La libreta del hambre
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    El país feliz número doce

    Jueves, 05 de Julio de 2012 18:24

    Escrito por Luis Cino Álvarez

    Cuba actualidad Arroyo Naranjo, La Habana (PD) Tan despistados como si

    estuvieran a bordo de Star-Trek, los sesudos de la New Economics

    Foundation, en su Happy Planet Index, acaban de conferir a Cuba el

    lugar número doce en la lista de los países más felices del mundo. De

    acuerdo a los parámetros de desarrollo sostenible que tuvieron en

    consideración, igual pudieron otorgarle el uno o el dos.

    Parece que esos tanques pensantes ambientalistas no encuentran un modo

    mejor de entretenerse que despilfarrar su presupuesto anual de 3,9

    millones de dólares en la repartición de una inexistente felicidad entre

    los pobres de la tierra.

    Quisiera que esos señores compartieran nuestra cochambrosa felicidad.

    Pero no de vacaciones, en algún Meliá o en Varadero. No. Los

    quiero aquí a tiempo completo. Con de abastecimiento, carnet de

    identidad y permiso de entrada y salida del país en manos del MININT.

    Apuntados en un registro de dirección en Cambute, El Moro o Centro

    Habana, tan bravía y folklórica. Rodeados de mugre, virosis desconocidas

    para los médicos, escaseces, apagones, palabrotas de grueso calibre que

    la gente grita porque si no lo hacen revientan de rabia, ladrones que

    no saben –no pueden- hacer otra cosa que robar, putas hambreadas,

    chivatos patéticos y largas colas para cargar de un camión-pipa que

    envían cada varios días.

    Imagino su admiración por los llega y pon y los solares habaneros que

    tan bien se ven en los video-clips de timba y reguetón, con muchachos

    musculosos con pinta de pingueros, rubias teñidas como se pueda y

    mulatas sandungueras que se van por encima del nivel.

    Veo sus bocas abiertas de pasmo ante los arbustos que crecen en las

    derruidas paredes, los edificios en estática milagrosa…hasta un día.

    El placer por la mezcla de olores de nuestra capital: el olor a

    fritanga, a picadillo de soya y pescado podrido, a la subsidiada

    y mal cocinada de los pobres de solemnidad, a basura sin recoger desde

    hace varios días, al kerosén ligado con petróleo que sale por el tubo

    de escape de los pintorescos almendrones y que se nos mete en los ojos y

    nos hace llorar, a alcohol de reverbero –lo mismo para cocinar que para

    beber-, la peste a amoniaco que despiden los improvisados meaderos

    –escaleras, árboles, columnas, tantas como son- en una ciudad donde

    apenas hay baños públicos, la peste a mierda que nos sale al paso en

    cada esquina y nos acompaña, ligada con la sempiterna peste a grajo, en

    cada atestada que montamos.

    Luego de esquivar los paquetes de basura y los papeles cagados que

    lanzan por ventanas y balcones a punto de derrumbarse, los veré sortear

    por nuestras calles, con pasos ágiles, cual bien calzados bailarines,

    los baches llenos de agua verdosa, las corrientes de aguas albañales que

    corren de cualquier parte, a cualquier lugar, o simplemente se acumulan

    en una esquina, represadas por los escombros, y hacen un lagunato que

    crece y crece…

    Ya me parece ver sus sonrosadas pieles, irritadas por el sol y con

    muchas ronchas y picazones, porque Cuba se ha convertido, a pesar de las

    fumigaciones con petróleo aguado y del insecticida Lomaté que fabrican

    los presos para la empresa PROVARI del MININT, en el reino de los

    mosquitos, las santanillas y los piojos. La mala noticia para los

    ecologistas es que el insecticida, además de reventar los pulmones de

    los reclusos que lo producen, al combinarse con las fumigaciones, han

    hecho aumentar el número de asmáticos y ha acabado con las mariposas,

    los cocuyos, las libélulas, las ranas, con todo, excepto con los

    mosquitos y las santanillas.

    Pueden olvidarse del paraíso ecológico que se imaginaron. Los delirios

    faraónicos del Máximo Líder casi acabaron con el medio ambiente. Los

    embalses a tutiplén arruinaron la red fluvial y erosionaron y

    salinizaron los suelos. Y menos mal que no logró desecar la Ciénaga de

    Zapata para sembrar arroz. La reforestación todavía no logra compensar

    el daño que hizo hace más de 40 años aquella brigada Che Guevara que

    dinamitó las arboledas y nos dejó sin frutas y con pájaros que invadían

    la ciudad –ay, Alfred Hitchcock- porque no tenían donde guarecerse.

    Y no fueron solo los caprichos del Comandante, sino también de alguno de

    sus montunos comandantes históricos, como Guillermo García, que además

    de experimentar con reses y caballos, introdujo, como si fuera Noé, lo

    mismo búfalos vietnamitas que deambulan por arrozales y marabusales que

    voraces clarias que han proliferado hasta en las mojoneras y que están a

    punto de extinguir la fauna fluvial autóctona.

    Creo ver la decepción en sus rostros ante las costas llenas de refugios

    para una guerra que afortunadamente nunca llegó pero igual nos

    arruinó, los bancos de corales que se acaban, la arena que va en

    retirada en casi todas las playas excepto en las cayerías para turistas…

    Que den un paseo, por ejemplo, por las orillas del río Bélico, que cruza

    la ciudad de Santa Clara, donde hasta hace poco más de medio siglo

    navegaban embarcaciones menores y la gente nadaba. Ahora sus aguas

    arrastran desechos tóxicos, ramas, tablas, cartones, animales muertos, y

    bolsas de nylon con basura, mucha basura…

    ¿Y qué decir de los perros y gatos muertos en las cunetas, quemados o

    putrefactos, las gallinas prietas sacrificadas a los santos, los

    caballos hambreados y apaleados que tiran de carretones bajo un sol de

    penitencia, a punto de caerse muertos en plena calle? Pero, ¿qué van a

    tener derechos los animales donde casi no los tienen las personas? Y

    suerte que se salvaron los gatos y no los devoraron a todos durante el

    periodo especial. Ahora hay que preocuparse también por los perros, no

    solo porque dicen que algunos degenerados en Guamá se los tiran vivos a

    los cocodrilos para alimentarlos y divertir a los turistas, sino también

    porque la policía investiga qué se hizo con la carne de decenas de

    perros cuyos cabezas han aparecido tiradas en Mayabeque y Artemisa, no

    vaya a ser que ciertos desaprensivos cuentapropistas hagan croquetas y

    hamburguesas con ellos…

    Los manatíes, las jicoteas, las caguamas y otras decenas de especies se

    extinguen porque resulta insólito que los hambrientos respeten las

    vedas. Y las polimitas, las cotorras y los corales los venden a los

    turistas.

    Pero a pesar de tanto desastre, supongo que los que repartieron

    felicidad para confeccionar el Happy Planet Index aleguen, además de la

    huella ecológica casi imperceptible que deja Cuba –por la escasez de

    petróleo, no importa la leña consumida para cocinar- que las escuelas y

    los hospitales son gratis, aunque cada día den más grima.

    También tendrán en cuenta la dicha inmensa de vivir sin –esa

    babélica confusión- ni Publix, Mc Donalds o Wall Marts. Sin

    derrochadores anuncios lumínicos, sin comerciales de TV ni vallas

    publicitarias. Sólo las que exijan la libertad para Los Cinco o pregonen

    a los que no se han dado cuenta todavía que "vamos por el camino correcto".

    Malagradecidos que somos por no regocijarnos de ser eternamente pobres y

    virtuosos buenos salvajes. Incapaces de apreciar el goce de ver arder

    nuestras esperanzas en una fogata de basura sin recoger. De

    enorgullecernos por vivir en el número doce de los países más felices

    del mundo.

    Para Cuba actualidad: luicino2012@gmail.com

    http://primaveradigital.org/primavera/politica/54-politica/4519-el-pais-feliz-numero-doce.html

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