La libreta del hambre
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    Economía
    Pensiones, un dolor de cabeza

    Sin andarse por las ramas, Raúl Castro ha venido a confirmar que el
    futuro de los jubilados es sombrío.

    Elías Amor Bravo, Valencia | 25/07/2008

    En el discurso ante la Asamblea Nacional del Poder Popular, Raúl Castro
    vino a reconocer que uno de los principales problemas de la economía
    cubana es el envejecimiento de la población y la incapacidad real del
    sistema para sostenerse a medio plazo. Los datos ofrecidos en su
    intervención no ofrecen dudas al respecto.

    La esperanza de vida se sitúa en 77,92 años, la tasa de natalidad ha
    llegado en 2006 a los niveles más bajos de los últimos 60 años, y la
    población disminuyó en más de 4.000 habitantes, según el censo. Y
    citando los datos del discurso, la población en edad laboral que alcanzó
    en 1980 una entrada de 238.000 jóvenes, este año ha sido de 166.000,
    estimándose un descenso hasta 129.000 para 2020.

    Esto significa que en 2025 habrá 770.000 ciudadanos menos en edad
    laboral que en la actualidad, y de mantenerse la situación imperante,
    sería mayor el número de personas que finalizan la vida laboral que los
    que se incorporan.

    Sombrías perspectivas para un país que, por otra parte, presenta rasgos
    que también están afectando a otras naciones, sobre todo de Europa
    Occidental, donde el envejecimiento de la población se compensa a medio
    plazo con la llegada de inmigrantes. Posiblemente, si pudiéramos volver
    atrás en el tiempo y situarnos en 1955, Cuba estaría entre las naciones
    con saldo migratorio positivo. Pero en 2008, y con un sistema
    estalinista en proceso de descomposición, ¿quién se puede plantear
    emigrar a la Isla? Más bien todo lo contrario.

    Un problema global, un caso alarmante

    Presionado por la necesidad de compensar de alguna forma los generosos
    ingresos del petróleo chavista, la pléyade de médicos, maestros,
    técnicos y profesionales que se involucran en proyectos en el
    extranjero, están dejando la economía de la Isla prácticamente
    desasistida en numerosas actividades.

    El aumento de la población perteneciente al colectivo denominado
    "tercera edad" es uno de los fenómenos característicos de nuestro
    tiempo, que obedece a múltiples factores económicos, sociales,
    culturales y políticos.

    Los gobiernos tratan de dar respuesta a los retos planteados por una
    estructura social más envejecida, diseñando nuevas políticas y
    servicios, apostando por la diversificación de las fuentes de
    financiación de la jubilación y la creación de ofertas específicas para
    la población que llega a esta edad. Muchas de estas iniciativas
    coexisten en el tiempo con ambiciosos planes de prejubilación,
    destinados a adaptar la estructura de las plantillas a los requisitos de
    la competitividad.

    En España, por ejemplo, los viajes organizados por el estatal Instituto
    de Mayores y Servicios Sociales (IMSERSO), para personas de la tercera
    edad, han servido para romper la estacionalidad turística en numerosas
    zonas de costa, convirtiéndose en un valioso estímulo para conocer otras
    zonas y viajar.

    En cualquier caso, Raúl Castro ha venido a confirmar que el futuro de
    los jubilados es sombrío, y no se ha andado por las ramas. El dinero
    para pagar las pensiones no sólo se puede agotar, sino que habrá que
    trabajar por más años, tirando por la borda la legislación que desde
    1963 otorgaba la licencia laboral a los cubanos de sexo masculino a los
    60 años, y a las mujeres, a la temprana edad de 55. La anunciada reforma
    de la ley de la seguridad social se sitúa en esa línea.

    En ausencia de mecanismos compensatorios —no creo que existan ciudadanos
    que puedan permitirse en las condiciones actuales fórmulas de ahorro o
    planes de pensiones que les permitan superar los escasos 14 euros
    mensuales de media, e idéntica con independencia de la vida profesional
    realizada—, la situación es bastante alarmante, ya que toda la
    financiación deberá proceder de unos presupuestos públicos que estarán
    sometidos a numerosas presiones procedentes de todos los sectores
    económicos y sociales.

    En cualquier caso, si la tarta social no aumenta de tamaño, y este es el
    verdadero problema de la economía cubana, cualquier posible reparto está
    condenado al fracaso.

    Reformas tardías e inadecuadas

    En ocasiones se ha hablado de la existencia de niveles de ahorro
    "ocultos" en la sociedad cubana, cuyo análisis no resulta fácil ante la
    escasez de estadísticas. Los que defienden este argumento sostienen que
    una economía que otorga una amplia gama de bienes y servicios a precios
    subvencionados, limitados por el racionamiento, permite a las economías
    familiares conservar una parte de los ingresos en forma de ahorro.

    Esta idea es cuestionada por el hecho de que la sociedad cubana parte de
    unos niveles tan bajos de dotación de recursos, alimentos y servicios,
    que cualquier incremento monetario se tiende a gastar de forma
    inmediata. De igual modo, el rudimentario sistema bancario y crediticio
    hace muy difícil determinar la importancia de este tipo de actuaciones.

    De cualquier forma, no es fácil para los cubanos saber cuánto tienen que
    ahorrar para la vejez, cuando el gobierno asume en su totalidad el pago
    de las pensiones; ni cuál puede ser el poder adquisitivo de las mismas,
    cuando la inflación en cualquier momento emerge y erosiona el valor
    nominal de cualquier tipo de renta.

    Prolongar la edad laboral es una solución de tipo parcial, que no sólo
    viene a enterrar para siempre los viejos sueños revolucionarios del
    "hombre nuevo" del Che, sino que seguramente no podrá aportar efectos
    benéficos, a no ser que la economía privada de mercado se abra paso en
    la Isla como consecuencia de una reforma en profundidad del sistema
    económico.

    Lejos está Raúl Castro de saber conducir la nave en estos momentos
    difíciles, y no parece estar bien aconsejado. Las reformas que se
    precisan para reorientar la economía hacia el futuro llegan tarde, y no
    son las más adecuadas.

    Hay que ser conscientes de que el sistema socialista no se sostiene en
    sus fundamentos actuales y se precisa ser más valiente en el impulso de
    cambios en la estructura de los derechos de propiedad, el libre
    ejercicio empresarial, la participación de la inversión extranjera
    productiva y el funcionamiento del mercado.

    No se trata de ir hacia el modelo chino, sino de diseñar algo que
    permita a la economía cubana volver a ser lo que siempre fue, abierta al
    exterior y competitiva. Cuanto más se tarde en reconocer lo que resulta
    imprescindible, peor. Ya no queda mucho tiempo que perder.

    http://www.cubaencuentro.com/es/cuba/articulos/pensiones-un-dolor-de-cabeza-99529

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