La libreta del hambre
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    El hombre y su dieta
    Tuesday, February 22, 2011 | Por Gladys Linares

    LA HABANA, Cuba, febrero (www.cubanet.org) – El hombre se sometió a
    varios análisis ordenados por el médico del Instituto Nacional de
    Oncología y Radiobiología. Días después, regresó a la consulta para
    conocer el resultado. El oncólogo le puso tratamiento e indicó una dieta
    especial. Para poder comprar los alimentos, necesitaba un certificado
    con el cuño del y la firma del director u otro funcionario de
    peso. Recogería el papel en diez días.

    El hombre pensó que el siguiente trámite sería en la Oficina del
    Registro de Consumidores (OFICODA), pero allí le orientaron dirigirse al
    consultorio médico, ya que este era el autorizado para darle curso a la
    dieta.

    El hombre no comprendía. Si el médico de la familia no conocía su caso,
    ¿cómo podía saber si necesitaba alimentarse mejor? De todos modos, hizo
    la cola y le entregó el certificado. Entonces, el doctor de la posta
    médica le dijo que regresara a recoger la dieta la semana siguiente.

    Cuando regresó, después de volver a hacer la cola, nada se había hecho
    porque su historia clínica no aparecía. Primero pensó no volver al
    consultorio, pero no podía perder la dieta, que le permitiría reforzar
    su alimentación deficiente. Tuvo que, prácticamente, perseguir al
    médico, que al fin, le construyó una historia nueva. Pero todavía se
    necesitaba la firma del director de la policlínica, así que tendría que
    volver la próxima semana.

    Al cabo de un mes de idas y venidas, el hombre, con su dieta legalizada,
    regresó a la OFICODA para asentarla en la libreta de racionamiento. Allí
    le entregaron un vale para la leche y otro para el pollo, que debía
    comprar en la bodega piloto por ser el primer mes de la dieta.

    El hombre rezaba para que lo que pudiera comprar a través de la dieta,
    justificara tantas molestias. Soñó con una canasta sustanciosa que le
    permitiera alimentarse bien. La empleada de la bodega lo sacó de dudas.

    -No te embulles, con la dieta que te autorizaron sólo puedes comprar
    mensualmente una libra de pollo, un kilogramo de leche entera en polvo y
    diez libras de plátano burro, y si te pones de suerte, alguna vez te
    tocarán diez libras de malanga.

    http://www.cubanet.org/articulos/el-hombre-y-su-dieta/

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