La libreta del hambre
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    ¿Un chino porvenir?

    ¿Será posible una Cuba donde se concilien el espíritu emprendedor y el
    control, el recorte de las garantías sociales y la supervivencia de una
    nomenklatura parasitaria?

    Luis Manuel García Méndez, Madrid | 19/01/2011

    El 3 de julio de 1941, después de diez días sumido en un estupefacto
    silencio, Stalin hizo su primer llamamiento a la defensa del país. No se
    dirigió a los comunistas, ni siquiera a los ciudadanos soviéticos.
    "¡Camaradas!, ¡Ciudadanos! ¡Hermanos y Hermanas! ¡Hombres de nuestro
    Ejército y nuestra Marina! ¡Me dirijo a vosotros, mis amigos!" era el
    encabezamiento de su discurso. Tras las purgas, los asesinatos y el
    Gulag, dirigirse a sus partidarios o a los comunistas en general habría
    rebajado la capacidad de convocatoria. Tampoco llama a la defensa del
    comunismo, del socialismo o del estalinismo, palabras cuidadosamente
    omitidas. Su llamamiento explica que esta guerra "por la de
    nuestro país se mezclará con la de los pueblos de Europa y América por
    su independencia, por las libertades democráticas. Será un frente unido
    de pueblos defendiendo la libertad y contra la esclavitud". Homologa la
    lucha de los rusos con la del resto de Europa y América en nombre de una
    libertad y una democracia de la que los rusos carecían, y contra la
    esclavitud que, sin dudas, impondrían los nazis. Basta un análisis
    lexicográfico elemental para detectar la intencionalidad política del
    discurso, y cómo, en una situación de vida o muerte, se han evitado
    escrupulosamente las palabras que vertebraban la retórica clásica del
    estalinismo.

    Durante el último cuarto del siglo XX, se puso de moda entre algunos
    lingüistas la Lexicometría, el análisis estadístico de los textos, que
    aún emplean los servicios de inteligencia, los programas para la
    interceptación de mensajes y conversaciones, y algunos filólogos que
    aspiran a dotar al análisis textual de cierta probidad matemática. Y,
    sin dudas, cuando se trata de analizar un texto no literario puede
    arrojar interesantes resultados que, desde luego, deberán ser
    corroborados (o no) por el análisis de significados.

    Aunque el título no invita, he leído con atención el Proyecto de
    Lineamientos de la Política Económica y Social
    (http://www.cubadebate.cu/wp-content/uploads/2010/11/proyecto-lineamientos-pcc.pdf)
    publicado por el Gobierno cubano a fines el año pasado, y ha sido
    sumamente instructivo. En la parte introductoria podemos leer que "Sólo
    el socialismo es capaz de vencer las dificultades y preservar las
    conquistas de la Revolución", y que "en la actualización del modelo
    económico, primará la planificación y no el mercado". Se aclara que "el
    socialismo es igualdad de derechos e igualdad de oportunidades para
    todos los ciudadanos, no igualitarismo", aunque ello parafrasea la
    constitución estadounidense. Tras esa introducción, esperamos la
    inflamada retórica habitual donde la economía se supedita a la política.
    Si practicamos el experimento lexicográfico a ver qué texto nos espera,
    el resultado es, cuando menos, curioso.

    La palabra "patria" no se menciona, y las palabras "revolución" y
    "socialismo" sólo aparecen dos veces en 32 páginas. Aunque el título
    habla de política económica y social, la palabra "ciudadano" aparece
    sólo dos veces y 16 la palabra "inversionista"; "derechos", una vez;
    "obligaciones", 4, y los términos recaudatorios: "tributario" o
    "impositivo", 6. "Satisfacer las necesidades de la población" se
    menciona una vez, el término "necesidades", 4, y 13 veces la palabra
    "consumo". En cambio, "capital", o "capitalización" aparecen en 15
    ocasiones. ¿Qué capital? "Pesos cubanos", 3; "pesos convertibles", una,
    y "divisas", 10. "Internacional" se repite 26 veces, contra 23
    "nacionales" y, al menos en el papel, las 40 "exportaciones" superan a
    las 38 "importaciones". Aunque en la Cuba futura primará la
    "planificación", palabra que aparece 13 veces, sobre el "mercado", esta
    última se repite en 27 ocasiones, a una por página, o casi.

    Con estos antecedentes, nos adentramos en el texto que empieza culpando
    de la situación actual a la crisis mundial, la pérdida del 15% en el
    poder de compra de las exportaciones entre 1997 y 2009, el bloqueo,
    desde luego; los huracanes y la sequía, aunque reconoce "baja
    eficiencia, descapitalización de la base productiva y la
    infraestructura", el déficit de la balanza de pagos, y el elevado monto
    de los vencimientos de la , así como "las tierras todavía ociosas,
    que constituyen cerca del 50%". Quienes dirigen la economía cubana desde
    1959, cuando era solvente, sin deuda y con una balanza de pagos
    favorable, no son culpables de sus descalabro, sino el pueblo,
    envejecido y estancado en su crecimiento poblacional, habituado a
    gratuidades, subsidios y paternalismo estatal que ahora serán
    erradicados. También se impone "incrementar la productividad del
    trabajo, elevar la disciplina y el nivel de motivación del salario y los
    estímulos", pero tampoco se aclara quién los desestimuló en su momento.

    Lo primero que llama la atención es el énfasis relativo. Aunque se
    anuncia la intención de "preservar las conquistas de la Revolución", el
    documento dedica tres páginas a las políticas sociales y el resto a las
    políticas económicas, con un acento especial en las políticas económicas
    externas, la macroeconomía, las exportaciones y el que, en
    total, ocupan casi la mitad del texto.

    En general, sus lineamientos ponderan aquellas vías que, efectivamente,
    pueden reconducir la economía cubana, abierta e interdependiente, hacia
    una feliz reinserción en la economía mundial. Se hace énfasis en
    "Continuar propiciando la participación del capital extranjero" (acápite
    89)[1] y que éste otorgue "acceso a tecnologías de avanzada, métodos
    gerenciales, sustitución de importaciones, y no menos importante:
    satisfacer las necesidades de la población" (90), así como "Favorecer la
    diversificación en la participación de empresarios de diferentes países"
    (94). La monogamia económica con , la Unión Soviética y
    en menor medida han sido funestas para el desempeño de la
    economía cubana. De momento, el texto no menciona la posibilidad de
    ofrecer un espacio a inversionistas cubanos del que aportarían no
    sólo capital, "tecnologías de avanzada y métodos gerenciales", sino un
    particular conocimiento de la realidad cubana pero desde una óptica
    globalizada.

    Las estrategias de desarrollo, sin olvidar las exportaciones
    tradicionales cuya eficiencia deberá aumentarse, apuestan
    por
    producciones de alto valor añadido, especialmente la industria
    médico-farmacéutica y la informática. En ese sentido, Cuba cuenta con
    una mano de obra altamente calificada, un recurso que se filtra día a
    día hacia el exilio por falta de oportunidades y que, en los últimos
    años, dadas las limitaciones en el acceso a la educación superior (que
    se anuncian mayores en el futuro) no se repone a la misma velocidad que
    se pierde. Ha sido muy confortable gobernar durante medio siglo sin
    oposición ni prensa independiente y, sobre todo, sin la presión de
    cumplir un programa en menos de cuatro años y rendir cuentas a los
    electores. Ahora, de la agilidad con que se redireccione la economía
    cubana dependerá su destino: Corea del Sur o Guatemala.

    Aunque la perspectiva es "orientar el desarrollo industrial, como
    dirección fundamental, hacia el fomento de las exportaciones, reduciendo
    su componente importado" (197), según el modelo chino, se apuesta
    también por "alternativas de financiamiento mediante la inversión
    extranjera de aquellas industrias no exportadoras pero que aseguren
    producciones esenciales a la economía o en la sustitución de
    importaciones" (99). De nada valdría apostar por sectores de alto valor
    añadido si lo obtenido se pierde como consecuencia de un sistema
    férreamente centralizado de decisiones, importaciones masivas de
    alimentos y otros rubros que el país puede producir con sólo aflojar las
    ataduras a los productores y modificar un fosilizado sistema de
    relaciones mercantiles. Por eso el acápite 167 propone la "utilización
    más efectiva de las relaciones monetario-mercantiles (…) promover una
    mayor autonomía de los productores (…) una gradual descentralización
    hacia los gobiernos locales"; "descentralizar el sistema de gestión
    económica y financiera" (168); "independizar las distintas formas de
    cooperativas de la intermediación de las empresas estatales" (169).
    Aunque se subraya que el Estado regulará "la cantidad de dinero en
    circulación y los niveles de créditos" (52) y "se mantendrá el carácter
    centralizado de la determinación de las políticas y del nivel
    planificado de los precios de los productos y servicios que estatalmente
    interese regular" (62). Lo cual ocurre en no pocos países. La pregunta
    es si apostarán por encontrar el punto de equilibrio entre la
    planificación y el mercado, o recaerán en el rígido e ilusorio
    determinismo del Gosplan y la Junta Central de Planificación, dado que
    "el sistema de planificación socialista continuará siendo la vía
    principal para la dirección de la economía nacional" (1).

    Respecto a la , además de acelerar el traspaso de ese 50% de
    tierras ociosas (176), proponen "adecuar la producción agroalimentaria a
    la demanda y la transformación de la comercialización (…) limitando la
    circulación centralizada para aquellos renglones vinculados a los
    balances nacionales; otorgando un papel más activo a los mecanismos de
    libre concurrencia para el resto de las producciones" (170);
    "reestructurar el actual sistema de comercialización de los insumos y
    equipamiento" (171); "modificar el sistema de acopio y comercialización
    de las producciones agropecuarias mediante mecanismos de gestión más
    ágiles" (172). Y el acápite 177 anuncia que "la formación del precio de
    la mayoría de los productos responderá a la oferta y la demanda y, como
    norma, no habrá subsidios". ¿Resolverá eso de una vez los graves
    problemas de la agricultura cubana? Dependerá del grado de libertad que
    se conceda al nuevo campesinado, lo atractivo que resulte el regreso a
    la tierra y siempre que los precios de los insumos y el sistema
    impositivo no los ahoguen antes de nacer. En tal caso, Cuba seguirá
    comprando lechugas en Canadá, pollos en Kentucky y mangos en Dominicana
    para abastecer a la población y a un turismo que continuará sin ser el
    motor de producciones subsidiarias.

    El documento se refiere también a los factores medioambientales, a la
    eficiencia energética, y apuesta por el uso de energías alternativas,
    así como el empleo racional de los recursos hidráulicos (incluyendo "el
    reordenamiento de las tarifas del servicio") (282).

    La experiencia demuestra que una mano de obra laboriosa,
    calificada (más, proporcionalmente, en el caso de Cuba) y sin derechos
    es muy atractiva para el capital, que es escurridizo, oportunista y que
    en un mundo globalizado cuenta con más derechos migratorios que las
    personas. Los chinos supieron seducirlo colgando mil millones de obreros
    potenciales en el anzuelo, hasta que hoy, en una situación de dominio,
    son ellos quienes se dejan seducir. Por eso es llamativo encontrar en
    este documento, racional en sus lineamientos esenciales, un exabrupto
    totalitario: "Aplicar el principio de: quien decide no negocia, en toda
    la actividad que desarrolle el país en el plano de las relaciones
    económicas internacionales" (67). Al parecer, los generales de La Habana
    todavía no han comprendido que en el campo de batalla de la economía
    mundial no pasan de reclutas. Y tampoco disponen de mil millones de chinos.

    Un aspecto interesante es el que se refiere a la colaboración
    internacional. Durante decenios nos la han vendido como una operación
    altruista de proporciones épicas, sin informarnos sobre su peso en la
    agenda política personal de Fidel Castro. Aunque ya se sabe que buena
    parte de la cooperación médica se practica hoy contra reembolso o contra
    petróleo venezolano, ahora esto se eleva a política de Estado:
    "Propiciar que la colaboración internacional que Cuba recibe y ofrece se
    desarrolle de acuerdo con los intereses nacionales" (101). Véase que la
    palabra "nacionales" no equivale a "políticos", aunque pudiera
    incluirlos. "Continuar desarrollando (…) la colaboración (…) y
    establecer los registros económicos y estadísticos (…) especialmente de
    los costos" (103). Y "considerar, en la medida que sea posible, en la
    colaboración solidaria que brinda Cuba, la compensación, al menos, de
    los costos" (104).

    Uno de los aspectos que más expectación ha despertado es la ampliación
    del trabajo por cuenta propia y la autorización de constituir empresas y
    contratar trabajadores. Algo imprescindible, a menos que se quiera
    promover un estallido social, cuando se prevé el despido de más de un
    millón de trabajadores, la cuarta parte de la población activa. Según el
    diario Granma
    (http://www.granma.cubaweb.cu/2010/09/24/nacional/artic10.html), podrán
    realizarse por cuenta propia 178 actividades, "de las cuales 83 podrán
    contratar fuerza de trabajo sin necesidad de que sean convivientes o
    familiares del titular". Los Lineamientos de la política económica y
    social contemplan la aparición de "mercados de aprovisionamiento que
    vendan a precios mayoristas y sin subsidio para el sistema empresarial y
    pres
    upuestado, los cooperativistas, arrendadores, usufructuarios y
    trabajadores por cuenta propia" (9). El hecho de que no haya, al menos
    en el papel, distingos ni, presuntamente, diferencias de precios para
    empresas estatales y privadas sienta un sano precedente de fair play en
    la competitividad. Y se reorientarán "a corto plazo las producciones del
    sector industrial con vistas a asegurar los requerimientos de los
    mercados de insumos necesarios a las distintas formas de producción (en
    particular, las cooperativas y trabajadores por cuenta propia)" (199).
    Por otra parte, "el sistema impositivo estará basado en los principios
    de la generalidad y la equidad de la carga tributaria, se aplicarán
    mayores gravámenes a los ingresos más altos, para contribuir a atenuar
    las desigualdades entre los ciudadanos" (57), lo cual es, en sentido
    general, justo, siempre que el monto de los impuestos no ahogue
    precozmente a los empresarios emergentes, y siempre que se destierre la
    discrecionalidad impositiva, como hace temer la Resolución No. 287/2010,
    según la cual "los Consejos de la Administración municipales del Poder
    Popular pueden revisar e incrementar los tipos impositivos mínimos
    establecidos. Para ello deben tener en cuenta las características de la
    o habitación, zona de ubicación y las propias del
    contribuyente". ¿Cuáles son las características "propias del
    contribuyente"? ¿Queda a discreción de cada Consejo? Otro pésimo
    condicionante es el acápite 5: "La planificación abarcará no solo el
    sistema empresarial estatal y las empresas cubanas de capital mixto,
    sino que regulará también las formas no estatales que se apliquen".
    ¿Significa que se planificará la producción a los cuentapropistas,
    artículos, precios, consumo de energía e insumos? ¿El Gosplan ataca de
    nuevo?

    Aunque lo más significativo es que "en las nuevas formas de gestión no
    estatales no se permitirá la concentración de la propiedad en personas
    jurídicas o naturales" (3). ¿Qué significa "concentración de la
    propiedad"? ¿Cuál es el límite? ¿Penderá sobre los empresarios la espada
    de la expropiación en el caso de que sean demasiado exitosos?
    Obviamente, los mandatarios cubanos no han leído atentamente a Deng
    Xiaoping, o lo han leído en la versión revisada y corregida por el
    pánico de Fidel Castro a que alguien se enriquezca con su trabajo.

    Entre los despidos programados y los ya en ejecución, decenas o cientos
    de miles serán de profesionales. Pero de las 178 actividades por cuenta
    propia permitidas, ni una sola requiere calificación superior. A lo
    sumo, técnicos electrónicos, mecánicos o programadores. Y esto no es
    casual. El Estado considera a los profesionales SU inversión y, por
    tanto, SU propiedad. Mía o de nadie, como diría el mariachi. Y, por otra
    parte, teme la competencia de un sector privado altamente calificado que
    no se conforme con fabricar hebillas de plástico, sino que incursione en
    sectores de alto valor añadido que el Estado pretende monopolizar. Dado
    que no se ofrece a esos profesionales la posibilidad de emplearse
    (legalmente) por su cuenta, sólo les quedan tres opciones: la
    ilegalidad, el subempleo de sus capacidades o el exilio. Pérdida neta
    para el país en los tres casos: la ilegalidad no paga impuestos, el
    subempleo resta productividad al país, y el exilio… bueno, el exilio
    envía remesas, quizás sea, de las tres, la opción más productiva.

    Además de otros muchos factores, como el "síndrome del líder", la
    emigración como válvula de escape, la represión a la disidencia, la
    desinformación y la mitología, un elemento que ha evitado durante medio
    siglo la subversión del sistema, ha sido el mantenimiento, hoy precario,
    de algunas garantías sociales. Por eso el documento apuesta por
    "continuar preservando las conquistas de la Revolución" (129), aunque
    especifica que la "protección mediante la asistencia social" será "a las
    personas que lo necesiten" (131 y 165), y que "los servicios que se
    brindan a la población" serán rediseñados "según las posibilidades de la
    economía" (131), porque "resulta imprescindible reducir o eliminar
    gastos excesivos en la esfera social" (132); "disminuir la participación
    relativa del Presupuesto del Estado en el financiamiento de la seguridad
    social" (154); "reducir gratuidades indebidas y subsidios personales
    excesivos" (161), y "la eliminación ordenada de la libreta de
    abastecimiento" (162), anotando que "es necesario perfeccionar las vías
    para proteger a la población vulnerable o de riesgo en la alimentación"
    (163). Se anuncia el cobro (sin subsidios) de los comedores obreros allí
    donde se mantengan (164) y el reajuste en los ingresos a las
    universidades de acuerdo a las necesidades del país (148). Al mismo
    tiempo, "deberá priorizarse el consumo de proteína animal, ropa y
    calzado; la venta de efectos electrodomésticos, materiales de
    construcción, mobiliario, ajuares del hogar, entre otros" (288).

    En un aspecto tan sensible como la vivienda, cuyo déficit alcanza al
    medio millón, el documento propone "adoptar nuevas formas organizativas
    en la
    construcción, tales como: las cooperativas y el contratista como
    trabajador por cuenta propia" (272); priorizar "las labores de
    mantenimiento y conservación del fondo habitacional" (273); fomentar la
    fabricación de casas por cuenta propia, curso en TV incluido, y que la
    reparación de edificios multifamiliares corran por cuenta de los
    inquilinos (276). La "venta a la población [de materiales] con costos
    mínimos y sin subsidios" (277) y "aplicar fórmulas flexibles para la
    permuta, compra, venta y arriendo de viviendas, para facilitar la
    solución de las demandas habitacionales de la población" (278).

    Volviendo a la Lexicometría, ésta no andaba muy descaminada: en el
    documento hay más obligaciones que derechos, obtener capital y conseguir
    que las exportaciones superen a las importaciones es el propósito, y la
    voluntad de planificación tendrá que subordinarse a las realidades del
    mercado.

    ¿Qué Cuba prefiguran estos Lineamientos para los años venideros?

    Ante todo, es evidente que el tiempo del país subvencionado llega a su
    fin. Incluso el petróleo venezolano es incierto. Urge encontrar
    soluciones para que no se consume la bancarrota del país y de una
    fórmula de poder que ha sobrevivido durante medio siglo. A pesar de los
    votos de fe en la Revolución y la "planificación socialista" (al mejor
    estilo Fidel), las leyes del mercado vertebran todo el proyecto de
    economía exportadora, al estilo chino, en el que Raúl cifra su única
    esperanza de conservar el poder político haciendo concesiones
    económicas. Chino, ma non troppo. Es obvia la voluntad del generalato en
    mantener el control y la "planificación", atajar el "éxito excesivo" del
    empresariado naciente, mo
    nopolizar la mano de obra altamente calificada
    y las industrias punta, y vetar la entrada al capital del exilio, lo que
    consumaría la bancarrota simbólica, al tiempo que libran a su suerte a
    una buena parte de la población activa y recortan las garantías
    sociales. ¿Podrán mantener el control sin desestimular el espíritu
    emprendedor y la creación de riqueza? ¿Conseguirán que una buena parte
    de la mano de obra altamente calificada se resigne a subutilizar sus
    capacidades? ¿Comprenderá la población que en un Estado nada
    paternalista y con garantías sociales recortadas, una nomenklatura
    parasitaria es prescindible? No hay dudas de que el modelo de desarrollo
    que propone el proyecto es, en lo esencial, ajustado a las
    potencialidades del país, sólo que quienes proyectan el camino lo han
    minado también con sus obstáculos a la libertad y sus baches de control
    donde la creatividad podría hundirse. Es, en cualquier caso, una Cuba
    diferente donde el Estado deja de ser el empleador omnímodo y el
    padrecito que reparte y educación, y una buena parte de la
    población empezará a ser dueña de su destino, al menos en lo económico,
    la primera de las libertades. Echará de menos las restantes. Y es eso,
    justamente, lo que más temen los generales.

    La última pregunta que me hice tras leer el Proyecto de Lineamientos de
    la Política Económica y Social es si sería constitucional, pero esa
    pregunta la responderé mañana.

    [1] En lo adelante, los números entre paréntesis corresponden a los
    acápites del documento.

    http://www.cubaencuentro.com/cuba/articulos/un-chino-porvenir-254016

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