La libreta del hambre
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    Libreta, el reto de alimentar a todos los cubanos
    Por ANITA SNOW
    The Associated Press

    LA HABANA —
    Algunos la critican, otros la defienden. Vivir de la libreta de
    abastecimiento no es fácil para los cubanos, pero pese a las dificultades y
    limitaciones nadie ha muerto de hambre en isla de 11 millones de habitantes
    durante los duros años en los cuales pareció tocarse fondo aquí.

    Absolutamente singular en el continente, este pequeño librillo de color
    caramelo y que cabe en una mano, permite a todos los ciudadanos sin
    distinción obtener una veintena de alimentos por el 10% de un sueldo mensual
    promedio de 350 pesos (unos 16 dólares) y protege a los sectores más
    vulnerables sin accesos a fuentes de divisas extranjeras.

    "¿Qué es lo bueno y lo malo de la libreta? Pues al menos es algo seguro, a
    un precio módico y garantizado para todos", comentó a la AP la empleada
    pública Paloma Pérez, de 42 años.

    "Lo negativo es que no alcanza, es deficiente", agregó la mujer, para quien
    sin embargo, en las condiciones actuales si se suspendiera este sistema
    "muchas personas se verían afectadas, como los jubilados, los pensionados o
    las madres solas".

    Arroz, frijoles, azúcar, algunas onzas de café, chícharos, papas, huevos y
    algo de pollo y pescado componen la dieta básica a la cual se agregan
    cantidades o productos según las "dietas" especiales para los niños -por
    ejemplo leche-, los ancianos y las personas con algunas enfermedades o
    impedimentos.

    Por el conjunto de estas mercancías los cubanos pagan 26,15 pesos (o 1,20
    dólares) por persona al mes, un precio subsidiado si se lo compara con los
    58 dólares de una canasta semejante en los supermercados abiertos al
    público -en especial a los extranjeros- en la capital.

    Esto, representa un tercio de las 3.300 calorías que los cubanos ingieren
    diariamente, según estimado del gobierno.

    Además están las comidas que se ofrecen en los centros de trabajo o
    escolares y la gente usa sus salarios y otros ingresos que puedan tener para
    comprar el resto de sus alimentos en los puestos agropecuarios,
    supermercados o el extenso mercado negro.

    Y sin contar otras variadas fuentes de acceso a alimentos, como por ejemplo
    los médicos, enfermeras u otros profesionales a los cuales es usual entregar
    a manera de regalos bolsas de café, botellas de ron o quesos.

    Reportes internacionales indicaron que un país como México ingiere en
    promedio unas 3.171 calorías, mientras Haití y Nicaragua apenas llegan a las
    2.200 calorías. En Bolivia, un reciente estudio del Programa Mundial de
    Alimentos mostró que el 22% de la población (casi 2 millones de habitantes)
    consumen menos de 1.100 calorías de las 2.700 recomendadas por los
    organismos de .

    Nacida en marzo de 1962, la libreta fue creada para que cada persona pueda
    adquirir a precios bajos una ración básica, en un momento en que el gobierno
    de interrumpió el comercio provocando una alarmante escasez.

    Inicialmente se consideró una medida temporal, pero se mantuvo porque Cuba
    tuvo dificultades para darle de comer a todos. Durante un tiempo en los 70 y
    80 se le compró la mayoría de los alimentos a los países de Europa del Este,
    sus aliados comunistas entonces.

    Pero la famosa libreta también trae su polémica, pues incluso el presidente
    Fidel Castro comentó alguna vez que lo deseable sería hacerla desaparecer
    para que cada quien compre a su gusto con su salario.

    En un análisis del abastecimiento el economista , Oscar Espinosa
    Chepe señaló que en su afán igualitarista, el Estado ha estado entregando la
    misma cantidad de productos a quienes tienen dinero extra y a los que no la
    necesitan.

    Además fomentó "el concepto de mendicidad y la falta de responsabilidad
    social del ciudadano el esperar todo del Estado", expresó Espinosa.

    "Debería sustituirse el inoperante mecanismo de racionamiento vigente que
    favorece a muchos ciudadanos que no lo necesitan por subvenciones
    financieras a las familias que si lo requieren", comentó el economista.

    Cuba gasta 1.600 millones de dólares anuales en la importación de alimentos,
    aproximadamente una tercera en los Estados Unidos; incluso compra en el
    exterior por valor de 1.000 millones de dólares el 82% de los aquellos que
    vende subsidiados en la libreta de racionamiento.

    Pero tal como lo mencionó Pérez, y muchos otros cubanos consultados, para
    complementar la libreta hay que ir a los agromercados -sujetos a la oferta y
    la demanda- que son muy caros o los prohibitivos supermercados que sólo
    aceptan pesos convertibles, una moneda emitida por Cuba que equivale a unos
    24 pesos cubanos.

    Según el ministro de Economía, José Luis Rodríguez, en la actualidad más de
    la mitad de los cubanos tienen acceso a algún tipo de esta moneda fuerte a
    partir de sus propinas, bonos pagados por el Estado o reciben remesas en
    dólares o euros desde el extranjero.

    Pero el resto debe "resolver" a veces de manera poco convencional,
    canjeando, revendiendo o incluso desviando recursos de sus trabajos, un
    fenómeno que el gobierno busca erradicar mediante disposiciones de
    disciplina laboral.

    Las autoridades no ocultaron las complejidades que entraña alimentar a tanta
    gente, ni los precios a la alza en el mercado internacional que los obligan
    a mejorar su propia producción antes de pagar las facturas en el extranjero.

    Tanto es así que el vicepresidente Carlos Lage reconoció que la producción
    como la comercialización son "ineficientes" mientras se estimó en un 7% la
    caída en este sector durante el año pasado.

    Paralelamente los legisladores dedicaron sendas sesiones en junio para
    evaluar un nuevo sistema de pago a los campesinos y cooperativistas
    (privados) cuyas cosechas se perdían por falta de acopio o el Estado los
    comprometía con mercancía que luego no abonaba.

    El economista Ariel Terrero indicó en un escrito en la revista oficial
    Bohemia que entre 2002 y 2005 Cuba aumentó las importaciones de arroz en un
    36% y pagó 105% más debido al incremento de los precios internacionales.

    "La hemorragia perpetua conspira contra las posibilidades del desarrollo
    económico de la nación", comentó.

    Las cooperativas y pequeñas granjas fueron creadas en 1993 cuando el
    gobierno reestructuró su sistema centralizado, en medio de una crisis por la
    cual cayó el 35% del producto interno bruto y los isleños se la vieron
    difícil para conseguir alimentos.

    Las reformas incluyeron la apertura de los agromercados (donde los
    campesinos venden lo que les sobra de lo pactado con el Estado) de los
    cuales unos 300 operan en todo el país -de ellos 50 en la capital- y la
    creación de los organopónicos o centros de urbana localizados en
    terrenos baldíos en las ciudades.

    El complejo asunto de la producción, comercialización y distribución de los
    alimentos sigue siendo un desafío para el sistema comunista de la isla donde
    todos tienen por derecho básico ser alimentados pero con recursos limitados.

    Mientras, la libreta sigue en pie y con ello no es extraño escuchar el grito
    de alguna vecina instalada en un balcón convocando a su
    cuadra con una
    mezcla de urgencia y primicia: "¡caballero llegaron los mandados!"
    (productos de la libreta).

    http://www.elnuevoherald.com/212/story/61225.html

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