La libreta del hambre
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    El poder de la desinformación
    Rogelio Fabio Hurtado

    Marianao, La Habana, 7 de julio de 2011, (PD) Los cubanos somos muy
    probablemente el pueblo peor informado del mundo. Eso, que a primera
    vista interpretamos como una adversidad, resulta que hasta tiene sus
    ventajas. Una de ellas es que nos hace incrédulos; otra, que nos obliga
    a leer entre líneas, atar cabos al vuelo y desatar la imaginación,
    porque el mezquino informativo no nos ha podido privar de
    la avidez de estar al día.

    ¿Recuerdan aquellos tetes que al caer no iban al suelo, sino que
    soltaban un mini paracaídas que los hacía flotar hasta que la mamá o el
    propio bebé los atrapaban en el aire, o la Coca Cola que se enfriaba al
    destaparse? Maravillas que jamás existieron en otro sitio que no fuera
    en nuestra imaginación de gente bloqueada por donde quiera.

    Es verdad que los medios de confusión oficiales procuran desinformarnos
    a mansalva, pero llevan tanto tiempo en lo mismo que ya no engañan a
    casi nadie. Si realizaran una encuesta de sintonía, verían que la
    mayoría de los televidentes de su programación política son opositores,
    sobre todo para estar al día en las réplicas, aunque no puede
    excluirse cierta cuota de masoquismo. La gente común no pierde su tiempo
    con ellos.

    Estoy leyendo El Crash de la Información, un excelente libro de un
    alemán experto en todas las malignas triquiñuelas capitalistas, de las
    que nos hemos librado gracias a la miseria generalizada que disfrutamos
    bajo la dominación de los hermanos de Birán.

    Al principio el libro no me gustó, me parecía un texto escrito para la
    gente adinerada, no para meros siervos de la gleba, pero paulatinamente
    me ha ido interesando. Max Otte, su autor, ejerce la crítica del sistema
    capitalista, pero su finalidad es constructiva. No aspira a destruir el
    sistema, porque conoce bien las consecuencias catastróficas del experimento.

    Aunque no ha sido escrito precisamente para nosotros, que seguimos
    atrapados entre los lineamientos, constituye una lección valiosa, tanto
    para quienes deciden escapar por cuenta propia de la Isla como para los
    que decidimos quedarnos, para estar aquí cuando el futuro se nos venga
    encima.

    A los primeros, los prepara un poco para el mundo adonde van a entrar de
    buenas a primeras, como si cayesen dentro de un en marcha de cabeza
    por una ventanilla, luego de criarse y habitar aquí, donde lo que no
    está prohibido es obligatorio.

    En las primeras páginas de su Autobiografía Precoz, el poeta Evstuchenko
    advierte que al morir Stalin, cada soviético se vio forzado a pensar por
    su cuenta, responsabilidad de la que hasta entonces los había aliviado
    el Gran .

    En el modelo totalitario, la cúpula que detenta el poder político somete
    la economía a su arbitrio y la utiliza una y otra vez para asegurarse
    el control sobre la sociedad, que se convierte en un objetivo esencial
    para continuar ilimitadamente en el poder, que se vuelve un fin en sí
    mismo, por más miserables que resulten los resultados. La elite
    totalitaria sabe utilizar la matemática y las estadísticas tanto como a
    los economistas y políticos al servicio de los grandes consorcios
    capitalistas, quienes dictan de acuerdo con sus intereses las líneas
    políticas a seguir.

    Apuesta el autor por una economía social, apoyada en las empresas
    familiares, a las que considera capaces de eludir las deficiencias del
    actual modelo de capitalismo regido por los gestores profesionales. Por
    supuesto, aboga por un modelo de estado fuerte, que sea capaz de
    apoyarlas y defenderlas. Esto parece, en principio, en sintonía con los
    tímidos estímulos al cuentapropismo entre nosotros, sólo que el Estado
    burocratizado y prepotente, dista mucho del descrito por Max Otte en su
    libro.

    Por último, citaré una de sus objeciones a los programas de tertulias
    políticas, porque le viene a la medida a la mal llamada Mesa redonda:
    "Sometimiento a determinados intereses en lugar de independencia y
    seriedad. En las tertulias no reina precisamente la ponderación e
    interpretación de las informaciones ofrecidas…Por último, las
    tertulias desgraciadamente no son más que la punta de lanza de un
    conglomerado mediático cuyo principal objetivo no es la información sino
    la desinformación y cuya faena no es el esclarecimiento sino la
    transfiguración".

    rhur46@yahoo.com

    http://www.primaveradigital.org/primavera/politica/54-politica/1765-el-poder-de-la-desinformacion

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