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    Marino Murillo: líder de la Cuba posrevolucionaria
    1 de Julio de 2011 • 13:10

    Cuando Raúl Castro reconoció que era hora de entregar el poder a líderes
    más jóvenes, pocos esperaban que el de 80 años nombrara a
    alguien incluso más viejo que él como su número dos.

    Pero en medio de esta dirección de "históricos", que hicieron la
    revolución hace 50 años, un alto funcionario de bajo perfil, Marino
    Murillo Jorge, sobresale por su juventud y la enorme responsabilidad que
    tiene a cuestas: encausar los cambios económicos diseñados para liberar
    la economía y, al mismo tiempo, defender a la Cuba socialista.

    "Parece ser el zar del proceso de reformas, un líder de la nueva
    generación que analiza y elabora políticas, las explica al público y las
    empuja entre las burocracias", dijo a la Associated Press (AP), Philip
    Peters, experto del Lexington Institute, con sede en Virginia.

    Hijo de la generación posrevolucionaria, de baja estatura, subido de
    peso, amigo de las guayaberas talla XXL, de anteojos que a cada rato se
    acomoda sobre la nariz, Murillo llegó al mundo en 1961 mientras la
    revolución se consolidaba y , fusil en alto, anunciaba el
    carácter socialista del sistema político cubano.

    Era la época de las nacionalizaciones, la reforma agraria, la
    alfabetización masiva y la confianza ilimitada en el poder dignificador
    del Estado.

    Ahora, cinco décadas después, Murillo es el responsable de "actualizar"
    el modelo. Es decir, de poner en marcha una serie de medidas que
    reduzcan la cantidad de empleados estatales, eliminen de subsidios y de
    que se dé espacio a la iniciativa privada. Se trata de uno de los retos
    y cambios más significativos desde la declaratoria del "Período
    Especial", cuando miles de millones de dólares en ayuda y comercio
    desaparecieron junto con la Unión Soviética.

    "El está trabajando en el centro de la iniciativa estratégica más
    importante del país y es la persona de la generación siguiente (a los
    históricos) cuyo perfil ha aumentado más", dice Peters. "¿A dónde lleva
    eso?, ¡Quién sabe!".

    En abril, Raúl Castro dijo en el VI Congreso del Partido Comunista (PC),
    que el tiempo se acercaba para que una nueva generación de líderes
    asumiera el reino y anunció el establecimiento de un término para el
    mandato presidencial.

    Luego dijo que varios dirigentes fallaron, no por destituir a
    funcionarios en franco ascenso, sino por promover a personas
    equivocadas, y que un cambio de liderazgo aguardaría en una conferencia
    del Partido en enero de 2012.

    Pero, por lo pronto, sólo dos jóvenes fueron nombrados en el influyente
    buró político del PC para la reunión de enero, que lidera Raúl Castro y
    su octogenario vicepresidente José Ramón Machado Ventura: Murillo, de 50
    años, y la jefa del PC en La Habana, la ingeniera forestal Mercedes
    López Acea, de 46 años.

    El rápido ascenso en cargos públicos ha resultado peligroso bajo el
    régimen castrista. En 2009, dos fulgurantes estrellas, de quienes se
    creía que podrían ser posibles sucesores, el canciller Felipe Pérez
    Roque y el vicepresidente Carlos Lage, fueron expulsados de sus cargos y
    avergonzados por la prensa oficial antes de que desaparecieran de la
    vista del público.

    A ellos se sumaron otros caídos en desgracia, menores de 50 años, como
    el secretario de Fidel Castro, Carlos Valenciaga, o el responsable de
    programas sociales, Otto Rivera.

    Murillo, en cambio, ha mantenido un pefil bajo y era un desconocido
    hasta 2009, cuando fue designado Ministro de Economía y Planificación y
    Vicepresidente del Consejo de Ministros.

    Junto con él, López Acea, Lázaro Expósito, primer secretario del PC en
    la provincia de Santiago de Cuba y el ministro de Educación Superior,
    Miguel Díaz Canel, aparecen como posibles dirigentes del futuro.

    Con una carrera más técnica que política, Murillo devino en el timonel
    de la nave que Castro espera conducir por las aguas de las reformas pero
    con el desafío de no perder los logros de la revolución en temas clave
    como , educación y atención a sectores vulnerables.

    Aunque su perfil creció paulatinamente y a la sombra, fue hacia finales
    de 2010 cuando más atención mediática recibió. En ese entonces, atrajo
    también la mirada de observadores extranjeros.

    "El pueblo cubano lo vio un día y medio en televisión mientras explicaba
    y defendía las nuevas políticas en la legislatura, a veces
    intercambiando con Raúl Castro", dijo Peters al recordar la intervención
    de Murillo, entonces todavía ministro, ante los diputados a la Asamblea
    Nacional (equivalente al parlamento). "Trató temas difíciles como los
    despidos y la reducción de subsidios, siempre con la firmeza de un
    hombre que tiene respaldo político desde arriba".

    Los diputados lo cuestionaron, entonces, sobre temas tan disímiles como
    , medio ambiente, y la de abastecimiento, uno
    de los principales subsidios que el gobierno planea eliminar.

    Murillo contestó de manera directa, sin rodeos y con una argumentación
    más técnica que política usando un lenguaje simple. "Esto parece
    complicado, pero no es tan complicado, el que tiene que pagar se lo
    aprende al instante", dijo cuando se lo cuestionó sobre los impuestos
    que pagan miles de trabajadores independientes que emergen cada mes al
    amparo de las reformas.

    También dijo que "el Estado va a regular la relación con las personas en
    lo fundamental", en alusión al papel presuntamente menos interventor que
    va a jugar en la economía, al tiempo que insistió en la necesidad de una
    "empresa estatal socialista eficiente".

    Muy pocos detalles de su vida son de conocimiento público, incluyendo
    datos básicos como dónde vive, si está casado o no y si tiene hijos. Los
    múltiples intentos de la AP por realizar una entrevista con él o con
    funcionarios y personas que lo conocieran resultaron infructuosos.

    Algunas biografías oficiales dicen que es licenciado en economía, fue
    auditor y director de área en el Ministerio de la Industria Alimentaria
    antes de comenzar su despegue público al frente de la cartera de
    Comercio Interior, en 2006, puesto que ocupó hasta 2009.

    Fue en esa posición cuando, por primera vez, Murillo estuvo en la mente
    de los cubanos pues reemplazaba a Bárbara Castillo, destituida en el
    marco de rumores de irregularidades administrativas.

    Los medios de comunicación emitieron declaraciones del funcionario en
    tono contundente asegurando que estaba dispuesto a contar "los sacos uno
    por uno" para evitar el robo a cuentagotas en los almacenes mayoristas
    del Ministerio de Comercio Interior.

    También se sabe que se desempeñó como profesor en la Central
    de Las Villas, al centro del país, y asistió a cursos en la Unión
    Soviética. Su ingreso al PC data de comienzo de la década del 90, aunque
    antes desarrolló actividades en la Unión de Jóvenes Comunistas.
    Documentos públicos también mencionan que hizo estudios en el militar
    Colegio de la Defensa Nacional.

    Estos lazos de vieja data con el PC, los militares, y el gobierno
    constituyen una ventaja en su trabajo de institucionalizar las reformas
    con la vieja guardia, comentó el economista y conferencista de la
    de Denver, el cubano Arturo López Levy. El bajo perfil de
    Murillo también lo podría ayudar a evadir el destino de políticos como
    Pérez Roque y Lage, a quienes Fidel Castro acusó de traidores a la causa
    revolucionaria.

    Tiene una imagen de pragmático y franco que se mantuvo todos estos años,
    que confirmaron quienes tuvieron alguna interacción personal con él en
    los asombrosamente esporádicos encuentros con periodistas o empresarios.

    En 2009 pasó a ocupar un puesto estratégico: ministro de Economía y
    Planificación, cargo que desempeñó hasta 2011.

    Ese mismo año entró al Consejo de Estado, máximo órgano legislativo
    cuando el Parlamento está en receso.

    En marzo de 2011 fue nombrado supervisor del Ministro de Economía en su
    carácter de vicepresidente del país y trabajó de lleno en la
    implementación de las políticas de actualizan del modelo y las reformas.

    Eso lo ubica en el centro de la toma de decisiones en el futuro.

    Convertido en el timonel de las reformas, Murillo ha usado buena parte
    de su tiempo para hablar con varios sectores de la población como los
    obispos católicos con quienes conversó por cuatro horas sobre temas
    económicos y el futuro del país, dijo una persona cercana a la reunión
    cuya identidad no se revela porque no tiene autorización para hablar al
    respecto.

    "Exigente, y con pocas aspiraciones aparentes de poder, Murillo ha
    desarrollado reputación de reformador cauto, que discute con franqueza
    la crisis económica", dijo a la AP López-Levy.

    La ventaja de semejante carrera es contar con la experiencia y el "modo
    de pensar" de la actual dirigencia partidaria y gubernamental, agregó.

    ¿Su desventaja? "Esa integración a un pensamiento común podría limitarlo
    cuando se necesite la gestación de políticas diferentes, en una segunda
    fase de reformas, pero para correr, primero hay que caminar", reflexionó
    López-Levy.

    http://noticias.terra.com/noticias/marino_murillo_lider_de_la_cuba_posrevolucionaria/act2906198

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