La libreta del hambre
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    Entre leyes y cuatreros
    Friday, September 23, 2011 | Por Alberto Méndez Castelló

    PUERTO PADRE, Cuba, septiembre (www.cubanet.org) – Robos de mayor
    valorados en 5 millones 545 mil 530 pesos, ocurridos desde enero hasta
    el pasado 31 de agosto en la provincia Las Tunas, reportó el Semanario
    26, órgano del Comité Provincial del Partido Comunista en este
    territorio, en su edición impresa.

    Interrogado acerca de la causa de tales atracos (568 cabezas más que en
    igual etapa de 2010), el subdirector del Centro Nacional de Control
    Pecuario en Las Tunas, ingeniero Fonseca, dijo que ocurrían robos de tal
    envergadura "porque los ganaderos habían bajado la guardia ante los
    cuatreros".

    ¿Es cierto esto? Entrevistado hace años por un antropólogo forense, el
    jefe de la policía de New York dijo que no había forma de parar a un
    ladrón una vez despertada su codicia, que la única forma de evitar el
    robo era no tentar a los ladrones con la exhibición de objetos valiosos.

    En Cuba la tentación de los cuatreros es única y notoria. Ante sus ojos
    está una mina de oro, representada por más de once millones de almas
    ansiosas de comerse un bisté y, por supuesto, ellos están ahí para
    suministrarlo.

    El 12 de marzo de 1962 entró en vigor la ley número 1015, que imponía
    el al pueblo de Cuba. En lo adelante la carne de
    quedaba racionada a 4 onzas, es decir, 230 gramos semanales, per cápita.
    Esa misma cantidad se prolongaría más tarde a una vez cada quince días
    para, finalmente, suspenderse definitivamente.

    El 31 de enero de 1958 Cuba tenía seis millones de habitantes y casi
    igual número de cabezas de vacuno. Tras Argentina y Uruguay,
    ocupaba el tercer puesto en consumo de carne per cápita en Iberoamérica.

    No obstante, según una encuesta realizada en 1957 por la Agrupación
    Católica Universitaria, sobre una muestra de 2 mil 500 familias
    campesinas, solamente el 4 por ciento de la población rural comía carne
    y había grandes diferencias entre el nivel de vida en La Habana y en el
    campo, donde vivía el 40 por ciento de los cubanos.

    Fiable o no el dato de los católicos, ¿qué sucedió? Hoy, la situación
    del consumo de carne es mucho peor; si no se es un niño menor de 7 años,
    se tiene una dieta médica, o se es miembro de las altas esferas del
    gobierno, los cubanos no comen carne de res si no van donde el matarife
    clandestino.

    Por citar un ejemplo. La población de Las Tunas asciende a 536 mil
    habitantes. De ellos sólo 59 mil 803 son niños entre 0 y 7 años, y un
    pequeño número tiene dieta médica de carne. La mayoría, si compró carne,
    debió pagar por ella parte de los 5 millones y medio de pesos a los que
    se refiere la información. De lo contrario, ¿dónde está la carne?

    De tener los contactos necesarios, habría que ver cuántos cubanos se
    hubieran rehusado a pagarse un bistec, con todo y que fueran robados.
    ¿Qué condujo a la población cubana a esa situación de necesidad,
    jurídicamente hablando?

    En 1959 había en Cuba 0,92 cabezas por habitante. Sólo el 4 por ciento
    de la población rural comía carne regularmente. Pero el robo de ganado
    era un delito desconocido. Treinta años después, en 1989, la relación
    ganado vacuno por habitante se redujo a 0,46. El ciento por ciento de la
    población, salvo los casos mencionados, no comía carne, y el robo de
    reses se había convertido en plaga nacional.

    En su libro La en Cuba, el doctor Nova González escribe que
    entre 1981 y 1989 se invirtieron en la ganadería 3 mil millones de
    pesos. Y según expresó ante el Consejo de Estado, en julio
    de 1989, donde ratificó la pena de muerte al General Arnaldo Ochoa y
    otros acusados, Cuba gastaba más de mil millones de dólares en las
    Fuerzas Armadas, y otros cientos de millones en el Ministerio del Interior.

    El pasado miércoles, en el establo del matadero de Puerto Padre, había
    más o menos una docena de vacas flacas esperando el , mientras
    que en el parqueadero del establecimiento se encontraban dos autos y un
    jeep, y andaban por allí diez o doce funcionarios.

    El administrador del matadero, ex oficial de la policía política, se
    negó a recibirme. Iba a preguntarle quiénes tienen asignaciones de
    carne, además de los niños y los enfermos.

    Si hoy la carne de res es algo prohibitivo en Cuba, hay menos vacas que
    antes, y más ladrones que nunca, ¿qué pasa? El amigo lector responderá
    fácilmente.

    http://www.cubanet.org/articulos/entre-leyes-y-cuatreros/

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