cáscaras de plátano, el arroz de fideos, el
    filete de cáscaras de toronja o de colcha de trapear adobada, hubiera
    recordado el más humilde plato de la cocina Dixie. Ni siquiera los que
    comían los hobos durante la Gran Depresión.

    Dicen que la economía cubana tocó fondo y que ya pasó el "período
    "especial. De lo último, no estoy seguro. Nadie sabe en qué momento terminó.

    Ahora, como se dice en La Habana con relación a la comida, "hay pero no
    nos toca". Si no tenemos dinero para comprar en los agro mercados, es
    como si no hubiera. Mrs. Snow lo podrá constatar si afronta alimentarse
    con los $12 cuc que constituyen el salario mensual promedio en Cuba.

    Después de las vicisitudes que pasará para alimentarse, cuando esté con
    hambre perpetua, como nosotros, los nativos, es probable que Anita Snow
    desee fervientemente que las autoridades cubanas le retiren su
    acreditación como corresponsal extranjera en Cuba.

    No soy ducho en la cocina, pero deseo dar algunos consejos que hagan más
    leve a la periodista norteamericana el proyecto de comer como los cubanos.

    Los potajes de frijoles, además de con ajo, cebolla, ají y cilantro, se
    sazonan también con comino y orégano. ¡Cuidado! Los vendedores
    callejeros suelen vender un sucedáneo aumentado con hierba seca y estiércol.

    Las carnes (porque recuerdo que comíamos carne, incluso de res) se
    preparan con perejil. Si logra conseguirlo, a falta de alcaparras, con
    bastante vinagre y buena voluntad, puede que mejore el sabor del
    picadillo de soya.

    Me asalta una duda. ¿Conseguirá Anita Snow los 10 tipos de frijoles para
    cocinar la sopa sureña? Creo que tendrá que sustituirla por el ajiaco
    con bastante viandas (me gusta más su nombre original que su alias
    cederista de "caldosa"). Sólo conozco siete clases de frijoles,
    incluyendo el silvestre gandul y el chícharo, que, aunque infaltable en
    la dieta cubana, no es nombrado en la crónica de Snow.

    Las cocinas de Cuba y el Sur de los comparten el
    quimbombó de la común herencia africana. De acuerdo. Apenas poco más
    comparten hoy.

    Los chícharos, el picadillo de soya, la falta de marshmallow para rociar
    los boniatos y la imposibilidad de preparar la sopa de los 10 frijoles
    puede que convenzan a Anita Snow de que las diferencias se han hecho más
    grandes de lo que supone. No la pueden salvar ni las papas de Dakota que
    Cuba se propone importar pagando al contado.

    No obstante, me gusta el proyecto de Anita Snow. Es como ligar la rumba
    con el blues, el banjo con el tres, a Doña Delicias con Tía Jemina, a
    Elpidio Valdés con el Pato Donald y a Mister Bojangles con Papá Montero.
    Estoy seguro que la mezcla tiene su encanto. El mismo encanto de
    cualquier proyecto que sirva para unir a los pueblos.

    luicino2004@yahoo.com

    http://www.cubanet.org/CNews/y07/jul07/03a9.htm

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