La libreta del hambre
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    Subsanando errores

    Miércoles, Agosto 1, 2012 | Por Martha Cabello

    LA HABANA, Cuba, agosto, www.cubanet.org -Cuando la prensa plana

    nacional publica un discurso que ha sido previamente televisado –la

    mayoría de las veces-, aclara que es una "versión", lo que permite

    corregir cualquier error que pudo surgir durante la intervención. Ese es

    el caso de lo publicado el 27 de julio, en el periódico Granma, con

    referencia a las palabras de Raúl Castro, el día anterior, en la

    provincia oriental de Guantánamo.

    Durante la transmisión en vivo de este discurso –e incluso en las

    retransmisiones posteriores-, el general , al referirse a José

    Martí, planteó: …"es que no cejó a pesar de fracasos como los de La

    Fernandina, cuando perdió las armas que con tanto esfuerzo tabacaleros

    cubanos en Miami habían reunido…"

    Sin , ante tamaña inexactitud histórica, le corrigieron la plana.

    Escribieron en el Granma, en vez de Miami, . Al menos

    redujeron el error.

    Habría que especificar que la ciudad de Miami fue fundada oficialmente

    en 1896, mientras que en Tampa, ya en 1886, estaba establecida la

    industria tabacalera, y fue allí precisamente donde Martí obtuvo los

    recursos que necesitaba.

    Pero lo que habría que destacarse es que cuando Raúl Castro dijo conocer

    todos los problemas que afronta el país y que afronta la población,

    cuando dijo que los salarios están bajos, que hay muchas dificultades… e

    incluso que los mismos médicos ganan muy poco, terminó expresando

    textualmente: "Así estamos todos, pero vivimos y mantenemos esta

    Revolución…".

    En este caso no hubo subsanación de errores, aunque es una falta de

    respeto para el pueblo que dijera: "Así estamos todos".

    Alguien, entre los que le enmiendan la plana, tendría que haberse

    percatado de que Raúl Castro no debió incluirse entre los que sufren

    dificultades, porque, tanto él como su familia, y los que están debajo

    de su sombra, no pasan ningún trabajo para vivir. Son sencillamente los

    dueños del país y disponen de todo y de todos.

    En una mirada rápida a un día en la vida de un cubano promedio, se puede

    empezar por preguntar: ¿cómo asegura el desayuno?, especialmente el de

    cualquier niño que haya cumplido más de 7 años, por lo que ya no tiene

    derecho a adquirir leche por la cuota de la mal llamada de

    abastecimientos.

    ¿De qué forma logra el acceso a los medios de limpieza y aseo personal,

    como jabón, desodorante, pasta de dientes, detergente y frazadas de

    piso? Estas últimas están ahora en falta en el mercado, y solo es

    posible adquirirlas en bolsa negra, a un precio de 60 pesos cubanos, o

    sea el salario de dos días de un profesional. Los otros productos se

    venden en tiendas "liberadas", pero a precios no asequibles al bolsillo

    de un trabajador promedio.

    ¿Cuántos años hace que en la casa de un cubano promedio no se puede

    comprar una toalla, una sábana, una funda, una colcha para cubrirse en

    el invierno?

    Llegada la hora de ir a trabajar, está la cola para la "", y la

    interminable espera hasta que aparezca el ómnibus, con la inseguridad de

    que pare o no en la parada, o de que no pueda ser abordado porque está

    repleto, con los pasajeros colgando de las puertas como racimos. En fin,

    es algo muy distinto a los autos modernos y con aire acondicionado en

    los que viajan Raúl Castro y su familia.

    Al regreso a la casa, está la pregunta de todos los días: ¿qué se come

    hoy? Los primeros días del mes hay , y algún huevo.

    También están las croquetas baratas, que son plato permanente en la mesa

    de los no tan pobres, porque otros no disponen ni de los 5 pesos cubanos

    para comprar un paquete. Pero cuando avanza el mes, se acaba el arroz y

    las míseras onzas de frijoles, entonces la mesa queda muchas veces vacía

    y los fogones apagados.

    Qué diferente a los manjares que se sirven en las mesas de los

    dirigentes. Camarones, langosta, pescado (que, como es natural, no tiene

    nada que ver con la claria que come el pueblo), carnes de todo tipo,

    buen vino. Hay que ver lo gordos y barrigones que están la mayoría de

    los dirigentes de alto nivel.

    A la hora de dormir, algunos apenas tienen un ventilador, que no pueden

    ni mantener funcionando constantemente, por el alto precio de la

    electricidad. Mientras, la nomenclatura duerme con aire acondicionado.

    Sin embargo, según Raúl Castro, la causa de todos estos problemas no

    está en el sistema. Él lo dejó bien claro en este último discurso: la

    culpa es del pueblo, que no aumenta la producción y la productividad.

    Así es que recibimos palos por lo que les damos, y palos por lo que no

    les damos.

    http://www.cubanet.org/articulos/subsanando-errores/

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