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    Cuba, 20 años de «capitalismo leninista»
    ÁNGEL PUERTA | MADRID

    Las presuntas medidas «liberalizadoras» de Raúl Castro, el heredero de
    la dictadura cubana de su hermano Fidel, tienen un cierto sabor añejo.
    Suenan a viejo, a manido, al «capitalismo leninista» que preconizaba el
    Comandante en el IV Congreso del Partido Comunista celebrado en Santiago
    allá por el mes de noviembre de 1991.
    Fidel acaba de cumplir 83 años y sigue erre que erre impartiendo la
    misma doctrina de siempre: la culpa de todo lo que pasa en Cuba la tiene
    el imperio, incluida la crisis perpetua que padece la isla, e incluida
    la solución: pedir más sacrifico al pueblo cubano «por patriotismo».
    Igualito que hace 20 años.
    Las medidas de su heredero no son más que espejismos para enmascarar la
    crisis interna del país, donde desde la caída de la URSS el régimen no
    tiene para darle de comer al pueblo más que escurrajas racionadas. No ha
    habido cambios ni recambios, como preconizaba Fidel en aquel IV
    Congreso. El Comandante sigue moviendo los hilos ideológicos del
    «capitalismo leninista» y Raúl no es más que una prolongación de Fidel.
    Vinilo rayado
    Al desempolvar las cintas de casete de aquel IV Congreso, celebrado en
    Santiago de Cuba en 1991, apenas una semana después de la visita de
    Manuel Fraga, se puede comprobar que la mayoría de las ideas que ahora
    se están desarrollando suenan a vinilo rayado, a «la vida sigue igual»
    que tararea la oposición en el .
    En la rueda de Prensa que el Comandante ofreció en el Palacio de la
    Revolución a los periodistas que acompañábamos a Fraga, se le preguntó,
    ante la inminencia del Congreso, que hasta qué punto estaba dispuesto a
    hacer cambios para resolver los problemas económicos que sufría la isla.
    Fidel Castro respondía con contundencia: «Ningún país del mundo ha hecho
    más cambios que nosotros en menos tiempo». Y salió la pregunta tabú: ¿No
    le gustaría a usted jubilarse? Y su respuesta, a la gallega: «¿Conoce a
    algún científico que se jubile? Yo no. ¿Conoce a algún escritor que se
    jubile? Yo no. Pregunte a García Márquez o a muchos otros si piensan en
    jubilarse. ¿Conoce a algún artista que se jubile? No. Aman su profesión
    y siguen su vocación. Yo amo mi vocación. ¿Que me jubile de la política,
    de la revolución, de mis ideas? Seguiré hasta el final luchando por ello».
    Para la oposición, el dictador va a cumplir a rajatabla su vocación
    hasta el final. Ahora lo que temen es que su hermano Raúl herede,
    también, la misma «vocación». «Fidel sigue siendo el que manda en Cuba,
    no hay ninguna renuncia», afirmaba recientemente Armando Pérez Roura en
    su programa en Radio Mambi, uno de los más escuchados en el exilio.
    Antes de moverse, «primero hay que ver al muerto» concluía Pérez Roura.
    Y el muerto sigue vivo.
    El dictador no se retira. Ahora la oposición teme que Raúl, su hermano,
    herede esa misma «vocación»
    De modo que casi 20 años después, el Comandante sigue sin «jubilarse»,
    al menos del partido, en el que conserva la dirección. El único recambio
    ha sido dejar la revolución en herencia a Raúl, el comunista de la familia.
    Lo suyo era y sigue siendo el «capitalismo leninista» que preconizaba
    Fidel en aquel Congreso: «Estamos abiertos a una apertura amplia en
    materia de capital exterior, lo cual no está reñido ni un ápice con el
    socialismo, el marxismo-leninismo ni con la Revolución… Incluso Lenin,
    cuando la revolución bolchevique, no se proponía construir de inmediato
    el socialismo en la Unión Soviética… Incluso elaboró la teoría del
    desarrollo capitalista bajo la dirección del proletariado, cosa que no
    pudo realizar por los problemas que se produjeron».
    Las leves pinceladas liberalizadoras de Raúl, como el acceso a los
    hoteles, el móvil o los reproductores de CD, a precios de divisa, no son
    más que un muestrario descafeinado de capitalismo «leninista» que ya
    exhibía Fidel hace 20 años. Raúl, el heredero, vuelve a vender la
    apertura de los hoteles a los cubanos como una novedad «liberalizadora».
    Pero sólo para los que disponen del dólar. Más de lo mismo. Entonces, en
    1991, Fidel los abría, con reparos, para los trabajadores buenos, o sea
    los del régimen, los vanguardia; Raúl los abre para todo aquel que pueda
    permitirse el lujo de pagarlo en la moneda del imperio. Algo es algo,
    pero es tan poco que a la inmensa mayoría de los cubanos de a pie esta
    liberalización, como las otras, únicamente avaladas por el dólar, lo más
    que les produce en la práctica es una cierta urticaria en el alma
    «revolucionaria» y, sobre todo, en la cartilla de racionamiento.

    Cuba, 20 años de «capitalismo leninista» – Internacional_Iberoamerica –
    Internacional – ABC.es (20 August 2009)
    http://www.abc.es/20090820/internacional-iberoamerica/cuba-anos-capitalismo-leninista-20090820.html

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