La libreta del hambre
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    Otra vuelta de tuerca

    Miguel Iturria Savón

    LA HABANA, Cuba, octubre (www.cubanet.org) – Emilia salió al mercado y
    regresó decepcionada. Mi vecina recorrió los kioscos de la calle ocho,
    bajó después por 71 y, finalmente, en el mercado de Cruz Verde compró
    seis libras de papas, a razón de dos por persona, pues en su casa son
    tres y la libreta de racionamiento establece ciertas normas. Volvió a
    salir antes de ponerse a lavar y retornó con un pan suave y sin grasa,
    dos paquetes de croquetas y un hueso de puerco para cocinar un caldo.

    Algo similar les ha sucedido en estos días a Migdalia, Martica, Edilia y
    a muchas vecinas de Boyeros, El Cotorro, Guanabacoa, San Miguel y otros
    pueblos del sudeste de La Habana, donde apenas abren los puestos
    agropecuarios. La ausencia de productos las altera, pues se esfuerzan en
    vano. Con las jabas vacías aumentan los problemas y las preocupaciones.
    Los nietos devoran lo poco que encuentran sin pensar en el posible
    infarto de las abuelas.

    En el cierre del mercado agropecuario no sólo inciden los desastres
    provocados por el paso de los ciclones Gustav e Ike. En medio de la
    crisis alimentaria el gobierno retoma los controles extremos. Ciudad de
    La Habana es una ciudad sitiada, sin toque de queda ni declaraciones
    previas. Los accesos a la capital están controlados por la policía. Los
    conductores de vehículos tienen que mostrar sus documentos y soportar
    registros, decomisos, multas y amenazas.

    ¿Qué sentido tienen tales restricciones? ¿Para qué impedir la natural
    circulación de mercancías? Si faltan productos y suben los precios los
    funcionarios pudieran dictar ciertas normas para proteger al consumidor,
    sin asfixiar al campesino que produce, al intermediario que compra y
    transporta y a los vendedores que reciben y atienden al consumidor en
    los kioscos urbanos. ¿Acaso no pagan impuestos al Estado?

    Al parecer, se trata de otra "ofensiva revolucionaria", otra vuelta de
    tuerca contra los pequeños comerciantes, parceleros y camioneros
    privados, a quienes se denigra a priori en los medios informativos. La
    consigna es obvia: "que nadie toque nada, sólo yo puedo tocar".

    Hablar de acaparadores, rodear la ciudad de policías, decomisar
    productos y vehículos y centralizar las ventas en mercados estatales es
    otra manera de crear problemas. Así se administra la tensión sin
    solucionar el flujo de mercancías. Lo importante no es detener y juzgar
    al que transita con una bolsa, sino liberar las iniciativas individuales
    para que cada cual encare sus problemas y aspiraciones.

    El Estado patrón quiere inventariar cada planta, contabilizar los frutos
    y fijar los precios desde oficinas, pero los empleados de sus tiendas y
    almacenes no pagan impuestos, alteran las pesas a su favor, cobran
    salarios y maltratan al público.

    Emilia, Migdalia y otras vecinas enfrentan por estos días a tales
    gladiadores. Quizás por eso regresan a casa con las jabas vacías,
    mientras el huevo sube a cinco pesos y el hambre pone a pruebas la
    paciencia de estas damas, casi al borde de la histeria.
    culturakiss@yahoo.es

    http://www.cubanet.org/CNews/y08/oct08/13_C_2.html

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