La libreta del hambre
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    Publicado el jueves, 02.17.11

    Vida dura para los vegetarianos en Cuba
    Por JENNY BARCHFIELD
    The Associated Press

    LA HABANA — Jugosas hamburguesas y sándwiches con salchichas no son
    platos típicos de la comida vegetariana, pero eso ofrece el menu de El
    Carmelo, un estatal que quería promover una alimentación
    saludable, sin carne.

    La cocina vegetariana, sin embargo, es tan impopular en Cuba -un país en
    el que largos períodos de privación generaron una gran devoción por la
    comida en general y la carne en particular- y al poco tiempo en El
    Carmelo el picadillo de soya fue reemplazado por hamburguesas y
    sándwiches con gruesas rodajas de mortadela.

    La misma suerte corrieron aproximadamente media docena de restaurantes
    similares abiertos en la década del 2.000 siguiendo una iniciativa
    vegetariana del gobierno comunista de la isla: O cerraron sus puertas, o
    poco a poco comenzaron a llenar su menú de platos con carne.

    Es un dilema cubano: ¿Cómo promover hábitos de comida saludable en un
    país de carnívoros, en el que los platos vegetarianos le recuerdan a la
    gente períodos de privaciones a principios de los 90, en los que la
    carne era un lujo inaccesible?

    En la mayor parte del mundo, crece la cantidad de vegetarianos a medida
    que aumentan las evidencias de que comer menos carne es bueno para el
    corazón y reduce el riesgo de ciertos tipos de cáncer.

    Pero en Cuba, el puñado de vegetarianos que hay enfrentan una ardua
    batalla. La carne es un componente básico de la dieta cubana -por más
    que no sea siempre accesible- y le decisión de pasarse a las filas de
    los vegetarianos a menudo hace pensar que la persona tiene algún trastorno.

    "Cuando le digo a la gente que soy vegetariana, me dicen 'muchacha, tú
    estás loca. No puede sobrevivir comiendo pasto'", comentó Yusmini
    Rodríguez, traductora de 34 años que dejó de comer carne hace 13 años
    por consideraciones éticas.

    "Es una batalla constante", expresó, explicando que enfrentó la
    incomprensión de su familia, la escasez, los precios a veces
    prohibitivos de los vegetales y el hecho de que en los restaurantes y
    cafeterías no se ofrecen prácticamente platos sin carne.

    "Mi familia todavía no lo entiende, pero después de todos estos años,
    por lo menos respetan mi decisión, por lo que ahora puedo comer platos
    vegetarianos en casa, por más que sea un dolor de cabeza", señaló
    Rodríguez, una mujer de aspecto frágil pero que tiene una voluntad de
    hierro. "Apenas salgo, es casi imposible. Aquí, si algo no tiene carne,
    no es considerado comida".

    Rodríguez y otros vegetarianos dicen que el "período especial" de gran
    escasez a principios de los 90, tras la caída de la Unión Soviética, el
    benefactor de la isla, marcó para siempre la relación de los cubanos con
    la carne.

    El sistema de racionamiento garantizó que nadie se muriese de hambre
    repartiendo a cada ciudadano una pequeña cantidad de alimentos básicos
    por mes. Pero los cubanos sufrieron realmente de hambre en esa época,
    salteándose comidas y sobreviviendo con platos escasos y desabridos. A
    veces pasaron meses sin ver carne.

    El consumo promedio de calorías bajó de 2.865 antes del período especial
    a 1.863 en 1993, según el libro de Olivier Languepin sobre las penurias
    económicas de esa época "Cuba, el fracaso de la utopía".

    "Fue un período de vegetarianismo forzado que dejó un sabor muy feo en
    la boca de la gente", expresó Nora García Pérez, militante vegetariana
    que encabeza un grupo de protección de los animales basado en La Habana.
    "El período especial perjudicó mucho la causa de los vegetarianos en
    este país. La carne pasó a ser una obsesión para la gente que vivió ese
    período".

    La situación alimenticia se ha recuperado desde entonces y la mayor
    parte de la gente puede comer algún tipo de carne varias veces al mes.
    Muchos lo hacen a diario, incorporando pequeños pedazos de cerdo, pollo
    o grasa a platos de todos los días como arroz con frijoles, o comen
    sándwiches de jamón y queso.

    Irónicamente, en un país tropical y fértil, los vegetales son difíciles
    de conseguir. Incluso durante el invierno, la temporada de cosechas, las
    ferias de vegetales del estado ofrecen solo lechuga, repollo, tomates,
    zanahorias, pimientos y una variedad de tubérculos.

    Tito Núñez, propietario de un restaurante, se propone popularizar
    nuevamente los vegetales.

    Luego de que se hizo vegetariano a principios de los 90 y se aliviaron
    unos problemas intestinales crónicos que sufría, Núñez fundó en el 2003
    El Romero, descripto como un eco-restaurante y uno de dos sitios de
    comida vegetariana que subsisten.

    Se encuentra en la reserva natural de Las Terrazas -unas colinas
    repletas de palmas unos 80 kilómetros (50 millas) al este de La Habana-
    y ofrece mucho más que vegetales básicos, preparando platos deliciosos
    con plantas poco conocidas.

    Su menú incluye un ceviche hecho con tallos de nenúfares que crecen
    solos en una laguna vecina, yuca y albóndigas de batata; crepes con
    pasta de flor de calabaza, peras de cactus salteadas con hierbas
    aromáticas y, de postre, un mousse de chocolate, limón y calabaza,
    envuelto en hojas de palma.

    "Los cubanos piensan 'si no es arroz con habichuelas o cerdo, no lo
    como'. Por eso cuando la gente ve en el menú todas estas plantas que no
    conocen se muestra reacia al principio", manifestó Núñez, quien tiene 58
    años, anteojos tipo Ghandi y sonríe permanentemente. "Pero al probar los
    platos, ven que no se trata simplemente de 'pasto' y que, además de ser
    muy saludable y no emplear animales, son realmente deliciosos".

    Núñez trata de poner El Romero al alcance de la gente y le permite a
    algunos jóvenes trabajar con sus cocineros y en la granja orgánica del
    restaurante, que surte la mayor parte de los ingredientes. Para que los
    platos no le resulten tan caros a los isleños, que ganan un promedio de
    20 dólares al mes, se les cobra un porcentaje minúsculo del precio que
    aparece en el menú.

    El Romero es un éxito, pero el 90% de sus clientes son extranjeros,
    sobre todo turistas de Gran Bretaña, Alemania y Holanda.

    "Cuando se trata de algo tan arraigado como los hábitos de comida,
    cuesta mucho cambiarlos", declaró Núñez. "Sé que no voy a convertir a la
    gente y hacerla vegetariana hablando. La única forma de hacerlo es
    sentándola en la mesa y mostrándole que hay muchas otras cosas además de
    cerdo".

    http://www.elnuevoherald.com/2011/02/17/v-fullstory/888266/vida-dura-para-los-vegetarianos.html

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