La libreta del hambre
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    LA SUBIDA DEL PRECIO DE LOS ALIMENTOS ANUNCIA EL MAL DE LA INFLACIÓN
    15-02-2011.
    Elías Amor
    Economista

    (www.miscelaneasdecuba.net).- El régimen castrista no para de dar
    sobresaltos, día sí, día no. Ahora nos llegan las informaciones sobre la
    decisión de liberalizar la venta de azúcar, lo que ha supuesto el
    aumento inmediato del precio de este producto, cuya venta a través de la
    libreta de racionamiento se venía realizando desde 1962.

    Ya hemos señalado, en alguna ocasión anterior, que estas decisiones
    administrativas de liberalizar la venta de productos, sin la existencia
    de un mercado interno sólido que funcione de acuerdo con las leyes de la
    oferta y la demanda, no pueden causar más que daños a la situación
    económica de los cubanos.

    Vayamos por parte. Primero hay que preguntarse por qué se liberaliza el
    precio del azúcar y su venta y ahora mismo. La nota oficial en "Juventud
    Rebelde" apunta a que el objetivo es beneficiar a los cuentapropistas.
    Falso. En ninguna de las 178 calificaciones ocupacionales que han
    regulado las nuevas actividades permitidas dentro de ciertos márgenes de
    , aparece la producción de azúcar. Entonces, si la producción no
    es libre, es decir, si la oferta no se puede ajustar de forma
    automática, ¿qué sentido tiene liberar la demanda? Que alguien lo
    explique para poder comprender, de una vez, qué se pretende hacer por el
    régimen en Cuba con estas decisiones alejadas de la realidad.

    Si los vendedores por cuenta propia no observan que sus existencias de
    producto aumentan al mismo tiempo que lo hace la demanda, subirán
    nuevamente los precios. La amenaza de la inflación es mucho peor que la
    incompetencia de los responsables de la gestión de la economía cubana.
    Si se desatase un proceso de elevación generalizada de los precios, las
    carestías harían aumentar las protestas de la población y, entonces,
    cabría esperar cualquier tipo de desenlace para el régimen.

    Por otra parte, si los nuevos establecimientos de gastronomía se ven
    obligados a comprar el azúcar más caro, trasladarán este alza de precios
    a sus productos alimenticios, lo que reducirá su atractivo para la
    demanda. Muchos turistas pueden descubrir que comer en un cubano
    puede resultar más caro que hacerlo en otros establecimientos turísticos
    que pueden diversificar sus suministros.
    Por todo ello, las alzas de precios que ha acordado el gobierno, que
    deben ir ajustando la oferta y la demanda, no se han realizado en el
    mejor momento, por mucho que se prepare y anuncie una buena cosecha de
    azúcar. Habría que haber prestado más atención a la oferta y la
    distribución mayorista, liberalizando plenamente este segmento de la
    cadena de valor.

    Supongamos que la producción aumenta y que efectivamente la oferta de
    azúcar crece, ¿quién se encargará de trasladarla a los puntos de venta?
    ¿La ineficiente Acopio? ¿Las cooperativas? Estos desajustes en la
    distribución y la logística provocados por un régimen que no desea que
    la actividad de los intermediarios mayoristas se ejerza por la
    iniciativa privada, y seguir reservándose ese renglón de la economía
    para el control político estatal de la misma, son una espada de Damocles
    para el despertar de la actividad económica emprendedora en Cuba, y una
    amenaza para su viabilidad futura.
    Pero es que además, objetivamente, no se pueden aceptar aumentos de
    precios como los que anuncia "Juventud Rebelde". En ningún país del
    mundo, en ninguna economía salvo en períodos concretos durante la
    dramática República de Waimar en Alemania, un producto puede ver como se
    incrementa su precio en más de un 3.000%, pasando del actual centavo de
    dólar la libra por cartlla a los 0,30 que se anuncia.

    Alguien tendrá que dar alguna explicación para justificar este
    despropósito, que lo único que puede conseguir es deteriorar más aun los
    desequilibrios internos de la economía cubana tras décadas de estalinismo.

    La cartilla de racionamiento es un instrumento deplorable, y su
    eliminación debería ser un síntoma de normalización económica y de
    libertad en Cuba. Con ella, desaparecerían los sufrimientos cotidianos
    de muchas familias cubanas, pasando todo tipo de privaciones y miserias
    durante casi 50 años. Pero no es posible dar el carpetazo a un modelo
    perverso, como es la cartilla, sin adoptar medidas que favorezcan la
    adaptación progresiva de la economía al mercado, a las leyes de la
    oferta y demanda hacia las que se debe orientar cualquier proceso de
    reforma.

    Si esto se hiciera bien, no debería haber motivo alguno para alzas de
    precios, escaseces o cualquier otro tipo de problemas. Pero el régimen
    ha empezado la casa por la ventana y con muy limitado conocimiento de
    cómo funciona la economía: el desastre está anticipado. Ya se anuncia,
    igualmente, la subida del precio del arroz, que verá como se adapta al
    mercado internacional también en poco tiempo, con aumentos que no se van
    a poder soportar por las familias que lo convierten en su dieta básica.

    La situación es tan complicada que, además, se anuncia que el pasado
    2010 las exportaciones agrícolas de a Cuba bajaron un 31%
    hasta los 366 millones de dólares (270 millones de euros), según ha
    informado el Consejo Económico y Comercial Estados Unidos-Cuba.

    Si se tiene en cuenta que la mayor parte de ese comercio se refiere a
    alimentos que la economía castrista no es capaz de producir con sus
    propios recursos, como pollo, maíz, soja, trigo y cerdo, mal escenario
    cabe anticipar para la demanda de consumo en la Isla.

    Con menos oferta que llevar a los establecimientos de venta al público,
    y precios al alza, la crisis está abierta.
    Hay quiénes podrían pensar que detrás de esta manipulación no hay más
    incentivo que volver atrás las medidas liberalizadoras. No las tengo
    todas conmigo. Si los cambios anunciados se realizaran efectivamente,
    veo difícil recentralizar la economía como en el pasado. Pero con estos
    elementos, cualquier cosa es posible. En cualquier caso, mal ambiente se
    prepara en las calles de Cuba ante el próximo Congreso del partido
    único. Ya veremos cómo acaba la fiesta.

    http://www.miscelaneasdecuba.net/web/article.asp?artID=31276

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