La libreta del hambre
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    Cada empresa tendrá que negociar sus deudas

    Cuba regatea las promesas de Moratinos y agita el palo y la zanahoria de
    su 'corralito' con las empresas españolas

    La Habana no liberará los 600 millones de dólares bloqueados, son casi
    un "impuesto de crisis", sólo algunas cuentas si prorrogan sus negocios
    y amplían la fecha de pago por sus servicios al Estado

    Por primera vez Cuba busca inversiones ibéricas para infraestructuras
    públicas, descuenta cambios con en 2010 e intenta hacer de las
    empresas españolas los 'caballeros blancos' para los dólares
    Ana Zarzuela.- Le prometió a Moratinos despejar los fondos bloqueados,
    acelerar el calendario para que los empresarios españoles que esperan
    desde enero puedan tocar por fin los 600 millones de dólares congelados
    en los bancos cubanos. A cambio del estirón de la FAD, el Gobierno
    cubano dejaría sobre la bitácora bilateral garantías para los que aún
    son los primeros inversores en el Isla. Pero la Habana le marca ahora
    las líneas rojas de los olvidos al ministro de Exteriores en las
    espaldas de los inversores españoles. No harán excepciones a la "difícil
    situación económica de la Isla" ni por los segundos inversores del país
    ni por nadie, a pesar de que aseguró que las empresas españolas serían
    las últimas afectadas si los rumores se materializan y el Gobierno tiene
    que cerrar las cuentas pendientes con descuentos o una demora del plan
    de pago a varios años. Ni el nuevo informe de la patronal española con
    presencia en Cuba -que ya tiene Raúl Castro en su mesa desde el 15 de
    diciembre-, ni el adiós a la temporada de huracanes sin haber tenido que
    acudir al fondo de emergencia (al que se podría recurrir ahora) ni menos
    aún la rebelión de las sociedades multinacionales a las puertas del
    ministro de Exteriores desbloquean el que para los inversores españoles
    es ya el peor contencioso comercial con Cuba en una década. Los Castro
    necesitan aliados, no sólo para sus planes de infraestructuras públicas.
    El mensaje se ha hecho llegar a los bancos (Cuba estudia abrir la puerta
    de su sistema financiero y las remesas a las entidades con un pie en
    EEUU), a las empresas turísticas y a las comerciales: el que se mueva no
    sale en una foto que pasa por hacer de puente a EE UU. La apertura
    llegará -quieren creerlo en La Habana- antes de lo previsto y cuentan
    con las españolas, que ya acogen en su accionariado el mayor porcentaje
    de capital norteamericano. Pero este año se ha cerrado sin que por
    primera vez, ni siquiera se haya reunido el Comité Empresarial Hispano
    Cubano en la Habana. La diplomacia caribeña reconoce a media voz que
    entre las filas oficiales dentro de la isla, los fondos bloqueados se
    consideran semejantes a un "impuesto de crisis" para las empresas
    foráneas, "después de años de beneficios". Pero para Moratinos y De la
    Vega es sólo un "problema menor", nada de represalias. Responden a los
    empresarios con los mismos argumentos de Raúl Castro: es sólo cuestión
    de tiempo y se niegan a intervenir como Berlín, facilitando
    créditos-puente temporales o vinculando la condonación de a la
    liberación de las divisas pendientes.

    En el Palacio de Santa Cruz tratan de que al menos parte de la pelota
    pase al Ministerio de Industria, ahora que la reforma de los créditos
    FAD los ha escindido de los FEIM para la internacionalización. Y deja a
    las empresas en el cuerpo a cuerpo, de una en una, frente a una
    negociación con las autoridades cubanas que por ahora, se salda en el
    'vuelva usted mañana'. El desfile de las grandes multinacionales en la
    Comisión del Senado sobre las inversiones españolas en Latinoamérica
    (que debía haber presentado ya sus conclusiones en diciembre) al menos
    le ha sacado los colores de la sintonía diplomática al Palacio de Santa
    Cruz. A las puertas de la presidencia de turno de la UE, las
    asociaciones de empresarios en la Isla de los Castro aspiran al menos a
    que 'el corralito' cubano esté encima de las negociaciones con Bruselas,
    como defienden París, Berlín y los miembros centroeuropeos, que aceleran
    las presiones diplomáticas y han otorgado una moratoria de la deuda con
    sus gobiernos, pero condicionada al pago de las obligaciones pendientes
    con sus empresas.

    La Habana quiere acceso a la UE, pero no menos que a Barack Obama y las
    inversiones estadounidenses: ahora que Washington estudia flexibilizar
    el embargo y ha comenzado a dar luz verde a algunas inversiones en la
    Isla, Cuba promete a las empresas españolas hacer de ellas
    'introductores de embajadores' de los dólares que no puedan llegar
    abiertamente a la Isla, o al menos aliados privilegiados si el
    desembarco de las inversiones comienza. La administración cubana
    descuenta que habrá cambios comerciales con EE UU en 2010 y busca bajo
    la mesa hacer de las empresas mixtas y sobre todo las mayores de las 300
    españolas los caballeros blancos para los dólares americanos: apunta a
    Repsol YPF, Sol Meliá, Telefónica u OHL antes que a Accord, Nestlé o
    Pinard. Pero aún sólo se piensa la puerta abierta a remesadoras desde
    los bancos españoles en EE UU. Hasta ahora, los dólares y las sociedades
    americanas ya pueden tener participación con menos del 50% en sus
    operaciones en la Isla, pero la diplomacia caribeña da por seguro que
    las costuras de las restricciones estadounidenses se flexibilizarán.
    Intentarán a partir de febrero estirar las costuras de un nuevo paisaje
    comercial, más allá de la decisión norteamericana de impulsar el
    comercio agrícola con la isla y de la concesión recién obtenida de manos
    de Obama que permite al gobierno cubano demorar los pagos de las
    importaciones desde el vecino del Norte (que se han rebajado ya un 27%
    en el último año) al menos hasta que lleguen a la Isla. El objetivo de
    la Habana es que se permitan además créditos y el pago a través de
    instituciones financieras cubanas.

    INVERSIONES Y PUENTE A NUEVOS DÓLARES

    La administración de Raúl Castro hace de sus necesidades virtud y de sus
    zozobras, un arma de negociación. Al menos, lo intenta. Con el nuevo
    boom de la construcción y las infraestructuras que intenta potenciar en
    la mano mira a los más de 600 millones de dólares de pagos comerciales
    a empresas españolas retenidos desde hace meses en la Habana por el
    Banco Financiero Internacional pendientes de cobro y repatriación y a
    los millones de divisas retenidos por el 'brazo' bancario del gobierno
    cubano. Por ahora, no volverán a latitudes españolas, aunque sus
    matrices trataban de anotar su contribución a los dividendos de fin de
    año. Ni siquiera aunque el gobierno de los Castro sabe -la patronal se
    lo acaba de recordar- que sin sus dólares comienzan a tener problemas de
    importación y suministros y decenas de medianas empresas tienen ya en
    peligro su operatividad en la Isla. La administración cubana sólo entona
    el mantra de la calma. Pero después de la respuesta a Moratinos, ha
    vuelto a la casilla de salida, negocia de nuevo con todas las cartas
    sobre la mesa: exige a Exteriores un nuevo informe de deudas y de
    damnificados por el 'corraliro' para comenzar a evaluarlo. Un paso que
    las empresas se niegan a repetir, pero que Miguel Ángel Moratinos ha
    accedido a ejecutar a cambio de 'buena cara' de La Habana si España
    capitanea este semestre algún intento por cambiar la posición común de
    los Veintisiete hacia la Isla. Aunque sea a costa de reconocer que los
    números no le salían: Exteriores reclamaba 250 millones pendientes
    cuando sólo las empresas gallegas tienen ese volumen de fondos
    bloqueados en la banca pública cubana.

    Lo único que se comparte, de lado y lado, es el objetivo de "seguir en
    la Isla hasta el día después". La consigna extraoficial de la diplomacia
    cubana es no dejar que se retire ni un español, pero mano dura para los
    que levanten la voz. Se lo han demostrado ya (tras su discurso en la
    reciente Feria de La Habana) a Víctor Moro, el presidente de la
    asociación patronal española en la Isla y principal proveedor del
    mercado hotelero de todo el Caribe, con la amenaza -adelantada por
    Alanacubana- de que tendrá que sacar su inventario, cerrar sus oficinas
    y dejar la Isla con el adiós a su sociedad Vima si no bajan las lanzas
    de sus negociaciones.

    Hasta ahora, el pacto que se admite es el de la luz verde al goteo de
    las divisas a cambio de prolongar las fechas de pago del Estado. Las
    empresas españolas cruzan los dedos: la venta de sus productos al Estado
    cubano pasó de 232 millones de euros en 1994 a los más de 660 millones
    en el último año y Cuba es el tercer cliente de España en América
    Latina, sólo por detrás de México y Brasil. Tendrán que seguir mirando
    al Cesce para compensar los pagos en el plazo acordado. España es uno de
    los países con mayor presencia económica en la Isla -sólo igualada por
    o - y no quiere perder su buena posición de salida. Menos
    aún ahora que, año a año, disminuye el número de empresas mixtas en la
    Isla caribeña. Es la Cámara de Comercio la primera que defiende que las
    españolas tienen ventajas y posicionamiento "difícilmente sustituibles"
    después de más de una década de cuerpo a cuerpo con las autoridades
    cubanas, sobre todo en , el suministro eléctrico y la pequeña
    maquinaria.

    MÁS CRÉDITOS Y CAMBIO DE ALIADOS

    Pero ahora que llega la hora de la verdad y se plantean la competencia,
    las inversiones, o simplemente la inercia, las empresas españolas, las
    mismas a las que hace dos meses el ministro de la Nuez les pedía más
    inversión en el Comité Bilateral de Cooperación, las mismas que siguen
    sosteniendo el baluarte de los primeros inversores en tierras cubanas,
    han advertido ya a los Castro lo mismo que el Comité Empresarial
    Hispano-Cubano: Cuba necesita más inversión extranjera, pero no será a
    cualquier precio. Que el año cierre con 258 negocios con capital
    extranjero, -en su mayoría asociaciones económicas internacionales- 56
    menos que en 2008 y 120 en cartera, no es nada que sorprenda a los
    inversores españoles, que aún le ponen apellidos a la mayoría de ellas
    en el turismo, la energía o la minería. Efectos del embargo, dice el
    discurso oficial. Otra cosa es que lo haga, por primera vez en la
    historia, con más asociaciones productivas con Venezuela y China y
    Angola que con España y con Caracas y Pekín ya como sus principales
    socios comerciales. Sólo en el último trimestre, Castro ha 'engendrado'
    ocho empresas mixtas con Hugo Chávez, que hace ondear a los ojos de las
    españolas. Lo de las inversiones es otro asunto. Hasta los constructores
    que se reunieron con la ministra reconocieron, tras sus 'ofertas', la
    mano de sus urgencias, ahora que Brasil, en el mejor de los casos, sólo
    quiere financiar el 50% de sus proyectos.

    La Habana traspasa las líneas rojas con las inversiones españolas: por
    primera vez: con la bandera de que "Revolución es construir", una
    delegación del gobierno cubano ha paseado sus argumentos y sus planes de
    infraestructuras públicas, parques temáticos, campos de golf o viviendas
    sociales por la península para atraer, a domicilio, a las constructoras
    españolas a la Isla. Pero le han dado la espada de los recelos a la
    primera misión oficial en busca del know how y los euros ibéricos. Ni la
    falta de contratos internacionales en obra civil cubana, ni las zozobras
    financieras que rodean a los proyectos aún borrosos -en España sólo
    trataron de 'vender' el `puerto de el Mariel y el de Cienfuegos y La
    Habana. Menos aún las huellas de los escasos precedentes: la presencia
    de las grandes empresas de ingeniería y construcción españolas ha sido
    casi testimonial y algunas como OHL -que como adelanta Cinco Días aún no
    ha conseguido consumar dos proyectos pendientes- más que suficiente.

    El Gobierno de Castro -que no puede recurrir ni al FMI, ni al BM ni a
    otras instituciones internacionales que alimenten su liquidez- ha
    evitado declarar la insolvencia, cumpliendo los pagos de su deuda con
    algunos Gobiernos extranjeros, permitiendo que algunas empresas
    extranjeras transfieran fondos y prometiéndole a todos los demás que la
    ayuda está en camino. Pero hay miedo, tanto como urgencia de liquidez. A
    la vista del descenso del turismo y las remesas, el gobierno de Raúl
    Castro trata de estrechar el lazo a las divisas. En junio, comenzó a
    disolver la corporación estatal Cubalse, que desde 1962 tenía una amplia
    red comercial y prestaba servicios inmobiliarios y de personal a
    diplomáticos y empresarios extranjeros cobrando en dólares. La
    Administración cubana se ha lanzado desde agosto a una ofensiva para
    aumentar la recaudación fiscal, con las empresas en el punto de mira.
    Las entidades financieras locales ya han dejado de aceptar "depósitos o
    extracciones en efectivo en las cuentas corrientes de personas jurídicas
    extranjeras radicadas o no en Cuba y de empresas mixtas u otras formas
    de asociación económica internacional".Los bancos podrán tomar las
    represalias que consideren necesarias en caso de que se produzcan
    operaciones "sospechosas" o ligadas al lavado de dinero. Y El Comité de
    Aprobación de Divisas (CAD), un órgano creado en 2005 para llevar a cabo
    la aprobación de las operaciones de gasto que tenía que realizar el
    Banco Central, sin llegar a ser disuelto, había ido dejando de operar
    paulatinamente.

    La 'crisis de la liquidez' ya le costó al Gobierno de Castro la salida
    de Soberón -el inventor del "ahorro o muerte"- como ministro y no están
    dispuestos a excepciones, ni siquiera con España, aunque despeje sus
    caminos a la UE. Menos ahora que está al borde de la insolvencia y que
    estudia nuevos regulaciones que estrechen aún más con nuevos reglamentos
    bancarios. Pero el 'círculo vicioso' de las necesidades cubanas ya ha
    comenzado a estrecharse: en julio, las autoridades permitieron el acceso
    a las cuentas, a condición de que los empresarios continuasen haciendo
    negocios en la Isla, además de ampliar la fecha de los p
    agos de los 360
    días hasta los 720 días, pero muchos pagos no han llegado aún, ni
    siquiera a cambio de los nuevos suministros. Ni palabra sobre el plan de
    racionamiento energético que el Gobierno cubano impulsa desde junio y
    que -además de la amenaza de cortar el servicio eléctrico a las empresas
    que no cumplan las "medidas excepcionales"- afecta ya a las españolas,
    con la producción cortada desde las 18.00 horas de cada día. Cuba bajó a
    un 2% su meta de crecimiento de la economía en 2009, cuatro puntos menos
    de lo previsto, y se enfrenta a la urgencia de ahorrar recursos y
    energía bajo la amenaza de un retorno de los apagones, tras un
    sobreconsumo equivalente a 40.000 toneladas de petróleo. Importa el 84%
    de los alimentos que consume y ya en 2008 tuvo que desembolsar 2.554
    millones de dólares por ellos, 1.000 más que el año anterior.

    Moratinos seguirá estirando las costuras de los créditos FAD: la
    cooperación española con Cuba ya pasó de 17 millones de euros a 32
    millones en 2008, cerrará 2009 con 34 millones y promete subir de nuevo
    en 2010 muy por encima del 10% del total de la cooperación que baraja el
    Palacio de Santa Cruz. Por si las dudas, las últimas 'reflexiones' del
    comandante en Cubadebate se lo dejaron bien clarito a la galería: Cuba
    no es Argentina y la fiebre de Cristina Fernández por darse un baño de
    crédito internacional y volver al redil del FMI no es contagiosa en el
    Caribe. La culpa, a los ojos de Raúl Castro, ahora que los vientos de
    los últimos huracanes -a los que les achacan 1.000 millones de dólares
    en pérdidas- ya están lejos, la tiene el embargo estadounidense. Ya se
    sabe. Cuba encabeza la lista roja del Club de París el Banco Mundial, el
    Fondo Monetario Internacional, el Banco Interamericano de Reconstrucción
    y Desarrollo y cuanta entidad internacional se le ha puesto a tiro. No
    es para menos, con 15.000 millones de dólares pendientes, de ellos la
    mitad inmovilizados, sin reestructurar desde 1986. En Moncloa han tomado
    nota: los más de 1.600 millones de euros de la deuda cubana -el 51% del
    total de la española- seguirán en el limbo, ya Zapatero en 2007 encargó
    un estudio para ir condonándola y sólo espera el momento adecuado para
    poner en marcha su ejecución, como hizo con Bolivia en septiembre.

    Intelligence & Capital News Report (30 December 2009)
    http://www.icnr.es/articulo.php?n=091230000345

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