La libreta del hambre
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    8 de febrero de 2008
    Tecnología:

    El fracaso de Alarcón y del sistema educacional de la de
    Ciencias Informáticas.

    Antonio José Ponte, Madrid
    No hace muchos años, los terrenos donde hoy se alza la Universidad de
    Ciencias Informáticas de La Habana se encontraban ocupados por radares
    soviéticos dispuestos para captar información estratégica. Moscú pagaba
    renta por conservar allí sus artefactos, y regalaba al gobierno de la
    Isla los subproductos de tal pesca, información relativa al sur de
    . El lugar era conocido como la base de Lourdes.

    Más tarde, amparándose en lo costoso del mantenimiento y lo innecesario
    del rastreo, el gobierno ruso decidió desmantelar sus radares y cerrar
    la base. Lo hizo sin consulta alguna con La Habana, y prestó a Fidel
    Castro motivo de quejas para uno de sus discursos. Otra vez las grandes
    potencias se entendían entre ellas sin recabar opinión del gobierno
    revolucionario cubano. Obedecían otra vez al modelo de la Crisis de los
    Misiles, con Moscú y Washington negociando sin ofrecer participación
    alguna a La Habana. Y ahora el país, estancado imaginariamente en la
    Guerra Fría, perdía el equilibrio establecido entre la base de radares
    soviéticos de Lourdes y la base naval estadounidense de Guantánamo.

    Clausurada la base de radares, desmontada toda la ferretería, pareció no
    existir idea mejor que construir allí una ciudad universitaria, una
    suerte de Silicon Valley revolucionario. La base de Lourdes, devenida
    Universidad de Ciencias Informáticas, entró así en el grupo de
    sustituciones simbólicas de las últimas décadas.

    Un grupo donde, por sólo citar unos pocos ejemplos, caben la conversión
    de La Cabaña en sede de la Feria Internacional del Libro y de la Bienal
    de Artes Plásticas, la transformación de un cuartel de la policía
    secreta en dependencias administrativas del Museo Nacional de Bellas
    Artes, o la construcción de una tribuna antiimperialista frente a la
    Oficina de Intereses de Estados Unidos en La Habana.

    Donde existiera antes una base de inteligencia, fue abierta una
    universidad, centro de investigaciones equiparable al polo de
    investigaciones biotecnológicas existente ya en la capital. Se trataba,
    a la larga, de continuar por otra vía las mismas actividades que
    realizaban allí los radares. Se trataba de propiciar la investigación y
    de formar profesionales prestos a participar en la guerra cibernética
    del país. Tocaba a los egresados de la Universidad de Ciencias
    Informáticas perfeccionar cada vez más el bloqueo sobre la información
    ejercido por el gobierno, les tocaba refinar los sistemas de filtrado.

    Cualquier ofensiva cibernética habría de recabar el trabajo de esos
    profesionales (Podrán considerar exagerados estos planes, pero quien
    haya seguido, a través de mesas redondas televisivas e intervenciones
    suyas, los avances de Fidel Castro en la comprensión del ciberespacio,
    recordará que, luego de un momento inicial de desinterés, el mandatario
    formuló la pretensión de colmar las redes con información cubana. Según
    él, era cuestión de saturar lo infinito).

    Objeciones al poder

    Por todo lo anterior, para las autoridades tuvo que resultar de sumo
    interés el recién celebrado intercambio con representantes de los 10.000
    estudiantes del centro de estudios. Quedó encargado de presidir tal
    diálogo Ricardo Alarcón, presidente de la Asamblea Nacional del Poder
    Popular. La reunión formaba parte de los diversos debates sostenidos en
    todo el país, en todas las esferas.

    Celebrada a puertas cerradas, sin participación de prensa, era ocasión
    propicia para un intercambio verdadero, que rindiese frutos. Los jóvenes
    podrían elevar a la mesa directiva sus inquietudes, y podrían extenderse
    hacia temas de carácter general, más allá de lo docente. Entre todos los
    reunidos hallarían soluciones a los problemas del país.

    No obstante, pese a tan generosa convocatoria, Ricardo Alarcón y quienes
    lo acompañaron en la mesa directiva no estaban preparados para la clase
    de intercambio suscitado. Pues, según noticia el corresponsal habanero
    de la BBC, Fernando Ravsberg, subió el tono de las críticas entre los
    estudiantes, y sus objeciones alcanzaron al sistema electoral que
    Alarcón representa.

    Los jóvenes atacaron la imposición de doble moneda, la prohibición de
    hospedaje en los hoteles a ciudadanos cubanos, así como la imposibilidad
    de viajar al extranjero. Objetaron el voto único por el que tanto se
    clamara oficialmente (Fidel Castro le dedicó una de sus reflexiones
    periodísticas), y exigieron que cada ministro rindiera cuenta pública de
    sus planes de desarrollo y fuese removido del cargo al no cumplir con
    tales planes.

    Las respuestas de Ricardo Alarcón evidenciaron su incapacidad para
    sostener un diálogo de esta clase. Se vio obligado a reconocer su
    ignorancia en diversos temas de gobierno, pretendió esquivar con ingenio
    los escollos que se le presentaban. Pero lo único que consiguió fue
    rebajar el nivel del intercambio. En respuesta a los reclamos de salir
    al extranjero, tuvo la ocurrencia de afirmar que no podía hablarse de
    viajar como si se tratara de un derecho. "Si todo el mundo, los 6.000
    millones de habitantes pudieran viajar a donde quisieran, la trabazón
    que habría en los aires del planeta sería enorme", comentó.

    Redujo, así, un asunto de a triquiñuelas económicas.
    Infantilizó la polémica al darse cuenta de que ésta lo rebasaba. Y, tal
    como hubiesen deseado los estudiantes de la Universidad de Ciencias
    Informáticas, al rendir cuentas de su gestión públicamente, abundó en
    razones que recomendarían su abandono de todo puesto de responsabilidad.

    Pero no fue su ineptitud lo más notable de la reunión, pues ningún otro
    funcionario cubano (ni siquiera el de más alta graduación) habría
    conseguido sostener aquella batería de interrogaciones sin echar mano a
    subterfugios, sofismas e infantilidades. Lo más notable estuvo en el
    hecho de que esos mismos estudiantes en los cuales se cifran esperanzas
    oficiales para la guerra tecnológica, aquellos que tendrían que
    garantizar el fuerte racionamiento tecnológico de la población, llevaran
    como reclamación suya el acceso a , y preguntaran por qué estaba
    prohibida la utilización de Yahoo.

    A juzgar por tales reclamaciones, al fracaso de Ricardo Alarcón como
    político demostrado en la reunión, habría que sumar el fracaso del
    sistema educacional de la Universidad de Ciencias Informáticas. ¿Qué
    confianza dedicar en lo adelante a muchachos que no acaban de entender
    que el país está en guerra? ¿Cómo se atreven a exigir transparencia de
    los ministros y libre flujo de información desde el extranjero? Se han
    vuelto locos los nuevos radares de la base de Lourdes. Han dejado de
    resultar fiables.

    Otros horizontes

    Para aportar más desconfianza aún, el corresponsal habanero de la BBC
    confirma haber tenido acceso a un vídeo de la reunión. Lo cual sig
    nifica
    que alguien, uno al menos de los presentes en aquella cita, ya hizo suya
    la costumbre de dejar correr libremente la información. Lo cual viene a
    significar también que una tecnología diminuta y artera pone en manos de
    la prensa extranjera detalles vitales, preciosos. Y de este modo
    trasciende el desaprobado que unos estudiantes han propinado al
    presidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular. (Gracias a la
    miniaturización tecnológica, dentro del país se filman los más
    independientes documentales y cortometrajes. Y ha sido posible, gracias
    a la utilización del electrónico, la convocatoria de protestas de
    artistas y escritores).

    En la propia Universidad de Ciencias Informáticas de La Habana,
    inauguraron hace unos pocos días un grupo escultórico del arquitecto
    brasileño Oscar Niemeyer. La estructura de acero representa a un dragón
    de fauces abiertas al cual se enfrenta un hombrecito armado con una
    bandera cubana. Alegoriza, según su autor, la defensa de la soberanía
    contra el monstruo imperialista. Regalo de Niemeyer a Fidel Castro (es
    decir, de un arquitecto de cien años a un maltrecho estadista
    octogenario), persiste en las viejas mitologías: donde hubo un campo de
    radares queda una estatua, pero la lucha es la misma.

    Juzgado por las fotografías, el grupo escultórico resulta horrible.
    Calculo que los jóvenes estudiantes sabrán desembarazarse de él mediante
    burlas. Soldados para la guerra tecnológica como debieran ser, esos
    estudiantes acaban de demostrar que sus obsesiones son otras, bien
    distintas de las que se esperaban de ellos. Ambicionan otros horizontes,
    en viajes y conocimientos. Descreen del sistema político, tal como
    existe hoy. Exigen libertad de información, y al menos uno de ellos,
    quien ofreció a un corresponsal un vídeo, ejercita esa libertad que
    tanto irrita a las autoridades.

    http://www.cubanet.org/CNews/y08/feb08/08o6.html

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