La libreta del hambre
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    SOCIEDAD
    ¡Llegaron los refrigeradores!

    Tania Díaz Castro

    LA HABANA, julio (www.cubanet.org) – Después de dos años de realizado el
    censo, llegaron los nuevos refrigeradores chinos marca Haier a algunos
    barrios del reparto Habana del Este, para ser cambiados por los viejos y
    así contribuir al ahorro de energía eléctrica.

    La operación maratónica no fue fácil. A las 6 de la mañana los hombres y
    las mujeres de la cuadra ya estaban en pie de guerra -unas 200
    personas-, porque ese día no irían a trabajar. La presidenta del Comité
    de Defensa de la Revolución () se colocó al frente del espectáculo y
    gritó:

    -¡A levantarse, que vienen los refrigeradores!

    Tres horas después, cuando al fin aparecieron los camiones (los mismos
    que transportan el vacuno en las granjas del pueblo), los vecinos
    bajaron de sus apartamentos los viejos refrigeradores: norteamericanos
    de los años cuarenta y cincuenta, y soviéticos ensamblados en Cuba hace
    más de treinta años. Sin embargo, todos debían funcionar. Si no, no
    habría cambio.

    El show fue digno de un documental humorístico. Pero no había cámara
    para fijar los detalles de la habilidad que posee un régimen totalitario
    para movilizar a las multitudes, no sólo para un simulacro de guerra, el
    regreso de un balserito o la visita de un político árabe importante,
    sino hasta para vender refrigeradores. Porque, ¿no hubiera sido más
    elegante, humano y civilizado buscar el equipo en una tienda comercial y
    traerlo en un adecuado a la casa?

    Nada de eso. Tenían que estar presentes los dirigentes políticos del
    barrio, los policías; reunir a todos los vecinos, a los curiosos que
    iban llegando, esperar horas a que los camiones estuvieran listos para
    cargar con los viejos equipos, ir en manada -en los mismos camiones- a
    un almacén del municipio, y allí, en fila india, sufriendo de calor y
    sin fría, realizar el cambio persona por persona. Primero,
    demostrar que el equipo viejo funcionaba todavía, aunque con miles de
    achaques; segundo, probar que el nuevo funcionaba, y por último, llenar
    las planillas de la compra, algo que demoró varias horas.

    Pasadas las cinco de la tarde, sudorosos, hambrientos y cansados, los
    vecinos subían por las escaleras (no había estibadores) sus nuevos
    equipos. Discusiones hubo, pero no tantas como aquellas de las asambleas
    sindicales durante las primeras décadas del régimen, sólo para aspirar a
    un reloj despertador soviético.

    A los ancianos que recibieron su Haier se les descontará de su chequera
    de jubilación un diez por ciento mensual para pagar el efecto
    electrodoméstico. Según la cuenta que sacaron tendrán que vivir 125 años
    para amortizar la . El precio de los refrigeradores sobrepasa los
    seis mil pesos, equivalentes a más de trescientos dólares.

    Muchos se preguntaban, disgustados, si el refrigerador que entregaron no
    tenía ningún valor. También se escuchó a la señora del segundo piso que
    tuvo que conformarse con un "frío" pequeño, a pesar de haber puesto al
    novio en su libreta de abastecimiento meses antes; y al vecino que
    cambió el viejo refrigerador, que funcionaba al kilo, después del censo,
    por uno roto. El roto no lo aceptaron. Las inconformidades fueron
    muchas. Y aunque quien hizo la ley hizo la trampa, cuando se trata del
    estado, no resultan, porque el estado, pícaro al fin, se las sabe todas.

    http://www.cubanet.org/CNews/y07/jul07/12a7.htm

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