La libreta del hambre
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    Reportaje

    Un enfermo muere en circunstancias sin aclarar en Las Tunas
    Alberto Méndez Castelló
    Las Tunas 14-02-2011 – 7:27 pm.

    'Por favor, que alguien interceda para no morir gota a gota', había
    escrito el pasado 26 de enero. Harold Brito Parra tenía 38 años, 16 de
    ellos los pasó en prisión.

    "Ahora eres libre", dijo Nena Balmaceda al despedir el duelo. Eran las
    3:19 p.m. de este domingo, 13 de febrero, cuando los albañiles
    comenzaron a sellar la tumba del preso Harold Brito Parra.

    En Legal dijeron a Herseld, hermano de Harold, que lo habían
    traído de la cárcel sobre las 2:00 de la madrugada y que murió de un
    edema pulmonar.

    Antonio Brito, el padre, residente en La Habana, había llamado al
    Guevara, de Las Tunas, alrededor de las 10:00 de la mañana del
    sábado. Reticentes, funcionarios le informaron que a Harold lo tenían
    acostado en una sala enrejada, todavía esposado, pero que dada su
    gravedad sería trasladado a terapia intensiva.

    El preso moría poco después de la una de la tarde. El día anterior,
    viernes 11, Rosario Parra, la madre de Harold Brito, había interpelado
    al jefe de la Prisión Provincial de Las Tunas, dada la gravedad de su
    hijo, según dijo a DIARIO DE CUBA.

    "Dónde usted se va a meter si mi hijo se muere", preguntó la mujer al
    carcelero.

    "En ningún lugar, porque voy a ordenar que lo lleven para el hospital
    ahora mismo", le había respondido el director del penal. Pero el "ahora
    mismo" se prolongó hasta la madrugada del sábado.

    En la madrugada de este domingo, Rosario Parra arremetía en la funeraria
    de Puerto Padre contra los miembros de la policía política, que no
    conseguían hacerse pasar por dolientes, mientras, alejados, los
    oficiales dirigían el operativo fúnebre.

    "¿Usted es de la ?", preguntó la madre del difunto
    preso al mayor Rogelio Oliva, segundo jefe de esa institución en Puerto
    Padre, sentado en un banco frente a la funeraria.

    "Sí, señora, déjeme explicarle…", intentó decir el mayor.

    "No me explique nada. Ustedes mataron a mi hijo y se me van de aquí
    ahora mismo", cortó iracunda Parra.

    El oficial y sus acompañantes se retiraron de la funeraria. No así sus
    colaboradores, quienes mezclados con los dolientes prosiguieron la
    observación.

    "Lo dejaron morir, ellos lo dejaron morir", repetía entre sollozos la mujer.

    Enfermo de tuberculosis y con problemas psiquiátricos

    Yolanda Fonseca, madre del reo Pablo Yadiel Martínez, visitó junto a
    otros familiares la prisión provincial el viernes. "Es cierto, eso es
    público, todos lo vimos. Harold se encontraba totalmente desequilibrado.
    No me explico cómo tenían allí a una persona enferma", dijo a DIARIO DE
    CUBA.

    "¿Por qué ocurrió esto?", preguntó este corresponsal al teniente coronel
    Aguilar Hernández, de la jefatura provincial del Ministerio del Interior
    en Las Tunas.

    "Se está investigando, pero él no estaba sin asistencia médica, la
    prisión cuenta con su sistema de ", respondió el oficial.

    Harold Brito Parra sufría tuberculosis y tenía un precario estado
    psíquico, según revelan las radiografías y la historia clínica en poder
    de Rosario Parra. No obstante, permanecía en prisión como un recluso más.

    Parra dijo a DIARIO DE CUBA que, según le confirmaron reclusos presos
    junto a su hijo, el pasado jueves llegó hasta la celda un médico.
    "Harold, vamos para que te vea el psiquiatra", dijo un carcelero. "No,
    mándele el psiquiatra a Fidel Castro", contestó el reo, tras lo cual,
    sin más, el médico se marchó.

    Hasta la fecha, salvo lo dicho por una forense y un investigador en la
    morgue a pedido de Herseld, el hermano de Harold, las autoridades no han
    dado explicaciones a los familiares sobre la muerte del preso.

    Ante la reticencia de los empleados del Hospital Guevara, el padre de
    Harold Brito pidió a la doctora Bravo, del Ministerio de Salud Pública,
    en La Habana, conseguir información. "Me dijeron que había envenenado
    con pastillas y un líquido. ¿Cómo con pastillas? ¿Cómo un preso tiene
    acceso a pastillas en la cárcel?", dijo a este Antonio Brito,
    encolerizado.

    El testamento de un "chico malo"

    En 12 hojas de una libreta escolar, con tinta roja, el 26 de enero de
    este año Harold Brito escribió lo que hoy puede considerarse su
    testamento. Lo recibió este corresponsal de manos se Rosario Parra,
    apenas unos días antes de la muerte de su hijo.

    "Nos encarcelan, nos desaparecen, nos humillan, nos ultrajan, y pienso
    que no hay palabras para explicar tanto crimen. Las naciones, los
    gobiernos y toda la humanidad de la tierra nada hacen para acabar con
    tanto dolor y tanto sufrimiento", dijo Harold en la hoja número dos su
    libreta.

    Daniel, un amigo de la infancia de Harold y su compañero de cautiverio
    declaró a DIARIO DE CUBA: "En el año 1994, a las 4:00 de una madrugada,
    nos detuvieron; a las 2:00 de la tarde nos condenaron a cuatro años por
    índice de peligrosidad, y ya a las 6:00 estábamos en celdas de castigo
    en la prisión provincial. Allí tenían a los presos marchando y coreando
    '1, 2, 3, aplasta al yanqui', y nosotros dijimos que ni marchábamos ni
    aplastábamos a nadie".

    Pero en realidad, el Vía Crucis de Harold comenzó mucho antes, cuando
    sólo tenía 13 años y, tenido como chico malo por bailar, cantar y tener
    hábitos afines al rock, la policía política le acusó de "diversionismo
    ideológico", llegando a filmarlo en un video. De ahí en adelante, las
    condenas por desacato, desobediencia, resistencia, atentado e índice de
    peligrosidad llovieron, imputándosele al final un robo con .

    "Por favor, que alguien en la tierra, después de saber esta, mi
    situación, interceda para no morir gota a gota, tal como se lo propone
    la dictadura castrista", dijo Harold en el último párrafo de su libreta.

    En noviembre de 2010, Rosario Parra presentó a la opositora Comisión
    Cubana de y Reconciliación Nacional y al Arzobispado de
    La Habana denuncias de la situación de su hijo.

    "Harold Brito Parra, dossier de su cautiverio", se titulaba el
    voluminoso expediente. Antes, se había dirigido a la Fiscalía General de
    la República, al Tribunal Supremo y al Consejo de Estado. La retórica
    legal y política habría primado en las respuestas.

    Tres semanas antes de morir su hijo, Rosario Parra llamó al Arzobispado.
    "Su caso fue tramitado, pero su no depende de la Iglesia, esa
    es una potestad del gobierno", le dijo el portavoz Orlando Márquez,
    según relató la mujer a DIARIO DE CUBA.

    Última escena

    Toda la mañana de este domingo en Puerto Padre se mantuvo una llovizna
    pertinaz. La funeraria estaba colmada de amigos y enemigos de Harold Brito.

    "Decía mi padre que cuando alguien muere y llueve es signo de que Dios
    acoge su alma", recordó Rosario Parra.

    Alejado de la
    funeraria y, en medio de su operativo, el teniente coronel
    Juan Peña, jefe de la Contrainteligencia en el territorio norte de Las
    Tunas había dicho a la mujer: "Nosotros no estamos aquí por su hijo,
    sino porque la contrarrevolución quiere utilizar a su hijo para provocar
    disturbios, pero si nuestra presencia en el velorio de su hijo le ha
    provocado malestar, le pedimos disculpas".

    Luego, volviéndose a este corresponsal, el teniente coronel afirmó:
    "Sabemos que usted está aquí para su denuncia, que sacará en su
    reportaje sus propias conclusiones".

    Contrario a lo afirmado por el oficial de la policía política, este
    reportero dejará al lector que saque sus propias conclusiones. Pero
    primero, la última escena del funeral.

    Asombrosamente, tras todo un día lluvioso, cuando bajaban el cadáver de
    Harold Brito al sepulcro salió el sol y, cuando Nena Balmaceda, la
    encargada de despedir el duelo, dijo "ahora eres libre, de ti brotarán
    retoños", refiriéndose a la hija del preso fallecido, presente en el
    entierro, dos de los informantes de la policía política apartaron la
    vista de la oradora, se miraron entre sí.

    Al cierre de este reporte, DIARIO DE CUBA recibió información sobre la
    preocupación de los carceleros en el penal provincial de Las Tunas. El
    deceso de Harold pesa como rueda de molino. Ojalá no falten más por morir.

    http://www.diariodecuba.com/derechos-humanos/3125-un-preso-enfermo-muere-en-circunstancias-sin-aclarar-en-las-tunas

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