La libreta del hambre
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    Publicado el lunes, 07.04.11

    El mercado negro ayuda a cubanos a sobrevivir
    Paul Haven
    AP

    La Habana — ¿Quiere un chorizo con pimentón? ¿Qué tal un pedazo de
    mozzarella de leche de búfalo? O quizás busca algo más precioso, como un
    aire acondicionado importado o algunos habanos enrollados a mano a una
    fracción del precio oficial.

    En un país marxista donde virtualmente toda la actividad económica está
    regulada, y donde los supermercados y las tiendas permanecen
    desabastecidos de productos básicos como el azúcar, los huevos y el
    papel higiénico, se puede conseguir casi todo en el próspero mercado
    negro de Cuba – si tiene un "amigo" o el número telefónico adecuado.

    Una serie de cambios económicos introducidos durante el año pasado por
    el gobernante Raúl Castro, incluyendo el derecho a trabajar por cuenta
    propia en 178 empleos aprobados, ha sido descrito como una amplia
    apertura para el espíritu empresarial, en una isla de 11 millones de
    personas donde el estado emplea a más de cuatro de cada cinco
    trabajadores y controla virtualmente todos los medios de producción.

    En realidad, muchos de los nuevos empleos, que van desde el vendedor de
    al fotógrafo de bodas, del manicurista al trabajador de la
    construcción, han existido durante años en la economía informal, y
    muchos de los que buscan licencias de trabajo ya ofrecen los mismos
    servicios por debajo de la mesa.

    Y mientras el mercado negro en los países desarrollados puede estar
    dominado por las drogas, los DVD de contrabando y la prostitución, en
    Cuba abarca literalmente todo. Un hombre maneja diariamente su auto
    hacia La Habana con salchichas hechas a mano bajo el asiento del
    pasajero. Una mujer vende minifaldas apretadas de spandex y blusas de
    diseños chillones detrás de una cortina de flores en su destartalado
    apartamento.

    Los economistas, y los cubanos de a pie, dicen que casi todos en la isla
    dependen de él.

    "Todo el que tenga un trabajo roba algo", dijo Marki, un fumador
    empedernido de 44 años que es especialista en . "El muchacho
    que trabaja en la industria del azúcar roba azúcar para poder
    revenderla. La mujer que trabaja en textiles roba hilo para poder hacer
    sus propias ropas".

    Marki se gana la vida como una "mula", al vender en tres tiendas
    clandestinas en La Habana ropa traída de Europa, y ha cumplido tiempo en
    prisión por sus actividades. Como varias de las personas entrevistadas
    para este artículo, estuvo de acuerdo en hablar a condición de que no se
    le identificara por temor a confrontar problemas con las autoridades.

    Las mercancías fluyen en el mercado informal procedentes del extranjero,
    pero también de los bienes que desaparecen en bolsillos, mochilas e
    incluso camiones de los almacenes, fábricas, supermercados y oficinas
    del estado.

    No hay estadísticas oficiales del gobierno sobre cuánto se roba cada
    año, aunque los robos menores se denuncian rutinariamente en la prensa
    oficial. El 21 de junio, el diario del partido comunista, Granma,
    informó que los esfuerzos para detener los robos en las empresas
    estatales en la capital han "dado un paso atrás" en meses recientes. El
    periódico culpó a los administradores por falta de supervisión después
    de un aumento inicial de cumplimiento con las exhortaciones de Castro
    para detener los hurtos.

    "Los actos delictivos y de corrupción han aumentado debido a la falta de
    control interno", dijo el diario.

    Un extenso estudio en el 2005 del economista canadiense Archibald Ritter
    examinó las muchas formas en que los cubanos incrementan sus salarios de
    apenas $20 al mes por medio del comercio –desde una mujer que
    vende espagueti robado de puerta en puerta, a un cantinero en un centro
    turístico que sustituye el ron de alta calidad con su propia bebida
    alcohólica, a un reparador de bicicletas que vende las piezas de
    repuesto que saca por la puerta trasera. Ritter y otros que estudian la
    economía cubana dicen que es imposible estimar el valor del dólar en el
    mercado negro.

    "Se puede probablemente decir que el 95 por ciento o más de la población
    participa en la economía subterránea en una forma u otra. Está
    tremendamente difundida", aseveró Ritter, quien trabaja como profesor en
    la Carlton en Ottawa. "Robarle al estado es, para los
    cubanos, como traer leña del bosque o recoger moras en un terreno de
    nadie. Se considera propiedad pública, que de otra forma no se usaría en
    forma productiva, así que ellos se ayudan a sí mismos".

    Los cubanos tienen incluso un término para obtener las cosas que
    necesitan, legal o ilegalmente: "resolver". Durante décadas, ha tenido
    sus connotaciones negativas y ahora se toma como una necesidad para
    sobrevivir.

    "El acudir al mercado negro y al sector informal para casi todo es tan
    común que se ha convertido en la norma, con poco o ningún pensamiento de
    legalidad o moral", dijo Ted Henken, un profesor en el College Baruch de
    Nueva York que se ha pasado años estudiando la economía cubana. "Cuando
    las opciones legales son limitadas o no existen, entonces todo el mundo
    incumple la ley, y cuando todos incumplen la ley, ésta pierde su
    legitimidad y esencialmente deja de existir".

    Sin , hay pruebas de que Castro está persuadiendo a al menos
    algunos de los operadores del mercado negro a cumplir con las reglas y
    pagar los impuestos.

    En los últimos siete meses, más de 220,000 cubanos han recibido
    licencias para trabajar por cuenta propia, uniéndose a unos 100,000 que
    han trabajo legalmente de forma independiente desde la década de 1990.
    De esos, un 68 por ciento eran oficialmente "desempleados" cuando
    recibieron su licencia, un 16 por ciento tenía un trabajo estatal y otro
    16 por ciento se definieron como "retirados", de acuerdo con las
    estadísticas en el sitio web gubernamental Cubadebate.

    Muchas de estas personas sin empleo y nominalmente retiradas trataban de
    llegar a fin de mes trabajando en el mercado informal, e incluso los ex
    trabajadores gubernamentales estaban probablemente conectados de una
    forma u otra.

    "Se tiene que encontrar una forma para sobrevivir", dijo Manuel
    Rodríguez, el ex jefe del centro médico para niños con discapacidades de
    la provincia de Cienfuegos. Rodríguez dijo que su de
    mensual, más el pobre salario de su mujer, sólo cubren dos
    semanas de alimentos. "Me senté un día en el parque y pensé: ¿qué puedo
    hacer?"

    Entonces comenzó a montar en bicicleta los domingos por la ciudad,
    rentando DVD de contrabando con las últimas películas de Hollywood que
    otros han bajado de . Rodríguez, quien se mudó en el 2009 a
    Miami, defendió su decisión de pasar al mercado negro para traer comida
    a su mesa.

    "No estaba haciéndole daño a nadie", aseguró. "No es pornografía. No es
    drogas".

    En realidad, la venta y renta de DVD piratas es ahora uno de los 178
    empleos que se pueden hacer legalmente en Cuba, que ignora los derechos
    de propiedad intelectual de EEUU en respuesta al embargo económico de 49
    años de Washington.

    Los nuevos poseedores de licencias se quejan de que los impuestos y
    pagos a la seguridad social pueden estar muy por encima del 50 por
    ciento de sus ventas, las materias primas son difíciles de adquirir
    porque no hay un mercado de ventas al por mayor y las promesas del
    gobierno para suministrar créditos de los bancos y espacios para los
    vendedores al por menor se han implementado con lentitud.

    Pero muchos dicen que aprovecharon de todas formas la oportunidad de
    pasar a la legitimidad, cansados de estar siempre mirando a su espalda.

    "Comenzamos de forma , hace años, pero cuando comenzaron a dar las
    licencias obtuvimos una porque significa paz mental", dijo Odalis
    Losano, una madre soltera de 46 años que obtuvo en diciembre una
    licencia para vender almuerzos que ella prepara en la cocina de su casa.
    "Ahora no tenemos que temer a la policía o los inspectores".

    Paradójicamente, la expansión de un mercado legal puede aumentar el
    tamaño del mercado negro, particularmente para los bienes y servicios
    que necesitan los nuevos empresarios para sobrevivir. Las pizzerías
    recién legalizadas deben tener un suministro constante de queso, harina
    y pasta de tomate, los empleados por cuenta propia de la construcción
    deben tener materiales de construcción, las manicuristas tienen que
    encontrar el esmalte de uñas.

    Uno que se ha beneficiado de la apertura económica legal, aunque
    ilegalmente, es Roberto, quien usa recipientes robados de CO2 para hacer
    bebidas carbonatadas para vender a los cafés populares privados que han
    abierto por toda La Habana. Cobra sólo 7 pesos (28 centavos de dólar)
    por una botella de 1.5 litros, una sexta parte de lo que cuesta en el
    supermercado una botella de gaseosa hecha por el estado.

    "Este negocio no es totalmente legal", dijo Roberto. "No puedo obtener
    una licencia para ello porque el estado no me venderá el CO2. Necesito
    adquirirlo en el mercado negro".

    Y también hay muchas actividades que tienen que permanecer ocultas por
    naturaleza bajo el controlado sistema cubano.

    está estrictamente bajo control en Cuba, así que los que venden
    tiempo en cuentas que pertenecen a médicos, profesores y técnicos de
    computadora lo hacen de forma oculta. El gobierno mantiene un monopolio
    en el más típico de los productos cubanos, el habano, obligando a los
    cientos de fábricas clandestinas a mantenerse así.

    Igualmente se encuentra regulada la venta de oro, así que los que lo
    funden para dentaduras no van a recibir pronto una licencia.

    "Incluso si legalizaran este negocio no valdría la pena obtener una
    licencia", dijo una persona que lo hace a condición de anonimato por
    miedo de represalias por parte del estado. En su caso, cobra hasta $40
    por diente, usando oro derretido de joyas y baratijas que compra a
    suministradores secretos. "Ellos podrían regularlo tanto que sería
    imposible obtener el oro y los otros materiales que necesito. Las
    autoridades me molestarían tanto que sería peor que lo que hago de forma
    oculta.

    Marki, la "mula", dijo que abriría con gusto una boutique de ropas
    importadas si los dirigentes de la isla cambian alguna vez la economía
    marxista por el capitalismo. Hasta entonces, agregó, él y muchos de sus
    compatriotas vivirán y trabajarán al margen de la ley – y ninguna
    cantidad de multas, detenciones o tiempo en la cárcel lo disuadirán de ello.

    "La mitad de Cuba vive del mercado negro", dijo Marki con una sonrisa.
    "Y la otra mitad depende de él. Para mí, es algo indetenible".

    http://www.elnuevoherald.com/2011/07/04/v-fullstory/973517/el-mercado-negro-ayuda-a-cubanos.html

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