La libreta del hambre
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    La generación secuestrada
    Escrito por andres pascual. Posted in Historia de Cuba

    El sacrificio de una generación, la de los 60′s en Cuba

    Todas las generaciones nacidas bajo el castrismo han sufrido el efecto
    de esa tiranía desalmada y represora, sin embargo, ninguna fue tan
    maltratada como la que creció y se hizo adolescente durante la época que
    el mundo occidental llama “década prodigiosa”.

    Mirando atrás, aquella juventud prometía más que todas las posteriores
    hasta hoy, porque nacieron durante los 50′s, mayormente a principios,
    que significa que alcanzaron la última etapa de educación formal en
    escuelas privadas o públicas, que la prepararía como “cubanos reyoyos”,
    capaces de enfrentar con éxito los avatares de la vida.

    Yo pertenezco a aquella generación, que vimos al Llanero Solitario por
    televisión y escuchábamos a Jackie el Pecoso, a Leonardo Moncada o a los
    últimos Villalobos (Rolandito Barral, Salvador Levi y Jorge Félix), que
    podíamos ver en matiné 4 o 5 películas más cine-revista, muñequitos,
    avances, un clip de Garrido y Piñero incluso el noticiero, que Roberto
    Ortiz en persona le ofrecía un vaso de malta Hatuey en la escuela y que
    podían comprar en cualquier tienda 25 “papelitos de colores” para
    trabajo escolar por un medio o el último cómic de Red Ryder y Castorcito.

    Esos detallitos, aparentemente insignificantes, hacen la diferencia con
    las que solo conocieron y les impusieron el mensaje comunista.

    Pero mi generación vio y sufrió el nacimiento del espantoso experimento
    anti-cubano a través de la horda en las calles pidiendo paredón, en los
    cuarteles golpeando a ex militares como tortura inicial, muchos de los
    cuales no eran culpables de nada y aún soporta saber que aquella gente
    sin moral o visitan EUA o viven aquí como vecinos de sus víctimas.

    Vimos nacer las Milicias, el CDR, la Federación de Mujeres Cubanas, la
    UJC, que evolucionó desde AJR (Asociación de Jóvenes Rebeldes, que le
    “aportó” al G-2 una más que generosa cantidad de genízaros y sicarios),
    cuyo objetivo inicial para desviar la atención fue sustituir con
    obligación-imposición revolucionaria el “concepto del enemigo
    imperialista boy scout”.

    Sufrimos represalias por mantener el respeto hacia maestras normalistas
    que expulsaron de las aulas porque se negaron a ponerse el uniforme de
    milicianas.

    Inauguramos la política de “escuela al campo” por una semana o quince
    días, pero no conocimos el de la “escuela en el campo”, verdaderos
    antros de corrupción o “fábricas iniciales de hombres nuevos”, al que
    accedían a regañadientes los padres para poder “alargar” la cuota
    racionada de comida.

    No vivimos la era de desobediencia absoluta, como no informar a dónde
    iríamos esa noche ni la llegada al día siguiente sin dar explicaciones,
    pero llamábamos “señor, señora” a los mayores o desconocidos y le
    dábamos a una mujer el asiento que ocupábamos en un ómnibus y pedíamos
    permiso para pasar.

    Tampoco practicábamos el amor libérrimo ni las fiestas con sexo, bebida
    y droga que estilan hoy por la pérdida de todos los valores sociales,
    objetivo cumplido de la tiranía, sino que íbamos a una fiesta de quince
    años de una joven conocida y nos comportábamos con el más absoluto
    respeto hacia todos.

    Vimos el inicio de la degeneración del tronco familiar por oportunismo
    para que “mi hijo pueda estudiar” o para mantener un trabajo a veces
    indecoroso.

    Mi generación se frustró en medio del “apartheid” natural a que obligaba
    la diferencia de opinión desde el hogar: los hijos de revolucionarios
    que rechazaban a los hijos de desafectos o gusanos y estos a su vez
    consumiéndose en una coraza defensiva contra la fuerza del mal, que
    tenía como objetivo separar, dividir para identificar al enemigo,
    neutralizarlo y liquidarlo criminalmente: los buenos, ellos; los malos,
    el resto

    Conocimos de sanciones carcelarias enormes, por circunstancias
    políticas, a jóvenes que apreciábamos, o del fusilamientos de gente
    decente y honrada por la más despreciable lacra que produjera Cuba, que
    “salieron del closet” cuando se identificaron con esas bestias por el
    alto grado de envidia y bajas pasiones que los consumía en silencio
    hasta 1959.

    Todo eso influyó muchísimo en los problemas que nos generaron conductas
    disfuncionales y bajo rendimiento académico por diversión y maltrato
    sicosocial.

    Mi generación no vivió la niñez ni la adolescencia, se perdió de los
    estadios obligados del desarrollo natural entre lemas y compromisos
    impuestos por quienes nunca han tenido el mínimo interés en formar
    ciudadanos, sino máquinas para manejarlas de acuerdo a sus intereses.

    Vivimos la implantación de la libreta “como salvación de la revolución”,
    que en el fondo significó el asesinato del alma cubana, porque, al
    racionar la comida, obligaba al padre a desviar la atención del
    compromiso patriótico y cercenaba la necesidad de unirse y luchar contra
    el monstruoso crimen convertido en gobierno, cambiándola a obligación en
    la búsqueda del sustento diario.

    Vivimos el gulap UMAP, prisión política de carácter especial contra la
    juventud cuya familia no era castrista o eran afectados por el robo de
    la propiedad comercial personal, que encubrieron en medidas de
    saneamiento social, preferentemente contra los homosexuales.

    Toda mi generación ha quedado con heridas que nunca se han podido curar:
    el paso del tiempo las ha mantenido abiertas por los diferentes
    acontecimientos crueles que han ido apareciendo en el camino.

    La foto que ilustra este material es de una fiesta de 15 años de
    mediados de los 60′s en San Cristóbal, de la señorita Guillermina Pérez,
    tercera de izquierda a derecha, bella aún en su madurez, como su hermana
    Inés (segunda en el orden), decentes, de buena familia, como todos esos
    jóvenes tan bien vestidos como atractivos, acaso ese sea el recuerdo, el
    último, de lo que fue Cuba, a través de una generación a la que
    convirtieron en sándwich, que prometía mucho más de lo que la condenó el
    castro-comunismo.

    http://www.conexioncubana.net/index.php/historia-de-cuba/2179-la-generacion-secuestrada

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