La libreta del hambre
We run various sites in defense of human rights and need support to pay for more powerful servers. Thank you.
Recent Comments

    Eliminar la dualidad monetaria: una tarea de todos los cubanos
    Por Ernesto Limia Díaz
    [22.09.2011]-Actualizado 11:30 pm Cuba

    Cuando triunfó la Revolución cubana el país tenía una economía abierta,
    en la que a cada peso de producción bruta correspondían entre 25 y 28
    centavos de importaciones inevitables. La deformación estructural trajo
    como consecuencia que la incorporación de tecnología se produjera solo
    cuando resultaba de interés al capital norteamericano; por tanto, el
    proceso de industrialización de la década de 1950 acentuó aún más la
    dependencia de materias primas y portadores energéticos importados, sin
    un esfuerzo científico y tecnológico para establecer una base propia,
    endógena, capaz de apoyar el desarrollo del sector manufacturero.

    Desde el principio la dirección del país concentró la inversión estatal
    bruta en los sectores productivos, en primer lugar en la industria. Se
    avanzó en sectores clave, como el azúcar y sus derivados; las ramas
    siderúrgica, electrónica, pesquera y materiales de la construcción; se
    edificaron nuevas plantas en la metalmecánica y se creó una importante
    infraestructura energética. Mas, no se logró remontar el desbalance
    comercial.

    El intercambio con la URSS y el CAME permitió que el país emprendiera un
    camino propio, a pesar del injusto bloqueo y de las acciones de guerra
    económica desarrolladas por . No obstante, esta relación
    acarreó problemas complejos de solucionar en materia organizacional, de
    actualización tecnológica y de esquemas técnico-productivos avanzados.
    Importar tecnología sin una base propia nos condujo a mantener una
    dependencia indefinida; pero tras 450 años de colonialismo y
    neocolonialismo, a Cuba no le era posible generar por sí misma los
    recursos que demandaba su desarrollo; solo mediante la obtención de
    recursos financieros externos, en condiciones adecuadas, podía avanzar.1

    Sin , los cubanos arrastramos errores que agudizaron la
    deformación estructural heredada. La imperiosa necesidad de producir
    para satisfacer la demanda interna provocó, con frecuencia, que se
    relajara la disciplina tecnológica y a nivel empresarial se impusieran
    criterios de dirección para los que el cumplimiento del plan se
    convirtió en lo prioritario, sin considerar los aspectos cualitativos.
    Proliferó una cultura donde el indicador calidad se rezagó, lo que tuvo
    un impacto destructivo; además, se subutilizaron recursos, se duplicaron
    esfuerzos y faltó integración.

    También fueron inadecuados los mecanismos de planificación, control y
    evaluación de la actividad científica, se dilataron los plazos de la
    conclusión de las investigaciones y hubo lentitud en generalizar sus
    resultados; fue pobre el cubrimiento del ciclo «investigación –
    desarrollo – producción – comercialización – consumo», por la no
    integralidad de su concepción; fueron débiles las capacidades de gestión
    tecnológica en las empresas e insuficientes los vínculos
    empresa-; además de la aversión al riesgo y la incapacidad de
    trabajar en condiciones de incertidumbre.

    Bajo estas circunstancias en 1986 se emprendió el proceso de
    rectificación de errores; pero el derrumbe del campo socialista impidió
    continuar. En apenas tres décadas, en dos ocasiones Cuba fue privada de
    sus principales mercados de exportación y suministro, a los que le unían
    lazos tecnológicos de dependencia. Resistir se convirtió en la palabra
    de orden.

    El 26 de julio de 1993 Fidel brindó cifras alarmantes: de 8 139 millones
    de dólares en importaciones en 1989, tres años después apenas se habían
    recibido 2 236 millones (27.47%). Cuba adquiría en el exterior el 85% de
    los envases y casi el 90% de las materias primas para elaborar piensos,
    fertilizantes, herbicidas, fibras textiles, calzado, productos de aseo y
    perfumería.2 En consecuencia, la producción industrial cayó en un 50% y
    la formación bruta de capital se redujo en 68%, lo cual rompió el
    equilibrio productivo – financiero. Además, la industria regresó a los
    niveles de consumo energético que exhibía 20 años atrás.

    En tan complejo escenario la Tormenta del Siglo barrió más de la mitad
    del país y provocó pérdidas por encima de los mil millones de dólares;
    mientras que en el mercado mundial declinaba el valor del níquel, el
    camarón y la langosta. El azúcar se cotizó tan bajo que por cada
    tonelada solo se podían adquirir 1,5 toneladas de petróleo.3

    Para tratar de asestar el golpe final, aprobó la Ley
    Torricelli, que interrumpió un intercambio de casi ochocientos millones
    de dólares con firmas subsidiarias de 106 compañías estadounidenses.

    A pesar de la gravísima escasez de divisas, nadie resultó abandonado,
    pero preservar las políticas sociales tuvo un alto costo económico: se
    generó un desbalance entre dinero circulante y bienes de consumo, que
    aumentó la liquidez monetaria de manera desproporcionada y cayó el valor
    del peso cubano. Para enfrentar la crisis el 13 de agosto de 1993 se
    despenalizó la tenencia de divisas para las personas naturales y se
    autorizaron cuentas bancarias en dólares estadounidenses, una de las
    medidas más polémicas del programa de transformación de la economía.

    Su aplicación estuvo dada principalmente por la imperiosa necesidad de
    ingresar divisas de forma rápida. Además, el peso cubano no ofrecía la
    posibilidad de satisfacer la demanda de bienes y servicios en la
    economía interna; se incrementaron los flujos de dólares vía remesas del
    exterior y , y como parte del proceso de transformaciones se
    añadieron los sistemas de estímulos asociados a las actividades
    vinculadas a la exportación de bienes y la sustitución de importaciones,
    la apertura del trabajo por cuenta propia y la autorización del alquiler
    de habitaciones. A su vez, apremiaba atraer capital extranjero y en
    aquellas circunstancias se hacía muy difícil asegurar la confianza en la
    moneda nacional.

    Con un fenómeno de dolarización parcial en la economía y una crisis que
    implicó reorientar el comercio interno y externo, el país decidió
    implantar, con carácter provisional, un régimen monetario dual. En esa
    dirección legalizó la circulación del dólar, creó un mercado estatal
    interno en divisas y se estructuró un circuito empresarial vinculado al
    y al capital extranjero, en el cual todas las transacciones se
    realizarían en dólares. Fue una decisión que no podía postergarse ni
    desde el punto de vista financiero, ni desde el punto de vista político.

    La medida provocó un cambio en las relaciones económicas con el
    exterior, al adoptar un carácter eminentemente mercantil basado en el
    uso directo del dólar, lo que implicó reorientar el intercambio
    internacional y generó transformaciones internas, entre ellas las de
    carácter financiero.

    Presiones externas sobre el uso del dólar incidieron en la necesidad de
    retirarlo de circulación y adoptar estrategias que potenciaran la
    soberanía monetaria, como parte de las cuales se sustituyó por el Peso
    Convertible Cubano (CUC). Un ejemplo de estas presiones lo constituyó la
    prohibición por parte de la Reserva Federal de Estados Unidos del uso
    del dólar en las transacciones cubanas y, en consecuencia, bajo el
    fundamento de violar el contrato, fue multada la Unión de Bancos Suizos
    por aceptar el cambio de billetes de dólares viejos provenientes de Cuba.

    Durante un tiempo, la medida generó más beneficios que contradicciones,
    los ingresos obtenidos por las ventas en divisas permitieron financiar
    la distribución racionada a la población; se reanimó una parte del
    sector manufacturero y las personas con acceso a este mercado mejoraron
    la calidad de su canasta de bienes de consumo. Sin embargo, hoy tiene
    más efectos negativos que beneficios, incluyendo en el plano político y
    su impacto en la estimulación del fenómeno de la corrupción.4

    La existencia de una tasa oficial que no expresa el verdadero valor de
    cambio –para las personas jurídicas 1 peso equivale a 1 CUC–, se ha
    convertido en un obstáculo al desarrollo de las fuerzas productivas y al
    crecimiento económico. En los balances de las empresas, del sistema
    financiero y del propio presupuesto existen flujos en pesos y dólares
    que distorsionan los precios relativos, dificultan medir la rentabilidad
    empresarial e impiden analizar correctamente las finanzas públicas, lo
    que incide en el cálculo del PIB cubano y su credibilidad internacional.

    Este fenómeno genera dualidad contable, siembra confusión e impide
    conocer los costos e ingresos reales de cualquier inversión, proyecto o
    transacción económica. La sobrevaloración del peso cubano mantiene
    artificialmente rentable a un grupo de empresas e injustamente
    irrentable a otras, sin que exista una auténtica relación entre
    rentabilidad y eficiencia. Así, algunas con alta proporción de insumos
    importados aparentan ser eficaces, cuando en realidad esconden subsidios
    implícitos a través del tipo de cambio sobrevaluado; mientras a otras,
    exportadoras, se les subvaloran sus ingresos y deben acudir por
    subsidios, debido a que por cada dólar de exportación ingresado reciben
    menos de un peso cubano.

    Tampoco eliminó los desequilibrios monetarios en el sector pesos, ni la
    sobreliquidez en forma de pasivos inmovilizados en el sector bancario;
    debilitó el rol del sistema financiero en la intermediación de los
    recursos y generó inestabilidad macroeconómica (precios y tipo de
    cambio); además, obstaculiza la creación de un mercado cambiario
    empresarial y reduce la eficiencia de los mecanismos de regulación y
    supervisión bancaria.

    Además del costo económico que significan los altos subsidios que esta
    problemática estaría demandando, la sobrevaluación del CUP ha traído
    consigo que la ineficiencia y el descontrol financiero se hayan
    extendido a casi todas las ramas del país, incluso en empresas
    importantes.

    En este contexto, resulta preocupante el desinterés de los sectores
    productivos y de servicios por interactuar con la ciencia para buscar en
    las universidades y centros investigativos cubanos, la constante
    innovación que se necesita para satisfacer el consumo de nuestra
    población, sustituir importaciones y contribuir al dinámico desarrollo
    de las fuerzas productivas que exige la actual coyuntura económica. El
    impacto perjudicial de esta problemática en sectores priorizados dentro
    de la estrategia de sustitución de importaciones del país es
    significativo.

    Hay quienes afirman que el mayor beneficio de eliminar la dualidad
    monetaria se encuentra en el sector empresarial, bajo el argumento de
    que aquellos que sobredimensionan sus efectos negativos en la población,
    magnifican su supresión y no tienen en cuenta que la razón de la
    desigual distribución de los ingresos no parece ser un fenómeno
    monetario, sino fruto de las diferencias entre quienes viven del salario
    estatal y las pensiones, y los que acceden a otros tipos de ingresos
    dentro y fuera del país. Alegan que derogar la medida en los mercados de
    la población no acabaría con las desigualdades.

    No dejan de tener razón; pero el problema es mucho más complejo y por
    sus implicaciones políticas, económicas y sociales se ha convertido en
    un tema de gran trascendencia.

    La tasa de cambio en CADECA y la política de recaudación de divisas en
    las TRD, impactan en la capacidad de compra del salario; en tanto, los
    elevados recargos comerciales constituyen un impuesto indirecto a la
    adquisición de productos de primera necesidad para los que no existe
    opción alternativa o no se aseguran por la vía del en las
    cantidades necesarias.

    Dado el nivel de los precios, los ingresos por concepto de salario son
    rápidamente absorbidos en los espacios formales en los que se puede
    completar el consumo y difícilmente pueden convertirse en ahorro.
    Además, los espacios alternativos (mercado agropecuario de oferta y
    demanda e industrial; trabajadores por cuenta propia que ofertan
    alimentos, servicios de reparación de viviendas, arreglos de plomería,
    electricidad, carpintería, herrería y cerrajería, entre otros) funcionan
    con una estructura de precios que toma como referente los importes
    vigentes en CADECA, lo cual incrementa la afectación de esta
    problemática.

    Para la mayor parte de los cubanos se hace imprescindible que el país
    salga adelante y se incremente su poder adquisitivo. El impacto entre
    profesionales y científicos, que han visto durante casi 20 años que su
    aporte social no se corresponde con sus ingresos, ha sido
    particularmente severo; al mismo tiempo, los bajos salarios existentes
    en el sector empresarial no constituyen un estímulo a la eficiencia.

    Pero las dificultades que sitúan a algunos sectores en condiciones de
    relativa desventaja, no solo han incrementado las desigualdades
    sociales. Un estudio realizado en el Centro de Investigaciones
    Psicológicas y Sociológicas (CIPS) del CITMA concluyó: «La cuestión de
    la relación entre moralidad e ilegalidad en condiciones concretas, en
    que lo que se exige no siempre coincide con lo que la sociedad es capaz
    de dar, constituye uno de los problemas presentes. La extensión del
    mercado negro, legitimado por amplios sectores de la población, es una
    muestra de ello».5

    Así, el hecho de no poder cubrir necesidades básicas con el salario
    porque no está en correspondencia con el costo de la vida, la débil
    capacidad de los mecanismos de control estatal y la pérdida de valores
    que se constata propician el empleo de vías para satisfacer las
    aspiraciones individuales que violan normas jurídicas, muchas veces a
    partir de los recursos del Estado o de los bienes sustraídos a otros
    ciudadanos, lo cual genera un deterioro moral progresivo. Se ha hecho
    frecuente escuchar una frase que resulta lesiva a la moral socialista:
    «hay que luchar».

    En tal sentido, la magnitud de las expresiones de resquebrajamiento de
    la disciplina y la ética que favorecen la comisión de delitos en
    entidades del sector económico, fundamentalmente en centros productivos
    y de servicios, constituyen un desafío para la Revolución.

    Expertos cubanos y extranjeros han abordado el tema de diversas maneras
    en aras de aportar su propia variante de solución. Todos coinciden en
    que este fenómeno genera efectos negativos para la economía y la
    contabilidad. Muchos plantean la necesidad de que se elimine como parte
    de un proceso gradual y de ajuste paulatino, en un período que podría
    durar entre tres y cinco años. La moneda que sugieren resulta más
    factible para su permanencia en la circulación es el CUP.

    No obstante, hay quienes alegan que aun no están dadas las condiciones
    para eliminar la dualidad monetaria, porque la escasez de divisas y las
    restricciones de financiamiento externo constituyen la principal
    limitación para el crecimiento y, en particular, para la reanimación de
    un importante sector de la economía. Sin embargo, en las condiciones de
    desarrollo en las que tiene que despegar Cuba se impone preguntar:
    ¿cuándo estarían creadas las condiciones propicias?

    No hay duda, el país ya las está generando, y como puede apreciarse, las
    medidas rebasan el marco monetario financiero porque la solución del
    problema también pasa por el sector empresarial y la esfera de la
    Seguridad Social; se requiere incrementar la producción por todas las
    vías posibles, para que la moneda nacional tenga un adecuado respaldo en
    bienes y servicios.

    Y en esta dirección, un paso inicial que se impone antes de emprender el
    complejo camino que progresivamente nos llevaría hasta la unificación
    monetaria, es la devaluación del CUP con relación al dólar y, en
    correspondencia, con el resto de las divisas internacionales, lo cual
    permitiría reflejar con fidelidad los hechos económicos; aunque como
    consecuencia de esta medida es probable que aumente el costo total de
    los productos y servicios, y su precio de venta mayorista.

    La decisión propiciaría que el costo de bienes y servicios nacionales
    con menos insumos importados sea más competitivo que el de aquellos
    donde los insumos importados son elevados o han sido adquiridos
    totalmente en divisas. Los precios mayoristas resultantes reflejarían
    con mayor precisión el costo de la producción nacional y permitirían
    evaluar objetivamente la competitividad de nuestros productos y las
    empresas.

    En este nuevo escenario los artículos nacionales deberán ser más baratos
    que los importados y que los producidos con mayor contenido de insumos
    extranjeros, lo que disminuiría la propensión a importar y contribuiría
    a incrementar la disponibilidad de divisas del Estado y al
    imprescindible fortalecimiento de la empresa nacional.

    Establecer una tasa oficial que exprese un tipo de cambio más coherente
    con la realidad del mercado, es clave para crear condiciones que
    propicien los niveles de productividad y eficiencia que garantizarían
    mayor volumen en la oferta de bienes y servicios, y una reducción de los
    precios. La nueva tasa impondría el reto de alcanzar mayor organización
    en el sistema económico, mejor planificación de los recursos, una
    dirección institucional más eficiente y un sistema de formación de
    precios más flexible.

    Sin embargo, muchas empresas podrían ir a la quiebra, incluso algunas
    que en las actuales circunstancias aparentan ser «eficientes», con los
    efectos negativos que esto traería para sus trabajadores. También es
    necesario trazar estrategias adecuadas de comunicación que propicien
    eliminar falsas expectativas en torno a los resultados del proceso de
    unificación monetaria, ya que existe la opinión en una parte de la
    población de que este cambio es sinónimo de mejora directa en los
    salarios y, por ende, de su nivel adquisitivo, lo cual es falso.

    En realidad, el incremento del tipo de cambio para las personas
    jurídicas deberá impactar en el nivel general de precios en la economía
    y, por consiguiente, es probable que la población sufra un alza en el
    valor de los bienes de consumo, lo cual implicará garantizar la
    protección de los sectores sociales más vulnerables. Pero a enfrentar
    este momento y a eliminar progresivamente las desigualdades, contribuirá
    la apreciación del CUP en las relaciones con la población.

    El cese de la dualidad monetaria está indiscutiblemente vinculado al
    crecimiento económico, al incremento del financiamiento del déficit por
    cuenta corriente de la balanza de pagos y al aumento de las reservas
    internacionales. Por tanto, para comenzar el proceso gradual de
    unificación es necesario que los economistas cubanos continúen
    contribuyendo, con creatividad, al diseño e implementación de una
    estrategia que garantice una sustitución real de importaciones,
    fortalezca la producción de bienes y servicios, proteja la industria
    nacional y potencie el mercado interno.

    Los contadores deberán desempeñar un rol fundamental. Un desafío
    permanente lo constituyen los cálculos econométricos que se requieren en
    las condiciones específicas del desarrollo de Cuba, para implantar una
    nueva tasa oficial que exprese un tipo de cambio más coherente con la
    realidad que impone el mercado, que a la vez evite el incremento del
    poder adquisitivo de la población sin que la producción de bienes o la
    oferta de servicios sean capaces de respaldar la demanda. Otro tema a
    resolver sería cómo controlar el probable exceso de liquidez en CUP de
    algunas empresas que podrían convertirse en potenciales derrochadoras y
    afectar la balanza comercial, al adquirir capacidad financiera para
    obtener en Cuba bienes o servicios importados, o con elevado componente
    de insumos importados, cuya demanda tienen restringida hoy por la
    escasez de CUC.

    A diferencia de lo que muchos piensan, eliminar la dualidad monetaria es
    una tarea de todos los cubanos. Asumir el reto de construir el
    socialismo en este complejo y decisivo periodo, que implica realizar
    cambios imprescindibles que producirán beneficios económicos junto a
    costos sociales, requiere de mucha madurez, integridad y compromiso con
    la larga historia de lucha revolucionaria que nos han legado nuestros
    padres.

    http://www.eleconomista.cubaweb.cu/2011/nro405/dualidad-monetaria.html

    Tags: , , , ,

    Print Friendly

    Leave a Reply

    Your email address will not be published. Required fields are marked *

    Calendar
    September 2011
    M T W T F S S
    « Aug   Oct »
     1234
    567891011
    12131415161718
    19202122232425
    2627282930  
    Archives