La libreta del hambre
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    Publicado el sábado, 12.31.11

    Los saltos acrobáticos del régimen cubano
    Juan O. Tamayo
    jtamayo@elnuevoherald.com

    Para algunos son una señal clara de que el régimen cubano ha dado un
    viraje significativo en sus políticas, al menos en materia económica.
    Para otros no son sino cambios cosméticos de una dictadura que se
    mantiene aferrada al poder.

    A Joe García, ex director ejecutivo de la Fundación Nacional Cubano
    Americana, le gusta bromear sobre la charla que podría tener hoy con el
    fallecido Jorge Mas Canosa, fundador de la poderosa organización de
    exiliados anticastristas.

    García dice que le diría a Mas Canosa que los gobernantes de Cuba han
    abandonado su sueño de una utopía igualitaria, y que incluso Fidel
    Castro había confesado que su modelo de comunismo subtropical "no funciona".

    Añadiría que Raúl Castro ha permitido a los cubanos iniciar más negocios
    pequeños, reconocido su derecho a vender casas y vehículos, e incluso ha
    abrazado inversiones extranjeras en esos íconos del capitalismo: los
    campos de golf.

    "Jorge diría de inmediato: 'Se acabó. ¡Hemos !'?", dijo sonriente
    García, un demócrata del sur de Florida que sigue el paso de los eventos
    en Cuba y ha aspirado en dos ocasiones, sin éxito, a la Cámara de
    Representantes de .

    Los críticos de Castro discreparían fuertemente y presentarían los
    cambios como nada más que un poco de lápiz labial en el cadáver
    putrefacto de una economía de estilo soviético. El propio Raúl Castro
    califica tímidamente los cambios no como "reformas", sino como
    "actualizaciones", y se ha comprometido a mantener la planificación
    centralizada como la columna vertebral de la economía de la isla.

    Sin embargo, los cambios reflejan claramente un ambicioso esfuerzo por
    hacer frente a las fallas estructurales del sistema comunista de Cuba,
    abandonar su cultura de paternalismo y atacar a su burocracia
    parasitaria, sin arriesgar el poder del gobierno para reprimir la
    disidencia.

    En pocas palabras, el objetivo de Castro es recortar un abultado sector
    estatal que controla aproximadamente 80 por ciento de la economía, y
    permitir más espacio para las pequeñas empresas que pueden producir más
    eficientemente, pagar impuestos al gobierno y, a menudo pueden contar
    con el apoyo financiero de familiares o amigos en el extranjero.

    No ha sido fácil. La resistencia de los ideólogos y burócratas
    atrincherados parece haber socavado algunos de los cambios, y los
    recortes en las libretas de que proporcionan los alimentos
    básicos a precios altamente subsidiados, han golpeado a los más
    necesitados en Cuba.

    Una iglesia católica en La Habana informó de un fuerte aumento en el
    número de personas en sus almuerzos gratuitos en los últimos meses. Y se
    ha reportado que el gobierno detuvo los pagos por discapacidad y otras
    ayudas a unas 3,000 personas en la provincia de Villa Clara este año.

    Pero muchas reformas ya están en marcha, y el ritmo de las reformas
    aumentó después de que un congreso del Partido Comunista de Cuba, en
    abril, dio un amplio respaldo a más de 300 propuestas de Castro para el
    cambio.

    Los cuentapropistas

    Quizá la reforma más importante para el cubano medio fue la decisión de
    permitir una expansión de la actividad económica privada, en un país que
    nacionalizó todos los negocios en 1968, hasta los carritos que vendían
    fritas.

    Hoy en día, 357,000 personas tienen licencia para realizar "trabajos por
    cuenta propia", en categorías estrictamente controladas como las de
    payasos para fiestas y vendedores ambulantes, y la mayoría tiene
    ingresos por encima del salario oficial promedio de $20 al mes.

    Por primera vez este año, a los empresarios privados se les permitió
    contratar a empleados —algo considerado antiguamente como "explotación
    del hombre por el hombre" — alquilar algunas tiendas de propiedad
    estatal, e incluso promover sus servicios en el directorio telefónico de
    la isla, que anteriormente los rechazaba por ser demasiado "consumistas".

    Muchas empresas estatales, como cerrajerías, talleres de carpintería,
    talleres de reparación de aparatos eléctricos como ollas para cocinar
    arroz, se convertirán en empresas privadas, según un anuncio oficial del
    mes pasado.

    Asimismo, el gobierno pospuso algunos impuestos y tasas y redujo otros,
    cuando se hizo evidente que ahogarían a las nuevas empresas. Tambien
    prometió préstamos bancarios a las empresas y contratar a algunas de
    ellas para trabajar en áreas como la construcción.

    Pero la carrera inicial para obtener licencias de trabajo por cuenta
    propia parece estar disminuyendo, y las cifras oficiales indican que
    casi 20 por ciento de los que recientemente recibieron licencias en La
    Habana las devolvieron después, al parecer porque no podían obtener
    ninguna ganancia.

    Los cubanos se quejan de que las actividades permitidas son muy
    limitadas, que no hay vendedores mayoristas legales de las materias
    primas que necesitan —madera para los carpinteros, por ejemplo— y que
    algunos impuestos y tasas siguen siendo injustos. Los que alquilan
    habitaciones a turistas pagan lo mismo, independientemente de su
    utilización.

    El acceso a los bancos

    Los cambios en el monopolio bancario del gobierno, que nunca ha ofrecido
    tarjetas de crédito, y mucho menos una tostadora, también significan que
    los cubanos pueden ahora obtener préstamos para construir o renovar
    casas y pagar por los materiales, así como por la mano de obra.

    Los agricultores privados pueden abrir cuentas bancarias, antes no
    disponibles, para manejar su dinero, y los préstamos pueden elevarse por
    encima de los antiguos límites y subir aún más si el prestatario tiene
    un aval o garantía.

    Algunos de los nuevos empresarios están dispuestos a solicitar esos
    préstamos, pero menos dispuestos a poner su dinero en los bancos
    estatales, en medio de temores de que el gobierno podría confiscar sus
    dineros en caso de una crisis financiera.

    El dilema de la

    Castro también intensificó su ataque al segundo problema más
    desconcertante de Cuba: los múltiples fracasos en la agricultura que
    obligaron a la isla a importar $1,500 millones en alimentos el año
    pasado —estimados en 60 a 80 por ciento de su consumo total.

    En noviembre, 3.4 millones de acres de tierras ociosas ya habían sido
    arrendadas a 170,000 agricultores privados. A los agricultores también
    se les permitió vender directamente a los consumidores y los centros
    turísticos, que pagan mejores precios y por lo tanto ayudan a aumentar
    la producción.

    Otro cambio que se espera muy pronto aumentará los límites de los
    contratos de arrendamiento desde 33 hasta 165 acres y de 10 a 25 años, y
    permitirá a los familiares y en algunos casos a trabajadores, heredar
    las concesiones, de acuerdo con los informes en los medios noticiosos.

    Ese cambio también permitirá por primera vez a los agricultores
    construir casas en las tierras arrendadas, y promete que el gobierno
    reembolsará a los agricultores por todas las mejoras en caso de que
    pierden sus contratos de arrendamiento, agregaron los informes.

    Sin embargo, casi dos millones de acres siguen sin cultivar, y los
    agricultores deben realizar la mayor parte de sus negocios a través de
    Acopio, la agencia estatal notoriamente ineficiente a cargo de comprar
    sus productos y ponerlos en el mercado —pero que con regularidad no paga
    a los productores a tiempo y permite que se pudran los productos en el
    camino hacia el mercado.

    Funcionarios del Partido Comunista en algunas provincias, según se
    alega, se están apoderando de los mejores acres en arriendo y obteniendo
    todos los suministros que necesitan, como semillas y fertilizantes,
    mientras que otros agricultores privados obtienen sólo una parte de lo
    que necesitan.

    Las ventas de casas y vehículos

    También ha generado mucho interés la mitigación de Castro sobre las
    restricciones a las ventas de casas y vehículos, saludadas a veces como
    un reconocimiento sin precedentes de los derechos de propiedad privada,
    y desestimadas a veces como una simple legalización de lo que había
    estado ocurriendo en forma ilegal durante años.

    El permiso para comprar y vender casas convirtió inmediatamente las
    propiedades en dinero en efectivo potencial, y borró los difíciles
    requisitos para las previamente autorizadas "permutas" — intercambios de
    viviendas de aproximadamente el mismo tamaño o valor.

    Más de 4,000 mensajes de "se vende" de habian publicado a finales de
    diciembre, y el gobierno levantó la mayoría de las restricciones sobre
    la venta de materiales de construcción a particulares, redujo los
    precios e hizo un trato con la versión brasileña de Home Depot para
    importar suministros.

    El gobierno informó la semana pasada que desde que el cambio entró en
    vigor se habían registrado 360 ventas de casas y cerca de 1,600
    "donaciones" —muy posiblemente esfuerzos para legalizar ventas previas
    que no cumplían todos los requisitos gubernamentales.

    Cuba enfrenta una escasez crítica de viviendas, oficialmente de 600,000
    unidades en un país de 11.2 millones de personas. Muchas propiedades
    fueron subdivididas en muchas ocasiones durante las décadas para dar
    cabida a más familias, y ahora podria resultar muy confuso seguir la
    pista a los derechos de propiedad.

    El gobierno también ha anunciado que registró 3,310 ventas de vehículos
    y 994 "donaciones" tan sólo durante el primer mes de las nuevas
    regulaciones que permiten la venta de todos los autos y camiones usados.

    Anteriormente, sólo los vehículos anteriores a 1959 podían ser comprados
    y vendidos sin restricciones. Hoy en día, todos los vehículos usados
    pueden ser vendidos. Sin embargo, los nuevos vehículos se venden sólo a
    los cubanos que son aprobados por el gobierno y que ganaron su dinero
    trabajando para el beneficio del país, como los médicos que trabajan en
    .

    Reducir los controles

    Menos claro es el impacto de la campaña de Castro para reducir los
    controles directos que el gobierno ejerce sobre la economía, y dar a los
    gerentes de las empresas estatales una mayor autonomía para administrar
    sus negocios de manera más eficiente.

    El Ministerio del Azúcar, por ejemplo, que dirigió la que una vez fue la
    principal industria de Cuba mientras ésta caía en el desastre durante la
    última década —la zafra del 2006 fue la peor desde 1905— se convirtió en
    una empresa del Estado. Lo mismo ocurrirá con el servicio de correos de
    la isla.

    Pero las nuevas "empresas", al parecer, seguirán dependiendo del mismo
    sistema de planificación centralizada del gobierno que ha demostrado su
    ineficacia en el pasado —en el caso de la zafra azucarera, siendo
    incapaz de asegurar la entrega oportuna de insumos como el combustible y
    las piezas de repuesto.

    Los funcionarios del gobierno han planteado la posibilidad de permitir
    la inversión extranjera en el sector del azúcar, y ya han aprobado el
    financiamiento externo para media docena de centros turísticos con
    campos de golf que se construirán en terrenos del Estado, arrendados por
    99 años.

    Los viajes al extranjero

    Castro también ha dicho que está trabajando en la reforma sin duda
    deseada por los cubanos con mayor urgencia: el derecho a viajar al
    extranjero sin un permiso de salida, que es caro y debe ser aprobado por
    los agentes de Seguridad del Estado.

    Los cubanos también quieren aliviar las restricciones sobre el regreso
    de familiares que viven en el extranjero, y la abolición de la "salida
    definitiva", categoría que castiga a aquellos que abandonan la isla para
    establecerse permanentemente en otro país.

    Castro dijo a los legisladores cubanos el 23 de diciembre que él
    entendía las peticiones de reformas en la política migratoria, pero que
    los cambios tienen que venir poco a poco, debido a la continua
    hostilidad del gobierno de Estados Unidos. A cualquier cubano que pise
    territorio de Estados Unidos se le permite permanecer y recibir
    residencia en Estados Unidos.

    El precio de las reformas

    Las reformas de Raúl Castro han tenido un precio.

    A medida que eliminaba los subsidios del gobierno, tuvo que recortar el
    gasto en algunos de los sectores que la revolución considera como sus
    "logros" más representativos — la salud, la educación y el bienestar
    social — aunque esos sectores han sido muy dañados desde el fin de los
    enormes subsidios de la Unión Soviética en 1991.

    Algunas clínicas de barrios se están cerrando en favor de instalaciones
    más regionales, las universidades están reduciendo la matrícula en
    algunas áreas de estudio, y varios artículos alimenticios que antes se
    vendían por medio de las libretas de racionamiento, ahora sólo pueden
    adquirirse a precios mucho más altos.

    Es más, algunas de las reformas anunciadas por Castro, ahora en su sexto
    año en el poder después de suceder a su convaleciente hermano Fidel, se
    pospusieron o fueron abandonadas en medio de informes sobre una fuerte
    oposición desde dentro de la jerarquía gobernante.

    Un plan para despedir a 500,000 empleados del estado —el 10 por ciento
    de la nómina pública— entre octubre del 2010 y el 1ro. de abril del
    2011, fue pospuesto sin un nuevo plazo. Y un esquema para vincular los
    salarios a la productividad individual del trabajador, anunciado con
    bombos y platillos en el 2008, no ha sido mencionado durante casi dos años.

    Mientras tanto, el esquema básico del sistema político de Cuba no ha
    cambiado: un gobierno de partido único, estrictos controles sobre los
    medios de comunicación, y diversos niveles de represión para aquellos
    que se oponen al gobierno.

    Cirugía cosmética

    Para los críticos de Castro, todos los cambios equivalen sólo a una
    cirugía cosmetica sin valor y una confesión del fracaso de 53 años de lo
    que los Castro llaman "construyendo el socialismo". Después de todo,
    dicen, la empresa privada existía y las casas podían ser compradas y
    vendidas bajo la dictadura de Fulgencio Batista, antes de la revolución
    de los Castro en 1959.

    Para sus partidarios, las reformas son parte de una campaña lenta pero
    segura para eliminar una serie de limitaciones económicas que no tienen
    sentido, avanzar hacia una categoría más productiva de socialismo, y
    mantener el Partido Comunista de Cuba en el poder.

    Las únicas certezas son que Cuba se encuentra en medio de cambios
    complejos —que pueden o no dar lugar a un tipo más productivo de
    socialismo— y que Castro no tiene intención alguna de relajar su sistema
    político autoritario y coercitivo.

    http://www.elnuevoherald.com/2011/12/31/v-fullstory/1094332/los-saltos-acrobaticos-del-regimen.html

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