La libreta del hambre
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    Economía
    La economía en su laberinto

    ¿Cómo pasar de un sistema ineficiente e intervencionista a otro basado
    en el respeto a los derechos de propiedad y el mercado?

    Elías Amor Bravo, Valencia | 23/11/2009

    En las últimas semanas, la situación económica en Cuba se deteriora por
    momentos.

    La alarma entre las empresas extranjeras que no pueden recuperar sus
    inversiones y se encuentran con sus fondos congelados en el Banco
    Central, se ha extendido con rapidez; lo mismo que las informaciones que
    apuntan al creciente malestar de la población por la desaparición de
    algunos productos básicos de la libreta de racionamiento y su
    imposibilidad de compra en los mercados agropecuarios existentes.

    Al final, el problema siempre vuelve a su origen. Un sistema económico
    comunista, de base estalinista, simplemente no funciona. Durante 50
    años, la usurpación del derecho legítimo de toda persona a la propiedad
    privada, y la eliminación de cualquier institución basada en la economía
    de mercado han dejado a la economía cubana al borde de su extinción, sin
    capacidad para crecer ni para afrontar los retos de un entorno
    internacional cada vez más complejo e incierto.

    Es fácil culpar al "embargo" o "bloqueo" de todos los problemas. Incluso
    al paso de los ciclones, como si Cuba fuera el único país del mundo
    afectado por estos meteoros. La propaganda y el discurso vacío de
    contenido pueden durar un cierto tiempo, pero al final, en Economía, los
    hechos terminan por imponerse y los datos contribuyen a reflejar y
    explicar lo que realmente sucede.

    Esta es la cuestión que se debe plantear el gobierno de Raúl Castro en
    materia de asuntos económicos. ¿Cómo transitar, y a la velocidad más
    rápida, de un sistema ineficiente, intervencionista y confiscatorio de
    derechos económicos, a otro basado en el respeto a los derechos de
    propiedad y el mercado?

    Varias son las dificultades que se plantean para la ejecución de esta
    estrategia. Sin olvidar la importancia que tiene despejar el marco
    represivo que a nivel político existe en el país —con derechos humanos
    confiscados a quiénes se atreven a disentir de la opinión única, del
    partido único o del sindicato único, y la necesidad urgente de vaciar
    las cárceles de presos políticos que luchan en el más rotundo
    aislamiento, por la del pueblo— los deberes en materia
    económica no son fáciles.

    Baja capacidad adquisitiva

    La primera restricción se encuentra en la muy baja capacidad adquisitiva
    de la población. Con un salario medio de 25 dólares al mes, sin poder
    aplicar una estructura de retribuciones en las empresas en función de
    los resultados porque el mercado no existe, y con los niveles de
    productividad más bajos de las economías de América Latina, cualquier
    opción por el mercado libre plantea muchas incertidumbres.

    Una solución a corto plazo podría ser eliminar la doble moneda en
    circulación, y facilitar el acceso de toda la población a todo tipo de
    bienes, pero esa decisión podría terminar estrangulando a la débil
    capacidad productiva de la economía, si no se liberaliza la producción y
    la distribución comercial. Otra solución podría ser entregar a la
    población bonos que aumentaran su capacidad de gasto a corto plazo para
    acceder a los mercados libres, cuyo desarrollo no se puede ver frenado
    por esa escasa capacidad de gasto. Pero tampoco parece que esta solución
    intervencionista vaya a dar resultados eficientes.

    Gasto público

    La segunda restricción se sitúa en la pesada y asfixiante carga del
    gasto público. No puede mantenerse una proporción superior al 50% del
    gasto del gobierno en el PIB de la economía. La producción de bienes y
    servicios se debe privatizar de forma rápida, trasvasando los derechos
    de propiedad a la población de forma ordenada, facilitando la entrada de
    capital extranjero en todos los sectores de la economía, generalizando
    la venta de empresas estatales por medio de subastas transparentes y
    públicas, y promoviendo la transferencia de tecnología para modernizar
    la obsoleta estructura productiva.

    En estrecha relación con este objetivo, se tiene que reducir el tamaño
    de la administración, procurando descentralizar los servicios básicos a
    los ayuntamientos y las entidades más cercanas al ciudadano. Suprimir
    las organizaciones de masas dirigidas por el partido único, y reducir el
    tamaño del ejército son otras prioridades para liberar recursos hacia
    actividades productivas.

    Derechos económicos y laborales

    La tercera restricción se encuentra en el ejercicio de los derechos
    económicos y laborales. Una vez que se autorice el libre ejercicio por
    cuenta propia de actividades empresariales, de todo tipo de empresas,
    hay que permitir la sindicación libre de los trabajadores, y establecer
    un marco de retribuciones que deje al estado fuera de su actual papel de
    empresa de trabajo temporal sobre todo hacia el capital extranjero.
    Modernizar el sistema de relaciones laborales, apostar por el diálogo
    social y el consenso, se convierte en una tarea fundamental a acometer
    cuanto antes.

    Recursos para la economía

    La cuarta restricción se encuentra en la necesidad de disponer de
    recursos para consolidar la posición internacional de la economía. Si
    Cuba es incapaz de generar los bienes y servicios que permiten a su
    población comer, vestirse, calzarse, deberá obtenerlos en otros países.
    Y para ello, deberá contar con los fondos necesarios para asumir los
    pagos. En caso contrario, la crecerá de forma explosiva. Hay
    quienes piensan en algún tipo de Plan Marshall para atender este grave
    problema de la economía cubana hasta que se liberalicen sus fuerzas y
    potenciales productivos, que los tiene, pero que el sistema económico
    impide aflorar.

    No creo que la tarea sea fácil. Tampoco considero que pueda ser
    realizada por Raúl Castro. Carece de credibilidad para afrontar los
    cambios, y mientras su hermano siga vivo, no podrá enfrentarse a sus
    enseñanzas y doctrinas, por mucho que en amplios sectores de la
    dirigencia política, ya nadie se cree lo de la "revolución" y demás. Los
    cambios que necesita la economía cubana deben empezar cuanto antes. La
    pérdida de tiempo juega en contra de los intereses de 11 millones de
    ciudadanos que merecen algo mejor que lo que tienen. Basta ya de culpar
    a los otros de los errores y fracasos cometidos.

    © cubaencuentro.com

    La economía en su laberinto – Artículos – Cuba – cubaencuentro.com (23
    November 2009)
    http://www.cubaencuentro.com/es/cuba/articulos/la-economia-en-su-laberinto-224795

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