La libreta del hambre
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    Publicado el jueves, 07.02.09
    Para curar una economía enferma
    By OSCAR ESPINOSA CHEPE

    La economía cubana empeora drásticamente como consecuencia de los
    efectos de la crisis mundial. En el marco del permanente Período
    Especial, que ya dura 20 años, y los impactos de los tres huracanes del
    2008, el gobierno ha reconocido tener serias dificultades en su
    capacidad de pago, algo terrible para un país muy dependiente del exterior.

    En tales circunstancias, se estableció un plan de ahorro de portadores
    energéticos desde el 1 de junio, que establece una reducción del 12.0%
    del consumo eléctrico para el resto del año. Ello provocará una sensible
    disminución de la producción de bienes y servicios, y un crecimiento
    negativo del PIB en el 2009. El por ómnibus y ferrocarril ya
    ha descendido y se han implantado recortes en las magras cuotas de los
    productos vendidos en el sistema de racionamiento, como los guisantes y
    la sal, lo cual hace temer a la población minoraciones adicionales de
    los insuficientes productos suministrados por ese sistema desde 1962.
    Incluso, en las tiendas por divisas está presente un notable
    desabastecimiento, mientras se observa en los puertos una apreciable
    disminución de la entrada de cargas del exterior.

    Esta situación crítica llega a Cuba, cuando se ha perdido un tiempo
    precioso sin aplicar las reformas estructurales y de concepto prometidas
    por el presidente Raúl Castro el 26 de julio del 2007. Lo peor que
    pudiera suceder ahora sería que el inmovilismo gubernamental se
    mantuviera, y continuara la negativa a emprender la liberalización de
    las fuerzas productivas, cautivas por decenios.

    Resulta urgente abandonar conceptos fracasados y prejuicios absurdos
    para empezar a conjugar el interés personal de los cubanos con los
    requerimientos sociales. Las distintas formas de propiedad en modo
    alguno se contraponen; pueden complementarse en un clima de libertades
    democráticas, justicia social y la vigencia de un Estado de derecho,
    donde los intereses de todos los ciudadanos sean considerados y respetados.

    Desde hace años el gobierno ha reconocido la iniciativa privada. Pero
    contradictoriamente sólo referida a los intereses extranjeros, negándole
    obstinadamente a los cubanos el derecho a tener negocios. Hoy, cuando se
    habla hasta de ''ahorro o muerte'', ¿por qué no se permite a los
    nacionales explotar en propiedad los millones de hectáreas de tierra
    cultivable ociosa y se les apoya en un contexto de gestión flexible?
    Esta medida respondería a los objetivos originales de la revolución,
    presentes en la Constitución de 1940, y con las ideas martianas
    favorables a la “creación de muchos pequeños propietarios''.

    ¿Por qué no se deja de perseguir y obstaculizar el trabajo por cuenta
    propia, cuando lo necesario es promoverlo y ampliar su marco legal,
    creándole un mercado mayorista para poder obtener legalmente los
    insumos? Paralelamente, se impone la necesidad de que el Estado deje de
    administrar miles de tiendas, restaurantes y chinchales (micro
    fábricas), incontrolables centralmente, a través de un proceso de
    privatización o cooperativización voluntaria, en combinación con la
    posibilidad de que los ciudadanos emprendedores puedan crear Pequeñas y
    Medianas Empresas (PYMES).

    Esas medidas traerían beneficios económicos y sociales. Serían fuentes
    de riqueza, y darían estabilidad al comercio exterior e interior, y
    empleo y flexibilidad para la economía. A diferencia de las empresas
    estatales, que sólo socializan pérdidas, las entidades privadas en Cuba
    arrojan un balance de beneficios para la sociedad. El pequeño sector
    privado agrícola es un ejemplo; con algo más del 20.0% de la tierra
    cultivable, sin recursos y con muchas prohibiciones, entrega más del
    60.0% de la producción agropecuaria total y pagan impuestos.

    Cuando la administración Obama ha abierto la posibilidad de mayor envío
    de remesas, el gobierno cubano debería instrumentar medidas económicas,
    para que quien lo desee las utilice en la creación y promoción de
    empresas en el campo y la ciudad, a través de fórmulas fiscales,
    monetarias y crediticias.

    Los cubanos residentes en el exterior podrían ser un decisivo factor de
    desarrollo, al igual que lo han sido los chinos de ultramar para su
    nación. Resulta absurdo continuar la práctica de procurar soluciones a
    nuestros problemas en otros lugares, cuando con más seguridad podemos
    encontrarlas entre compatriotas. Por supuesto, habría que crear un
    ambiente propicio y garantías para que esa política pueda funcionar. Un
    marco jurídico adecuado es indispensable, así como la determinación de
    abandonar esquemas políticos obsoletos que tienen entrampado el futuro
    de Cuba.

    Ciertamente, nos encontramos en un momento de crisis mundial poco
    propicio, pero terminará, y desde ahora deben tomarse medidas para
    favorecer ese rumbo. También existe el enorme obstáculo de las
    relaciones anormales con ; sin embargo, ahora, gobierna
    allí una administración dispuesta a mejorar los vínculos con la Isla.
    Las demandas de gestos positivos hechas a las autoridades cubanas, como
    es la liberación de los presos de conciencia y políticos pacíficos, o la
    toma de graduales medidas democratizadoras, resulta erróneo verlas como
    interferencias extranjeras, pues coinciden con urgentes requerimientos
    del más alto interés nacional.

    Si la sociedad empezara a cambiar positivamente, la repercusión
    internacional sería notable. La desconfianza sobre las perspectivas en
    Cuba podría atenuarse. No podrá pensarse en inversiones extranjeras
    serias, sin la normalización de la situación interna y el abandono de un
    sistema político y económico totalmente desacreditado.

    Cuba enfrenta una situación complicada, pero existen vías para salir
    adelante. Sólo falta voluntad política.

    Economista y independiente cubano.

    OSCAR ESPINOSA CHEPE: Para curar una economía enferma – Opinión – El
    Nuevo Herald (2 July 2009)
    http://www.elnuevoherald.com/opinion/v-fullstory/story/488013.html

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