La libreta del hambre
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    ¿La izquierda latinoamericana se renueva?
    [16-04-2014 15:07:37]
    Jorge Hernández Fonseca

    (www.miscelaneasdecuba.net).- La reunión de una buena parte de la
    oposición política venezolana con el gobierno de Nicolás Maduro ha
    dejado muchas lecturas en ambos bandos contendientes, así como en la
    opinión púbica venezolana e internacional. Quiero referirme en este
    análisis a un enfoque más global que el estrictamente relacionado con la
    situación especial que vive la Venezuela de hoy: se trata de los cambios
    perceptibles que experimenta la izquierda latinoamericana impulsada por
    los fracasos económicos y sociales en la Cuba de los hermanos Castro y
    la Venezuela chavista.
    Hasta ahora se habían identificado dos izquierdas bien delimitadas en
    Latinoamérica, a saber: la llamada izquierda carnívora –que no supone
    alternancia en el poder– liderada por Cuba, financiada por Venezuela y
    compuesta además por Bolivia, Ecuador y Nicaragua, básicamente; y la
    izquierda “democrática” –que permite alternancia en el poder–
    compuesta por Brasil, Chile, Uruguay, El Salvador y Argentina. Ambas
    izquierdas tienen puntos comunes: el anti-yankismo como uno de sus
    aglutinantes principales y el culto a Fidel Castro como una especie de
    religión.

    De estos principios izquierdistas y rectores nacieron instituciones
    internacionales que tienen como únicos objetivos el excluir a Estados
    Unidos de los mismos y paralelamente incluir la dictadura castrista en
    foros donde la izquierda de ambos enfoques era mayoría, contando además
    con la chequera petrolera de Hugo Chávez, haciendo estragos en pequeños
    países caribeños. Así nacieron UNASUR y CELAC, para competir con la OEA
    y el predominio de EUA en la política exterior, en sus doctrinas y en el
    ordenamiento político latinoamericano.

    La UNASUR, a diferencia de la CELAC, congrega únicamente a países
    sudamericanos, donde México no participa y la suma de las dos izquierdas
    gobernantes en muchos de los países del Cono Sur tiene clara mayoría e
    influencia; es por eso que se eligió, por encima de la CELAC, como
    institución internacional propia para mediar en la crisis venezolana. De
    inicio, vale la pena recordar la reticencia de Maduro a admitir
    opiniones de gobiernos extranjeros sobre su crisis, sobre lo cual es
    necesario el recuerdo de los insultos que propinó al presidente Juan
    Manuel Santos, por sólo sugerir conversaciones internas de paz. Pero la
    crisis fue más fuerte que el voluntarismo “bolivariano” y los
    estudiantes protestando en la calle le hicieron recapacitar.

    El panorama de no admitir conversaciones con los opositores políticos al
    chavismo cambió radicalmente con la propuesta inicial de Lula da Silva
    desde Brasil, sugiriendo que Maduro conversara con la “oposición
    democrática” (sonó muy extraño entonces cuando un alto representante de
    la izquierda que apoya a Maduro calificó de “democrática” a la oposición
    que protestaba en la calles, porque Maduro la calificaba diariamente
    como “fascista y golpista”). La UNASUR, como previeron los izquierdistas
    latinoamericanos, sustituyó a una OEA en crisis y se movilizó para
    mediar en un asunto inédito para el chavismo, sentarse en la misma mesa
    que la oposición política, para escuchar los reclamos de quienes ha
    tratado siempre de descalificar.

    Pero el líder de la izquierda brasileña fue más lejos y durante el
    proceso preparatorio de las conversaciones en Venezuela propuso a Maduro
    la conformación de un “gobierno de coalición”, una ‘mala palabra’
    incluso dentro de los países gobernados por la izquierda democrática,
    que siempre han guardado para sí mismo el monopolio del poder y que sólo
    comparten con aliados cercanos, representantes de otros movimientos y
    partidos de la izquierda local. ¿Hay cambios?

    Así las cosas, Maduro y sus gentes tuvieron que sentarse a la mesa de
    conversaciones para escuchar pacientemente como sus “enemigos” políticos
    (la izquierda carnívora no los considera ‘adversarios’ sino enemigos)
    que sorprendieron a toda Venezuela –y al resto de Latinoamérica–
    porque ninguno quería golpe de estado, no había criterios fascistas en
    sus reclamos y así, le recitaron lo que ya todo el mundo sabe (y que
    probablemente fue lo que impulsó a Lula da Silva a dar sus consejos) el
    fracaso socialista que implica un racionamiento de comida en el país
    petrolero más rico de América Latina, donde además, la vida de una
    persona no vale nada.

    Brasil está presto a celebrar elecciones presidenciales en los próximos
    meses. El fracaso de la Venezuela socialista –rica y petrolera–
    repercutirá sin dudas en el resultado electoral brasileño, como también
    repercutirá en el resto de los países de la izquierda democrática, que
    carecen de las artimañas electorales de las que se valió Maduro para
    ‘derrotar’ a Capriles en las elecciones presidenciales del año pasado.
    Por eso, detrás de los esfuerzos pacificadores de Lula da Silva, está el
    interés por eliminar el mal ejemplo que significa para todos el
    racionamiento de comida en el país más rico de Sudamérica, recomendando
    la adopción de métodos más democráticos.

    Esto, desde luego, tiene varias lecturas: en primer lugar, que el
    socialismo marxista carnívoro, materializado en nuestro Continente por
    las ideologías castrista y chavista ha fracasado rotundamente, como
    fracasó antes el marxismo leninismo soviético y el radicalismo de la
    revolución cultural en China. La doctrina comunista comienza a tomar
    similar camino que la social democracia, manifestado por los consejos de
    Lula da Silva a Maduro y por la adopción, de parte de los actuales
    gobernantes chavistas venezolanos, de un camino más abierto al
    contradictorio, contando con el beneplácito probable de los procónsules
    de Raúl Castro.

    Este punto, inferido de la dinámica de los acontecimientos dentro de
    Venezuela, podría indicar cierto movimiento de toda la izquierda
    regional hacia el centro político, aceptado incluso por los personeros
    de la Habana, máximos exponentes del radicalismo izquierdista
    continental. Sabido es la influencia de Lula da Silva también en la
    isla, sobre todo por la inyección de 800 millones de dólares para tratar
    de acercar las posiciones cubanas a los Estados Unidos, invirtiendo el
    dinero en un puerto situado en el punto geográfico de la costa cubana
    más cercano a EUA, con vistas a comerciar con Norteamérica y para
    conseguir lo cual –Lula lo sabe– la isla tiene que hacer la apertura
    política que le exigen las leyes norteamericanas, si se pretende
    levantar las restricciones comerciales del embargo, lo que ya Lula y
    Obama conversaron previamente.

    Es claro que jamás hubiera habido la reunión de Maduro con la oposición
    política local si los hermanos Castro no le hubieran dado luz verde
    desde la Habana. Es claro también el cambio del enfoque chavista hacia
    la crisis interna que lo agobia, al aceptar a la canciller colombiana
    como una de las mediadoras con la oposición, cuando un par de semanas
    antes insultara a Santos como si fuera un enemigo. La gran pregunta es
    ¿hasta dónde puede llegar la línea de establecer conversaciones con la
    oposición, tratándose de los problemas internos de Cuba?

    Una de las posibilidades, basado en los postulados marxistas, es que no
    estemos más que ante una estrategia temporal, hasta que la presión de
    las calles baje y así continuar con el desmonte progresivo del estado
    que el chavismo ejecuta dentro de Venezuela, siguiendo la misma línea
    experimentada en Cuba. Sabido es que el marxismo establece claramente la
    necesidad de eternizarse en el poder para impedir que el capitalismo
    “superado” pueda volver a establecerse como gobierno. De ese principio
    emana la imposibilidad de concebirse una alternancia en el poder,
    estableciendo una dictadura socialista, como la que ya tiene más de
    medio siglo en Cuba y que va en caminos adelantados en la Venezuela de
    Nicolás Maduro.

    Los acontecimientos de Venezuela sin embargo, con el pedido de
    conversaciones e incluso de coligarse con la oposición, proveniente de
    uno de los más destacados líderes de la izquierda latinoamericana, nos
    tiene que hacer pensar. Adicionalmente, no sólo el pedido hecho, sino el
    pedido atendido y transmitió por radio y TV para el mundo todo (incluso
    para Cuba, que hacía 55 años no escuchaba una estación de TV dentro de
    la isla, autorizada por el gobierno, a transmitir semejantes conceptos
    “como si nada”). Aunado a lo anterior, se sabe del acercamiento oficial
    de la Unión Europea con Cuba y de conversaciones por debajo de la mesa
    con EUA para retomar una relación normal Cuba-EUA. ¿Será que la
    autorización cubana a que Maduro discuta con la oposición, implica algún
    cambio de actitud similar dentro de Cuba?

    Source: ¿La izquierda latinoamericana se renueva? – Misceláneas de Cuba
    -
    http://www.miscelaneasdecuba.net/web/Article/Index/534e80993a682e09dc5417e0#.U0682_mSwx4

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