La libreta del hambre
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    Diario Las Americas
    Publicado el 10-04-2008

    La hora de la verdad

    Por Oscar Espinosa Chepe

    El pueblo cubano se enfrenta a uno de los momentos más trágicos de su
    historia. Después de 20 años de crisis profunda, en que se han acumulado
    todo tipo de problemas, la Isla ha sido azotada por dos devastadores
    huracanes en un plazo de breves días. Por si fuera poco, el mundo está
    inmerso en una grave crisis financiera, con efectos terribles para los
    países del Tercer Mundo, en especial aquellos carentes de reservas y por
    consecuencia prácticamente inermes como Cuba.

    Todo parece indicar que en sectores del gobierno cubano no hay plena
    conciencia del desastre actual y la posibilidad de que sea aún mayor.
    Esta afirmación se desprende de las medidas que ha tomado respecto a la
    falta de productos agrícolas. El 29 de septiembre, el diario Granma
    publicó en toda la primera página una ¨Información a nuestro pueblo¨,
    donde se describe la carencia de alimentos existente y su prolongación a
    los próximos meses, pero se regresa a los tradicionales métodos
    autoritarios y represivos, aplicados durante decenios sin promover
    verdaderas soluciones.

    Ciertamente en estos difíciles momentos hay que tomar fuertes medidas
    contra el robo y la especulación, pero no al punto de poner una camina
    de fuerza a los productores, que desestimule su laboriosidad. Ahora las
    autoridades han decidido que, en los mercados de oferta y demanda para
    los campesinos privados, se establecerá provisionalmente como precios
    máximos los existentes antes de los huracanes para un grupo de productos
    básicos, sin definir cuales serían.

    Esto se ha hecho sin considerar que el pasado 8 de septiembre el mismo
    día que el huracán Ike entró por la provincia de Holguín y atravesó toda
    la isla, se aumentó el precio del diesel en 86,0% y, las gasolinas en
    más de un 60,0% como promedio. El diesel es básico en los costos de
    producción agropecuaria para la maquinaria agrícola y la transportación
    de los insumos y las cosechas. Esta medida se agrega a los elevados
    precios cobrados por el estado a los campesinos por los aperos de
    labranza y otros elementos indispensables para las labores agrícolas,
    incluida la ropa y el calzado de trabajo. Las consecuencias no se
    hicieron esperar y, al menos, en la populosa ciudad de La Habana gran
    parte de los mercados, en particular los estatales, están cerrados y los
    que aún permanecen abiertos han reducido sus ofertas en más del 80,0%.

    Es verdad que estas situaciones de catástrofes son utilizadas para la
    especulación, el agio y el acaparamiento por elementos inescrupulosos.
    Pero resulta imposible combatir estas inaceptables actitudes solamente
    con represión, sino que debe hacerse fundamentalmente a través de
    medidas económicas. El Estado cuenta con más del 80,0% de las tierras
    cultivables para resolverlo, así como con la abrumadora mayoría de los
    comercios.

    Si el gobierno quisiera, podría poner precios fijos a los productos
    distribuidos por sus entidades, subvencionando las pérdidas ocasionadas
    a las unidades distribuidoras. Por otra parte, existe un mecanismo de
    racionamiento de más de 46 años, el cual podría ser utilizado para
    vender productos a precios inferiores o dirigir las entregas de
    artículos básicos a los sectores poblacionales más débiles; todo con el
    objetivo de ejercer control sobre los precios de los productos ofertados
    en el mercado libre.

    Constreñir a la fuerza los precios de los productos del sector privado
    desestimulará la producción y por ende la oferta. Ello podría contribuir
    a incrementar la escasez y como consecuencia alentar el mercado negro
    con precios superiores. Hay que recordar que el pequeño sector campesino
    con el 18,0% de las tierras cultivables, es el más eficiente del país a
    pesar de todas las trabas y prohibiciones afrontadas durante años. Ellos
    por decenios han otorgado los mayores beneficios a la sociedad con el
    suministro de productos de mayor calidad y cantidad por área, sin
    representar una carga financiera para el Presupuesto, al contrario han
    contribuido con su aporte. El sector estatal de la
    -supuestamente socialista- solamente ha socializado la ineficiencia y
    las pérdidas que toda la sociedad ha tenido que sufragar; un verdadero
    agujero negro de recursos que pudieron haberse utilizado para el
    progreso y el bienestar de la nación.

    El gobierno cubano debería replantearse esta situación, pues
    indudablemente su remedio represivo podría ser peor que la enfermedad,
    como ya se está apreciando en la menguada oferta de productos. La
    experiencia ha demostrado que la fuerza no contribuye a que las vacas
    den más leche o que los campos den más comida; históricamente ha
    sucedido todo lo contrario. Para limitar el robo y los desvíos de
    recursos, más que inversión en cárceles y carceleros, se requiere la
    motivación de los productores y el fortalecimiento de la contabilidad y
    la estimulación de los especialistas en finanzas y la economía en
    general, actualmente frustrados por la falta de atención.

    El pasado 27 de septiembre, el periódico Juventud Rebelde publicó que,
    en una encuesta realizada por el Ministerio del Trabajo y la Seguridad
    Social, en 679 empresas incorporadas al Sistema de Perfeccionamiento
    Empresarial, que deben ser las mejores del país, se encontraron
    significativas deficiencias en los sistemas de pago por resultado, lo
    cual denota hasta donde llega el desorden. Si en estas empresas "modelo"
    existen tales problemas, podrá imaginarse que queda para las demás
    entidades, donde se estima que más del 60,0% prácticamente carece de
    contabilidad.

    Cuba no necesita más prohibiciones y represión. En esta hora de
    definiciones se requiere con urgencia transformaciones radicales a un
    sistema disfuncional y el cese del bloqueo a la iniciativa de los
    ciudadanos.

    La Habana, 2 de octubre de 2008

    • El articulista es economista

    y Independiente

    http://www.diariolasamericas.com/news.php?nid=63060

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