La libreta del hambre
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    ¿El fin de 'la libreta'?

    La política de racionamiento actual no garantiza la ayuda a los sectores
    más necesitados de la población.

    Oscar Espinosa Chepe | 16/11/2009

    Cerca del 70,0% de los cubanos nacieron con posterioridad a la
    implantación de la Libreta de Racionamiento —sencillamente conocida como
    "la libreta"— en marzo de 1962. Actualmente, en la prensa oficial se
    debate la conveniencia de liquidar el injusto método distributivo que
    sólo "garantiza aproximadamente la mitad del consumo de calorías per
    cápita de los cubanos y cubanas", según el propio gobierno en el Segundo
    Informe sobre Cumplimiento de las Metas del Milenio enviado a Naciones
    Unidas, en julio del 2005.

    Habría que añadir que la proteína se garantiza en una proporción mucho
    menor, pues sus principales portadores se han reducido a niveles
    mínimos, con entregas mensuales de 230 gramos (1 onza = 28.75 gramos) de
    picadillo de carne mezclado con soya, 460 gramos de pescado con cabeza o
    316 gramos sin cabeza, 460 gramos de pollo sin deshuesar, 10 huevos,
    algunos gramos de carne en conserva —salchichas o mortadela— en
    dependencia de las disponibilidades. A esto se agrega 1 litro de leche
    diario a los niños hasta cumplir 7 años de edad. Respecto a las grasas,
    la venta mensual está limitada a 230 gramos de aceite comestible por
    persona.

    La mayoría de las personas consideran que aproximadamente el 50,0% de
    garantía de calorías declarado por el gobierno es mucho menor,
    considerando además que a partir del presente mes la papa y el chícharo
    dejan de ofertarse a través del racionamiento, para venderse en mercados
    regulados por el estado a precios considerablemente superiores.

    Una política más justa

    Como consecuencia, la libreta, cada vez más, no garantiza los alimentos
    a los sectores poblacionales necesitados, mientras subvenciona a
    personas que no precisan ayuda. Por ello, sería una política más justa
    establecer la solidaridad a quienes lo requieran y paulatinamente
    reducir las subvenciones, dejándola a determinados niveles para
    productos básicos como arroz, frijoles, leche, pan y quizás otros, como
    se hace en muchos países.

    A los consumidores que urgen del apoyo de la sociedad podría
    entregárseles bonos, incrementar las pensiones y salarios, en particular
    los más bajos, y elevar los montos destinados a la asistencia social,
    todo en dependencia de las posibilidades reales de la economía, y
    siempre con el objetivo de que los necesitados de ayuda puedan abandonar
    la dependencia mediante el incremento de sus calificaciones para que
    estén mejor preparados, y sin paternalismo eleven sus ingresos y
    autoestima, convirtiéndose en personas autosuficientes.

    La libreta, además de ser fuente de enormes cargas para la sociedad por
    las subvenciones, durante los pasados decenios ha representado mucho
    tiempo perdido a los ciudadanos, quienes sólo autorizados a comprar los
    productos racionados en la tienda asignada —donde en ocasiones han
    estado obligados a soportar estoicamente vejaciones y engaños—, deben
    esperar en colas, para que les anoten los artículos y les sean
    entregados a granel, en oportunidades sin mínimas condiciones higiénicas.

    Por consecuencia, este esquema causa la pérdida colectiva de miles de
    millones de horas potencialmente utilizables en otros menesteres por la
    ciudadanía. Paralelamente, todo esto ha sido fuente de corrupción. El
    sistema de anotaciones en la Libreta, a diferencia de los mecanismos que
    existieron en otros países donde hubo racionamiento mediante bonos, es
    totalmente incontrolable. Por ese camino, al final de mes los sobrantes
    de las entregas totales para la venta, en un alto porcentaje, son
    desviados para la comercialización ilícita.

    Burocracia y precios irregulados

    A esto coadyuva la enorme diversidad de precios de un mismo producto en
    el mercado, así como su oferta en divisas. Por ejemplo, las 7 libras de
    arroz vendidas mensualmente por racionamiento, se venden 5 a 25 centavos
    cada una y 2 a 90 centavos c/u. Mientras el mismo Estado en venta libre
    cobra 3.50 pesos la libra. Otros precios aún más elevados existen para
    el arroz en el mercado negro, que oscila entre 4.50 y 5 pesos la libra,
    y en ocasiones de mayor escases, más caro. En las tiendas de venta en
    divisas, el precio del arroz, usualmente de mayor calidad, puede
    alcanzar el equivalente de 12 pesos. Esto se reproduce en prácticamente
    todos los productos, lo cual deja un amplio margen para la especulación,
    con sólo desviar las mercancías destinadas a distribuirse mediante el
    racionamiento hacia el mercado libre.

    Asimismo, el sistema tiene un enorme aparato burocrático, organizado en
    las Oficinas Comerciales de Abastecimientos (OFICODAS) desde el nivel
    nacional hasta los barrios, con el objetivo de controlar la distribución
    de los productos racionados, aunque controla bastante poco y lo que
    promueve son innecesarias gestiones por parte de la población, con una
    consiguiente colosal pérdida de tiempo.

    La liquidación de ese aparato podría representar significativos ahorros
    y redundar en el mejoramiento notable de los servicios y la
    productividad en el área comercial, sin soslayar que las decenas de
    miles de empleados que hoy trabajan en este absurdo sistema de
    racionamiento, pudieran destinar su esfuerzo laboral a tareas útiles y
    con seguridad humanamente más gratificantes.

    La liquidación paulatina del racionamiento significaría un alivio a las
    difíciles condiciones de los cubanos y podría contribuir a la lucha
    contra los desequilibrios financieros y la dualidad monetaria. A su vez,
    debe quedar claro que el problema fundamental en Cuba no radica en la
    irracional distribución de los productos, sino en la ausencia de una
    oferta segura y de servicios de calidad, con precios acordes a los
    niveles de ingresos de la población: Estos objetivos son alcanzables
    únicamente mediante un incremento productivo gradual, eficiente y con
    altas tasas de productividad, a través de la transformación radical de
    un sistema socio-económico que en más de 50 años ha sido una barrera al
    desarrollo y la prosperidad nacional.

    En conclusión, aunque son de gran importancia los cambios en la esfera
    de la distribución de los productos y los servicios, mucho más
    indispensables resultan las radicales transformaciones a realizar —sin
    prejuicios absurdos— en la esfera productiva, lamentablemente bastante
    demoradas.

    © cubaencuentro.com

    ¿El fin de 'la libreta'? – Artículos – Cuba – cubaencuentro.com (16
    November 2009)
    http://www.cubaencuentro.com/es/cuba/articulos/el-fin-de-la-libreta-223214

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