La libreta del hambre
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    , porque belleza sobra
    Friday, July 8, 2011 | Por José Hugo Fernández

    LA HABANA, Cuba, julio, www.cubanet.org -Peñas del ron: así les llama un
    amigo a esas concurrencias de curdas que se apelotonan a diario y casi a
    toda hora en las esquinas o en los parques o en los portales de cada
    barrio habanero, con el fin de beber alcohol y de arreglar el mundo
    filosofando sobre lo humano y divino, sea un juego de pelota o la guerra
    nuclear.

    No hay aquí un solo barrio que no posea por lo menos una peña del ron.
    Nuestro clásico borracho del vecindario, antes solitario y desdeñado, ha
    dejado de ser excepción. Ya no tiene que brindar únicamente con la luna.
    Se multiplicó en comunidades, para su suerte, y a veces para el fastidio
    de los que no beben.

    Las peñas habaneras del ron son el único espacio en que se hizo realidad
    la utopía revolucionaria de que todos los hombres sean iguales y se
    dispensen el mismo trato.

    En ellas confraternan, a título de íntimos, compartiendo la metralla que
    se llevan al pico, el estibador y el académico, el vago y el obrero
    vanguardia, el ladrón y el policía, el comunista y sus antagónicos, el
    dirigente tronado y la puta vieja, el y su cosecha, el rockero y
    el bolerista, el rudo veterano de tantas guerras en África y el
    homosexual tragaespadas, el sabio y el ñame… Cada peña del ron es un
    pequeño cementerio, pero al revés: allí sólo queda algún que otro
    espíritu mal parado, en tanto la totalidad de la materia ya se fue al
    infierno.

    Nadie se explica cómo sus afiliados logran mantenerse en pie (es un
    decir) sin comer caliente y cargándose las tripas con pólvora viva, todo
    el tiempo y a como dé lugar.

    En vez de echar al fuego las pestañas en conferencias y foros,
    consultando estadísticas fementidas y yéndose con la de trapo detrás de
    lo que cuenta el Granma, los progres europeos y norteamericanos, así
    como los cubanólogos de gabinete, debieran dejarse caer, mientras
    puedan, por alguna peña del ron habanera. Es el modo más expedito para
    desenhebrar medio siglo de mogolla revolucionaria.

    En las peñas del ron desagua de cabo a rabo la historia de nuestras
    frustraciones, fruto del desastre político más estrepitoso y dramático
    del hemisferio.

    En un futuro que se estira mientras más lo halan, como el pan de la
    , los sociólogos y los psicólogos sociales necesitarán alinearnos
    en tres grupos, aunque sólo sea para organizar sus materias de estudio:
    a) los que escaparon hacia el mundo real, atravesando mares; b) los que
    lograron vivir agazapados como súbditos del cacicazgo, sin perecer en el
    intento; c) los tertulianos de las peñas del ron.

    Así como esta isla, que otrora fue famosa por la magia de sus
    alambiques, terminó convertida en mata de inmundicias alcohólicas como
    la guafarina y el alcolifán, nuestra gente de a pie se ha visto privada
    para siempre de agarrar la nota saboreando el auténtico ron del patio,
    sólo apto para extranjeros, nuevos ricos y jefes.

    Pero ni falta que hace, o es lo que demuestran en las peñas del ron,
    donde el más preciado líquido sobre la tierra es el ron de pipa: sumo de
    bagazo y gasoil. Con un pepino (pomos plásticos de 1 y medio litro) les
    basta y sobra para brindar cada día, cada noche, a cada minuto,
    entrechocando las canecas y los jarros, mientras se repiten unos a los
    otros, con triste ironía: "Salud, porque belleza sobra".

    La Habana, julio 7 de 2011.

    http://www.cubanet.org/articulos/salud-porque-belleza-sobra/

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