La libreta del hambre
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    Represión, CDR
    En cada cuadra un Comité
    Sofisticar más la represión, nunca renunciar a ella
    Eugenio Yáñez, Miami | 03/10/2013 11:05 am

    En el reciente congreso de los Comités de Defensa de la Revolución
    (CDR), Raúl Castro, fiel a su estilo diferente al de su hermano, no hizo
    conclusiones, tarea que dejó a Machado Ventura, lo cual indica que no
    había nada importante que decir.
    Sin embargo, tuvo un “intercambio espontáneo” con los delegados el
    segundo día del cónclave, que no debe ser pasado por alto. El temor de
    la dictadura a una revuelta popular se hizo evidente en las palabras del
    general-presidente: “Lo que hicieron en Libia y quieren hacer ahora en
    Siria, es lo que siempre han querido en Cuba desde el mismo triunfo de
    la Revolución, pero este pueblo no lo permitirá”.
    Según Raúl Castro, “lo que hicieron en Libia y quieren hacer ahora en
    Siria” sería obra del malvado imperialismo y sus secuaces, y es lo mismo
    que siempre habrían querido hacer en Cuba. La realidad de que las
    protestas públicas surgieron y desembocaron en movimientos de
    resistencia tras cuatro décadas de crueles tiranías en Libia y Siria,
    donde se aplastaba la más mínima expresión de inconformidad de la
    población, no cuenta para La Habana. Según el régimen, no fueron los
    libios hastiados de su caudillo, sino la obra maligna del imperialismo,
    la causa de la caída del tirano. Ni son los sirios hastiados del
    genocida de Damasco quienes pretenden derribarlo, sino imperialistas y
    terroristas.
    Es la misma lógica oficial que acusa de mercenarios y agentes del
    imperialismo a todos los cubanos que de una manera u otra se oponen a
    una dictadura de más de medio siglo, que reprime toda opinión diferente,
    que ha sumido a la mayor parte de la población en las más difíciles
    condiciones materiales, que ha provocado la diáspora de millones de
    cubanos, que ha dividido a las familias, y que ha provocado la quiebra
    material y moral de la nación.
    Y de más está decir que eso de que “este pueblo no lo permitirá” lo que
    significa es que el gobierno no permitirá ninguna manifestación pública
    de descontento o rechazo a sus políticas, porque lo que Raúl Castro
    llama “este pueblo” es algo que no cuenta para nada en las decisiones
    del régimen y sus cabecillas.
    Continuando con su interpretación autista de la realidad, el general
    señaló que “el enemigo no dejará de trabajar, no va a cambiar”, como si
    el problema fuera un enemigo externo de la nación y no la contradicción
    entre los intereses de la cúpula gobernante que desea perpetuarse en el
    poder y los del pueblo cubano.
    De esa interpretación absurda de los antagonismos en la sociedad cubana,
    derivó una conclusión más absurda todavía, pero atrozmente amenazante,
    expresada en diez palabras: “Hay que cambiar los métodos de lucha, el
    combate no”. La dictadura tiene prisa para modernizar la represión,
    prisa que no muestra sobre medidas imprescindibles para mejorar las
    condiciones materiales de los cubanos. Y para dar más énfasis a la
    bravuconada, vino entonces la obligada frase de matón de barrio de que
    “a Cuba hay que respetarla”, lo que quiere decir que al régimen hay que
    respetarlo. Ya sabemos entonces lo que hay que esperar del socialismo
    actualizado en los próximos tiempos: más represión, y más sofisticada.
    No importan los disidentes que dejen viajar al extranjero o los
    paladares y las ventas de artesanía que se permitan. En cada cuadra un
    comité, con nuevos métodos de lucha, de represión. Por las calles
    cubanas no transitará “el enemigo”, porque tienen que estar “limpias”
    para que el postcastrismo pueda funcionar con eficacia.
    No se confunda nadie. A pesar de las interminables campañas
    propagandísticas de la dictadura, para lo único que han servido los CDR
    en sus 53 años de existencia es para la delación política, aunque con el
    deterioro general de las condiciones de vida de la población cada vez
    son menos quienes se prestan gustosos para tales abominables conductas,
    aunque algunos se aferran a la miserable condición de chivatos de baja
    estofa. Junto a las delaciones, es un elemento fundamental del trabajo
    de los CDR algo que muchas veces se pasa por alto: el registro de
    direcciones y viviendas, donde toda persona tiene que estar censada y
    aprobada antes de tener acceso al carnet de identidad y la libreta de
    abastecimientos, base para el resto de los engorrosos trámites en que
    han tenido que vivir continuamente los cubanos durante más de medio
    siglo de dictadura de los hermanos Castro.
    La lucha contra los delitos comunes nunca ha sido prioridad para los
    CDR, sobre todo si los delincuentes o algún familiar cercano están
    “integrados” a la revolución. Tampoco otras campañas colaterales de los
    CDR, como la limpieza de calles, la solicitud de donaciones de sangre,
    las vacunaciones infantiles, la recogida de materias primas o el ahorro
    de electricidad, que siempre han funcionado por impulsos esporádicos y
    logrado más o menos resultados en dependencia de las condiciones. No
    puede negarse que al menos las vacunaciones infantiles resultan un hecho
    positivo, pero siempre son tareas secundarias para los CDR,
    invariablemente subordinadas a la fundamental, que es la vigilancia y la
    represión, y nada más que la vigilancia y la represión.
    El régimen alardea de que la organización agrupa a 8 millones de
    miembros. De hecho, toda persona al arribar a los catorce años es
    considerada “cederista” —infame palabreja que desluce al idioma español—
    aunque en realidad eso no significa mucho, pues la aplastante mayoría de
    los miembros se limita a pagar su membresía mensual y, cuando no queda
    más remedio, realizar la “guardia cederista”, ambas cosas con el
    propósito de no marcarse, pues el criterio del CDR puede ser decisivo
    para el acceso a determinados trabajos o estudios, autorizaciones para
    viajar al extranjero, obtener determinados permisos, o simplemente para
    no ser demasiado hostigado por la policía.
    En las condiciones cubanas actuales, de bancarrota de los valores
    morales de la sociedad, y de extremas dificultades materiales para la
    amplia mayoría de la población, buena parte de los “cederistas”, más que
    preocuparse por detectar supuestas acciones enemigas o buscar agentes de
    la CIA bajo las piedras, se interesan más en encontrar piernas de
    puerco, pollos, frijoles, viandas, zapatos, útiles escolares, bombillos,
    o materiales de construcción, pero no para denunciar a quienes comercian
    con tales productos, sino para tratar de “resolver” sus propias
    carencias y necesidades.
    Dice Raúl Castro que el formado por los miembros de los CDR “es el
    ejército más poderoso” con que cuenta su régimen.
    Con ejércitos como ese, pocas victorias podrá obtener un general sin
    batallas.

    Source: “En cada cuadra un Comité – Artículos – Cuba – Cuba Encuentro” -
    http://www.cubaencuentro.com/cuba/articulos/en-cada-cuadra-un-comite-310450

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