La libreta del hambre
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    Las culpas del pueblo
    Fernando Ravsberg | 2009-10-22, 14:49

    Me siento confundido, tantas referencias a las "gratuidades" en la
    prensa y los discursos oficiales, me hicieron buscar cuales son las
    cosas que se dan "gratis" al ciudadano. Solo encontré la seguridad
    social, la pública, la educación, el deporte y los funerales, por
    todo lo demás hay que pagar.

    Descuento que estos 5 rubros no estén en la lista de las cosas que,
    según el gobierno, en el futuro costarán dinero. Por lo tanto me imagino
    que se están refiriendo a otros productos y servicios que resultan
    asequibles al bolsillo del hombre común, pero que no son gratis.

    Se habla, por ejemplo, de los comedores obreros como si fueran una
    "gratuidad" o una "subvención desmedida". En realidad no lo son, los
    precios de estos almuerzos están en perfecta consonancia con los
    salarios que se paga a los trabajadores.

    Me confunde también la insistencia de algunos periodistas reclamando la
    eliminación de la libreta de racionamiento, sin explicar cuáles serán
    las medidas económicas "que garanticen el acceso de las personas de
    bajos ingresos a esa canasta básica".

    Es verdad que muchos cubanos pueden ya prescindir de estas subvenciones
    y que tienen recursos para comprar sus alimentos a precios de mercado.
    Sin embargo, no es menos cierto que para otros esa cuota alimentaria
    resulta esencial.

    Una vieja amiga, ya jubilada, me explicaba hace pocos días que ella no
    podría comer sin la libreta y añadía que "el Estado tiene la
    responsabilidad de velar por nosotros mientras nos pague 250 pesos
    cubanos (US$10) al mes, después de haber trabajado toda nuestra vida".

    No es un análisis serio acusar al pueblo cubano de mostrar "síndromes"
    que lo llevan a esperar todo del Estado. Ahora resulta que, según el
    periódico Granma, es la población y no el gobierno quien diseñó la
    actual estructura socioeconómica.

    Pero si se van a atacar las gratuidades, justo sería empezar por el
    "Síndrome del ". Predicando con el ejemplo, los periodistas que
    escriben contra las gratuidades deberían renunciar a hospedarse en los
    lujosos hoteles de Cayo Coco, donde los encontré vacacionando.

    Podrían eliminar el "Síndrome del Dirigente Viajero" y enviar al
    extranjero a especialistas que conozcan lo que van a comprar. Así
    evitarían importar barredoras de nieve o tener almacenes con equipos
    inservibles, como sucede hoy en salud pública.

    También ahorraría mucho dinero atacar "el Síndrome de los Hijos de
    Papá", haciendo que estos empiecen a pagar en los cabarets, restaurantes
    y hoteles, en vez de limitarse a firmar la factura, como si fueran los
    dueños del local.

    Lo que no se puede hacer es culpar a los pobres de las deformaciones de
    un sistema creado por los hombres que los dirigieron durante medio
    siglo. Si ellos se llevan los laureles por los logros de la Revolución,
    justo es que también asuman sus errores.

    El periódico del Partido Comunista se lamenta de que "la Revolución fue
    desde sus inicios un torrente de justicia, que no siempre ha sido
    correspondido". Una vez Bertol Brech preguntó con ironía: "¿No sería más
    fácil que el gobierno disolviera al pueblo y eligiera un pueblo nuevo?".

    En realidad, durante décadas, en Cuba existió una especie de "contrato
    social". El Estado pagaba bajos salarios pero mantenía un nivel de
    precios acorde y garantizaba el acceso gratuito de todos a la seguridad
    social, educación, salud y deportes.

    El contrato terminó porque, en la crisis de los 90, el Estado fue
    incapaz de cumplir su parte. Parece una burla leer hoy en la prensa que
    en el socialismo cada cual recibe "según su trabajo", cuando Raúl Castro
    reconoció públicamente que los salarios son insuficientes.

    Es a raíz de esa insuficiencia que se populariza el robo como mecanismo
    para completar los ingresos. Resulta lógico que el gobierno quiera
    revertir esa tendencia pero para ello, irremediablemente, deberá mejorar
    salarios y pensiones.

    Algunos pasos en ese sentido ya se han dado, la liberación de los topes
    salariales, dinero extra a los que se quedan sin almuerzo laboral,
    apertura de comedores baratos para jubilados y ayudas materiales para
    los casos sociales.

    Sin embargo, solo el 25% de los trabajadores se ha beneficiado de estos
    cambios. Alfredo Vázquez dirigente de la central sindical acusó a las
    "direcciones administrativas" de ralentizar la reforma salarial para no
    "afectar sus ingresos personales".

    Es en ese sabotaje de la burocracia donde los periodistas encontrarán la
    causa de algunos de los más graves problemas del país. Pueden incluso
    profundizar más, pero para eso tendrán que armarse de valor y hurgar en
    las fallas de origen del modelo.

    Enfrentarse con los que tienen poder siempre es riesgoso pero sería
    mucho más profesional y honrado que andar diagnosticándole síndromes al
    pueblo.

    BBC Mundo – Cartas desde Cuba – Las culpas del pueblo (22 October 2009)
    http://www.bbc.co.uk/blogs/mundo/cartas_desde_cuba/2009/10/las_culpas_del_pueblo.html

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