La libreta del hambre
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    ¿Papa por la libreta?
    En la cola de la papa se respira un ambiente carcelario. Hay que
    arriesgarse para poder comprar cinco kilogramos de papas. ¿Racionarla?
    Hace un par de años, Raúl Castro prometió que la papa iba a ser vendida
    por la libre
    jueves, marzo 27, 2014 | René Gómez Manzano

    LA HABANA, Cuba. – El pasado miércoles 19, CubaNet publicó un trabajo de
    Gladys Linares, de título acertado: “La papa de la discordia”. Al día
    siguiente tocó el turno al colega Jorge Olivera. El poeta y periodista
    describe con vigor el cuadro que se vive en los agromercados al llegar
    la codiciada raíz.

    Es desolador el panorama que se observa en esos comercios en tales
    ocasiones. Los potenciales compradores, sudorosos, se arremolinan ante
    el portón de entrada desde el momento mismo en que se acercan al lugar
    los camiones cargados de patatas. No importa que el proceso de descarga
    y el papeleo burocrático demoren un par de horas. Los famélicos
    marchantes se mantienen haciendo cola todo ese tiempo.

    Como regla, en la fila se ven las mismas caras. Es lógico, pues los
    menesterosos que deambulan por las inmediaciones de esos centros y los
    vecinos cercanos son los que acuden primero. En el tumulto se respira un
    ambiente carcelario. La violencia verbal y aun física constituye un
    factor siempre presente. La exasperación es generalizada. No cabe
    esperar otra cosa cuando hay que dedicar varias horas para poder comprar
    cinco kilogramos de papas.

    Ante ese cuadro de miseria, la bolsa negra hace su agosto. Esto pese a
    la persecución de la policía, que recibió esa tarea como prioritaria.
    Los trabajadores de los agromercados trafican con el ansiado producto.
    Los camioneros no se quedan atrás. En los accesos a esos comercios, el
    saco del tubérculo se cotiza a 200 pesos cubanos o su equivalente
    aproximado: 10 dólares. El sueldo promedio de una quincena en Cuba.

    Repito que todas estas calamidades han sido descritas ya —y con mayor
    elocuencia— por otros colegas. Pero lo que despierta mi atención es
    tratar de determinar por qué se mantiene esta situación. ¿Qué razones
    hay para que no se haya procurado buscarle una fácil solución? ¿Acaso se
    trata de la voluntad deliberada de hacerles la vida aún más amarga a los
    ciudadanos de esta tierra que Chávez llamaba “océano de felicidad”?

    Esta última idea parece tan loca que opto por rechazarla. Aunque los
    jerarcas comunistas son personas que si por algo se caracterizan no es
    por la bondad hacia sus súbditos, el mero concepto de que aspiren a
    atormentarlos de modo gratuito resulta absurdo. Ellos son autoritarios y
    capaces de actuar con crueldad, pero no son aberrados. Entonces, ¿a qué
    obedecen esas colas kilométricas?

    A mi modo de ver, las opciones para eliminarlas son dos. La primera
    sería aumentar el precio de esa mercancía. Es posible que esta solución
    no agrade a los jerarcas castristas, por el regusto que tiene a terapia
    de choque. Pero es un hecho cierto que otros productos de primera
    necesidad —como el aceite— sólo se pueden conseguir a los precios de
    monopolio que fija el mismo Estado. En el caso citado, en divisas.

    En circunstancias normales, esta última solución sería la escogida. Pero
    hay un antecedente que por lo visto impide obrar de ese modo: Hace un
    par de años, el actual jefe supremo planteó en una de sus alocuciones
    que ese rubro iba a desaparecer de “la libreta” para ser vendido por la
    libre.

    Ese planteamiento (igual que otro tampoco cumplido: el de que cada
    ciudadano debía poder tomarse un vaso de leche) partía de un supuesto
    que ha dejado de ser realidad: el planificado aumento de la producción
    del tubérculo. Esto no se ha materializado, pero todo indica que al
    General-Presidente no le agrada dar su brazo a torcer. Si dijo que la
    papa iba a venderse por la libre, pues seguirá comercializándose así.

    Mientras tanto, los que puedan pagarán el codiciado producto a
    sobreprecio; los que no, harán las abominables colas de varias horas al
    sol. Y la prensa oficialista, cuando publique un trabajo que quiera ser
    crítico sobre ese tema, se abstendrá de apuntar hacia esa obvia
    solución. Cuba seguirá teniendo una política papera de principios.

    Source: ¿Papa por la libreta? | Cubanet –
    http://www.cubanet.org/opiniones/papa-por-la-libreta/

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