La libreta del hambre
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    Avisos para espantar a extraterrestres
    Lunes, Octubre 28, 2013 | Por José Hugo Fernández

    LA HABANA, Cuba, octubre, www.cubanet.org – En el número 554, de la
    calle habanera Obrapía, dos carteles escoltan la puerta de entrada, el
    de la izquierda dice “Presidente del CDR”; y el de la derecha: “Se hacen
    misas y consultas espirituales”. Cruda se la verían los extraterrestres
    para entender aquello, si se les ocurre invadir La Habana sin haber
    tenido antes la precaución de leer una máxima del francés Jean Cocteau,
    según la cual, Dios no habría alcanzado nunca al gran público sin la
    ayuda del diablo.

    Sobre la fachada de un campo de tiro, en la calle habanera de Teniente
    Rey, han escrito: “Educa a tu hijo”. Debe ser el nombre de un programa
    militarista cuyos impulsores conciben con especial brutalidad el modo de
    educar a los niños. En cualquier caso, el aviso no está nada mal para
    espantar a los extraterrestres.

    Y los que no se espanten ante el temor de lo que puede reservarles La
    Habana en materia de educación para sus hijos, colapsarían sin duda por
    el desconcierto que les provoque otro aviso, colgado en un mercado
    estatal de la calle Reina: “Para recibir el sirope de cumpleaños se
    deberá traer tarjeta de menor y libreta de abastecimiento”. O por otro
    más que se exhibe en una farmacia del reparto Versalles, en La Lisa:
    “Novena vuelta de la íntima”. O igual por otro que la Policía Nacional
    Revolucionaria extiende a la población, al pie de un desbordado basurero
    de la calle Maloja, esquina a Infanta: “No echar basura”.

    Cuando no se piensa lo que se dice es cuando se dice lo que se piensa,
    había advertido una de las lumbreras de nuestra lengua, el español
    Jacinto Benavente. Tal vez los extraterrestres lo consulten antes de
    invadir La Habana. Pero no avanzarían mucho si además no consultan al
    ilustre Michel de Montaigne, para quien: La palabra es mitad de quien la
    escribe y mitad de quien la lee.

    Justo de esto último se trata. Después de habernos visto sometidos,
    durante más de medio siglo, a la disyuntiva de comunicarnos con
    sobrentendidos, el hábito terminó impulsándonos a expresarnos en un
    lenguaje que nadie más que nosotros puede descifrar, razón por la que
    los anuncios que escribimos para el público resultan ininteligibles no
    ya para extraterrestres, hasta para cualquier extranjero que hable
    nuestro propio idioma, toda vez que están escritos para que el lector
    aporte con su experiencia la mitad del raciocinio que les falta.

    Lo que decimos no siempre se parece a nosotros, sentenció Jorge Luis
    Borges, y es posible que tenga razón mientras su frase no se aplique en
    La Habana. Pues nada se parece tanto a nosotros como el modo disparatado
    en que hablamos… y escribimos, sin que para nada importe que lo hagamos
    en serio o en broma.

    En la entrada de una iglesia situada en la calle Ayestarán, casi esquina
    20 de mayo, leemos: “¿Tienes problemas con tu forma de beber? Nosotros
    podemos ayudarte”. Menuda confusión para los extraterrestres, los cuales
    pueden entender que en la iglesia nos ayudan, no a alejarnos del
    alcohol, sino a mejorar la forma de beberlo.

    Por su lado, el conductor de un bici-taxi no se anda con rodeos al
    respecto, aun cuando su aviso no resulte menos confuso para los
    extraterrestres: “Ahorre agua, tome cerveza”, ha escrito con letras
    grandes en la parte trasera de su vehículo.

    Otro conductor, pero de un camión privado para transportar pasajeros,
    también utiliza la parte trasera del vehículo para avisar (¿al régimen?,
    ¿a sus competidores en el negocio?, ¿a los extraterrestres?): “Esto es
    pa´los que dicen que a mí me queda poco”.

    Mientras, en una cafetería cuentapropista del Vedado, alguien, al
    parecer en la misma cuerda desafiante del camionero, ha escrito: “Aquí
    no es bueno el que ayuda, sino el que no jode”. Y otro más, pero en una
    casa particular de la calle 17, también en el Vedado, colgó un cartel
    que igualmente no se sabe bien contra quién va dirigido, por lo cual los
    extraterrestres se lo podrían tomar como un desplante o un despojo
    espiritual. Junto a la imagen de un hombre tumbado, el cartel reza:
    “Maldita vagancia, sal de este cuerpo estudioso y trabajador”.

    Ay de aquel cuyas palabras sean más claras que sus hechos, nos dejó
    dicho Buda, y en este caso los habaneros nos comportamos como fiables
    devotos budistas.

    Source: Avisos para espantar a extraterrestres | Cubanet –

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