La libreta del hambre
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    Economía

    El círculo vicioso

    Orlando Freire Santana

    La Habana 11-09-2012 – 9:46 pm.

    Salarios, productividad y autonomía empresarial: un dilema de la

    economía castrista.

    La Habana, agosto de 2012. (REUTERS)

    No hay dudas de que un aumento salarial a los trabajadores y un

    incremento en la productividad serían bienvenidos en las actuales

    condiciones de la sociedad cubana. Sin embargo, la dependencia existente

    entre ambos elementos hace que con frecuencia sea necesario incentivar

    uno para que el otro reaccione favorablemente.

    A los cubanos —que observamos con preocupación los bajos niveles

    salariales y de productividad— parece presentársenos una apremiante

    disyuntiva: sobre cuál de ellos actuar primeramente, con la esperanza de

    que su contraparte resulte estimulada.

    Los trabajadores reclaman un aumento salarial para poder satisfacer

    necesidades elementales, pues los precios de numerosos artículos de

    amplio consumo se elevan sin cesar. También continúan las quejas por la

    sobrevaloración del peso convertible (CUC) —única moneda con la que

    pueden comprarse bienes de más calidad en las Tiendas Recaudadoras de

    Divisas (TRD)— con respecto a la moneda nacional, que es con la que el

    gobierno paga. En varias cartas aparecidas en la prensa oficialista

    —todas desde posiciones afines al gobierno—, los firmantes opinan sobre

    esta insoportable situación: se argumenta que los bajos salarios no

    motivan a los trabajadores, y por tanto estos no laboran con el

    entusiasmo y la eficiencia requerida, razón por la cual resulta poco

    probable un despegue de la productividad.

    Las autoridades, por su parte, insisten en que no deben esperarse

    aumentos salariales mientras no haya incrementos en los niveles de

    producción y en la productividad del trabajo. Se trata de un

    planteamiento que parece contar con la más elemental lógica económica.

    Es perjudicial la puesta en circulación de medios monetarios sin un

    debido respaldo en bienes y servicios, pues ello puede ser la fuente de

    un proceso inflacionario, o de una escasez y racionamiento extremos si

    el Estado desea controlar los precios, como ha sido la generalidad del

    caso cubano.

    También se suele justificar esta subordinación del salario a la

    productividad bajo el precepto de que no puede distribuirse una riqueza

    que no ha sido creada. En las palabras finales del acto por el 26 de

    julio en Guantánamo, Raúl Castro ratificó que en este momento no era

    aconsejable aplicar aumentos salariales debido a los pobres

    comportamientos de la producción y la productividad. Esto, a pesar de

    reconocer que los trabajadores de sectores como la educación y la salud

    pública eran merecedores de mayores retribuciones.

    Autonomía empresarial, ¿una posible respuesta?

    El contrapunteo entre el salario y la productividad se inscribe en el

    contexto de un indicador económico a menudo vuelto mediático: la

    correlación entre el salario medio y la productividad del trabajo.

    Se trata de uno de los indicadores más recurrentes a la hora de calibrar

    el estado de salud de la gestión económico-productiva, y que presupone

    un mayor crecimiento de la productividad para que el desempeño sea

    positivo. En los últimos años ha venido manifestándose un continuo

    deterioro en la referida correlación; es decir, que el salario medio ha

    crecido más que la productividad del trabajo. Semejante situación no

    sería más que la punta del iceberg de problemas y deficiencias que desde

    hace mucho arrastra la economía cubana, como son, entre otros, las

    plantillas infladas y la excesiva presencia en centros laborales de

    trabajadores no vinculados directamente al proceso productivo.

    Volviendo al tema de la encrucijada que nos ocupa, algunos especialistas

    coinciden en señalar una medida que colocaría a la productividad como

    una variable independiente: el otorgamiento de una mayor autonomía a las

    empresas. Una empresa con verdadera autonomía, aducen, es aquella en la

    cual el plan económico no se le convierte en una camisa de fuerza, y por

    tanto puede reaccionar con rapidez ante los cambios del entorno, lo que

    significa poder escoger a nuevos clientes y proveedores, así como

    modificar los precios de sus producciones.

    Además, las entidades deben disponer de mayor facultad para disponer de

    las ganancias generadas en su gestión. Cuando esto suceda, es muy

    probable que los colectivos laborales adquieran mayor sentido de

    pertenencia, y comiencen a trabajar con más dedicación.

    Sin embargo, está por ver si la Ley de la Empresa Estatal, que según la

    más reciente sesión de la Asamblea Nacional del Poder Popular, se

    encuentra en estudio para su próxima aplicación, será capaz de

    aportarles a las entidades la autonomía necesaria.

    http://www.diariodecuba.com/cuba/12809-el-circulo-vicioso

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