La libreta del hambre
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    Economía

    Las claves de la devaluación del CUC: un camino de vuelta sin retorno
    Elías Amor
    Valencia 14-03-2011 – 8:08 pm.

    Por qué una devaluación del peso convertible? ¿Por qué ahora? Este 14 de
    marzo se ha publicado en Granma el Acuerdo No. 30/11 del Comité de
    Política Monetaria del Banco Central de Cuba. Lo firma Ernesto Medina
    Villaveirán, ministro-presidente del organismo, por el cuál se decide la
    paridad entre el dólar de y el CUC, lo que equivale a una
    devaluación del 8%. Esto significa regresar a su valor anterior a 2005,
    manteniendo constantes los impuestos al cambio interno de pesos por CUC,
    así como las comisiones efectivas sobre las operaciones, situadas en el
    3,5%.

    Volver a la situación anterior a 2005 supone reconocer públicamente que
    la decisión adoptada en aquel momento no fue la más adecuada para el
    devenir de la economía nacional. Los vaivenes en las decisiones de
    política económica no contribuyen a reforzar de la credibilidad de un
    gobierno, y suelen ejemplificar situaciones de alto riesgo en las que se
    percibe algún conflicto, cuya solución exige este tipo de medidas.

    En cierto modo, aquella decisión de revaluar no fue acertada. Entre 2006
    y 2009 la economía del régimen de los Castro observa cómo año tras año
    el PIB registra niveles de crecimiento cada vez menores, sin que la
    crisis económica mundial o el paso de los ciclones puedan explicar la
    dramática evolución de sus cuentas, consecuencia de la acumulación de
    graves desequilibrios internos y externos.

    El banco de experimentos irresponsables en que se ha convertido la
    economía castrista desde que Raúl Castro alcanzó el poder, después de la
    enfermedad de su hermano, llega ahora al clímax con una revaluación de
    la moneda convertible, el CUC, la más utilizada en la economía
    progresivamente libre que se está desplegando en la Isla, sobre todo en
    los mercados agropecuarios, la venta de electrodomésticos, ropa y
    calzado, o por ejemplo, en el disfrute de estancias en los hoteles y en
    las comidas en restaurantes.

    Para una amplia gama de bienes y servicios comercializables, el peso
    cubano, la moneda histórica, se ha convertido en un marginado, cada vez
    más relegado a operaciones dentro del racionamiento precario de la libreta.

    Y ahora se descuelgan con una devaluación inesperada del CUC, que
    mantiene el cambio con el peso cubano en los 24, que se fija en las
    CADECAS, y el impuesto del 10% sobre las operaciones en dólares.

    Los economistas anticipan que la devaluación del tipo de cambio nominal
    es una medida que traslada sus efectos directamente al sector externo,
    aumentando las exportaciones y reduciendo las importaciones. Como
    consecuencia de ello, se espera un aumento del superávit comercial y una
    menor necesidad de financiación externa. Este es el efecto que cabe
    esperar en una economía de base productiva ordenada y con capacidad de
    reacción. Pero, examinemos la economía cubana en 2011.

    ¿De verdad alguien puede pensar que la producción interna se verá
    estimulada por la dificultad para importar? ¿Cómo se entiende esto en un
    país que se ve obligado a comprar cereales y carne al contado a su
    principal adversario del norte, y así evitar hambrunas y carestías, ante
    la incapacidad e ineficiencia de los sectores para producir más a corto
    plazo?

    ¿A qué precio van a pagar ahora las empresas, tanto cubanas como
    extranjeras, los insumos y servicios procedentes del exterior que en la
    economía cubana no existen?

    Si alguien se hubiera detenido a pensar estas cuestiones con
    detenimiento, se habría dado cuenta de que, en ausencia de un
    comportamiento desigual de los precios internos y externos (de hecho se
    han mantenido bastante ajustados en los últimos años), no existe razón
    alguna para devaluar.

    Desde hace años, vengo señalando que el problema de competitividad de la
    economía nacional no es de precio, sino de oferta de bienes y servicios
    que se puedan poner a la venta en condiciones adecuadas de cantidad y
    calidad en los mercados mundiales. Cuando se enterró para siempre el
    sector del azúcar en 2002, una de sus últimas tropelías de Fidel Castro,
    se perdió la oportunidad de obtener ventajas de la competencia
    internacional vía precios. Ahora ni el níquel ni el pueden tomar
    las riendas del proceso.

    El problema aparecerá cuando se tengan que comprar los bienes
    intermedios, bienes de equipo que son necesarios para las devastadas
    infraestructuras del país, la tecnología o los alimentos en los mercados
    mundiales, justo en un momento de alzas de precios a nivel
    internacional. Ni siquiera el tiempo ha sido elegido de forma adecuada.

    No se va a ajustar la balanza comercial con esta medida, porque la
    dependencia externa impide que la producción exterior se sustituya por
    la interna. Durante décadas, y para superar su atraso industrial y
    tecnológico, la economía cubana necesitará importar del exterior todo
    tipo de bienes y servicios, y para ello se requiere una moneda fuerte,
    justo lo contrario.

    La segunda pregunta a atender es ¿por qué de la devaluación justo ahora?

    Los gobiernos devaluadores saben que, a corto plazo, este tipo de
    medidas genera una cierta euforia que evita pensar en los graves
    problemas que subyacen de fondo. Qué duda cabe que las remesas se van a
    cambiar por más CUC, dados los impuestos, y que los precios turísticos
    internacionales pueden ser más competitivos.

    Pero el azúcar que un pone en su café en un de Varadero
    debe ser importado de Brasil, y seguro que a precios más elevados, por
    lo que el consumo de productos en Cuba será más elevado. Los que quieran
    comprar artículos de vestido o calzado en las tiendas de oferta
    internacional, verán cómo los precios inician su escalada.
    ¿Consecuencias? Los vendedores de los mercados agropecuarios tendrán que
    elevar también los precios de sus productos, y las empresas extranjeras
    verán cómo les cuesta más traer los bienes intermedios que incorporan a
    sus productos, lo que les resta competitividad internacional.

    Conclusión, una medida cortoplacista, miope, que busca crear condiciones
    ficticias y reducir la tensión social que se está produciendo en la Isla
    con las medidas liberalizantes de Raúl Castro.

    Pero a nadie se le oculta que es una grave amenaza a medio plazo, porque
    no va acompañada de las medidas adecuadas para alcanzar efectos
    positivos. Al final se ha cumplido el designio histórico: el CUC se
    vincula en paridad a la moneda del enemigo del Norte, y eso supone, por
    definición, que el sector abierto de la economía castrista, el que se
    financia con la moneda convertible, se ata de manos y pies a los ciclos
    de la economía de EE UU.

    Que alguien lo consulte en el diván. En términos económicos, esto es
    simplemente una aberración.

    http://www.diariodecuba.com/cuba/3591-las-claves-de-la-devaluacion-del-cuc-un-camino-de-vuelta-sin-retorno

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