La libreta del hambre
We run various sites in defense of human rights and need support to pay for more powerful servers. Thank you.
Recent Comments

    Aguateros por herencia
    IVÁN GARCÍA | La Habana | 21 Jul 2014 – 10:05 am.

    ‘Mi padre fue aguador, yo lo soy ahora y también lo es mi hijo mayor, de
    23 años, que es mi ayudante.’

    En una libreta, Niosber anota el nombre de unos clientes de la barriada
    habanera y mayoritariamente negra de San Leopoldo, donde esa noche
    prestará servicio.

    Niosber, se los presento, es aguador. Llegó a la capital hace 6 años,
    huyendo de la miseria rural y la falta de futuro en un caserío montañoso
    de Santiago de Cuba, a unos 900 kilómetros al este de La Habana.

    “La vida familiar nuestra es un círculo vicioso. Antes del triunfo de la
    revolución, casi todos los parientes fueron cortadores de cañas y
    aguadores. Mi padre fue aguador, yo lo soy ahora y también lo es mi hijo
    mayor, de 23 años, que es mi ayudante”, señala, sentado en el portal de
    una bodega apuntalada, a tiro de piedra del Malecón.

    El sol veraniego calienta el asfalto. Es mediodía y la ciudad parece
    dormida. En un bar mustio y cochambroso, varios tipos beben ron barato y
    pendenciero.

    El cantinero, con una estrujada camisa blanca, intenta ahuyentar el
    calor de espanto abanicándose con un trozo de cartón. Mata el tiempo
    rellenando el crucigrama de una revista.

    Niosber aparca su carretón en la antesala del bar municipal y pide un
    doble de ron que bebe con parsimonia.

    La carretilla es un armatoste primitivo con ruedas de cajas de bolas y
    dos tanques plásticos azules que alguna vez fueron de aceite vegetal,
    reciclados como depósitos de agua.

    “En estos barrios duros de La Habana tienes que andar con cuatro ojos.
    Ya a un socio que también es aguador le robaron el carretón, para
    joderte o venderlo. Aquí cualquier cosa tiene valor. Un bicitaxi cuesta
    200 cuc y una carretilla de cargar agua, fuerte y en buen estado, 40
    cuc”, dice.

    Niosber trabaja desde el amanecer. “A partir de las 5 o 6 de la mañana
    me llego con mi cachivache a un surtidor de agua que hay al costado del
    antiguo centro deportivo Portón, en el barrio de La Victoria. Cada día
    recorro casi tres kilómetros desde el solar donde vivo. Cuando
    regreso, ya con los dos tanques de 55 galones llenos, voy repartiendo el
    agua a mis clientes. Tengo más demanda que oferta”, apunta.

    Le acompaña su hijo Yunier, de complexión maciza y amante al
    fisiculturismo. “Esta ‘pincha’ le sirve de training. En los ratos libres
    hace pesas en un gimnasio particular. A él solo le interesan los
    hierros y la ‘jama’: se come media cazuela de arroz y una tortilla de
    cuatro huevos. Pero es muy noble. No bebe ron ni fuma marihuana. Su
    sueño es competir internacionalmente”, señala Niosber, mientras su hijo
    carga cubos de agua hasta el tercer piso de un edificio de apartamentos
    aledaño al bar.

    Los aguateros no son un invento del estrafalario socialismo de Fidel
    Castro. Fue un oficio muy popular en la España medieval. Actualmente se
    mantiene en Siria, Marruecos o Ecuador, donde se suministra agua a los
    transeúntes. En ciudades como Marrakech, ataviados con trajes
    tradicionales, se han convertido en una atracción turística.

    En la Cuba republicana, los aguateros trabajaban en los cortes de caña y
    en el campo. En La Habana, a pesar de tener el Acueducto de
    Albear, considerado una de las mayores obras de ingeniería civil en la
    Isla, en algunos barrios, además de los aguateros, eran muy populares
    los neveros (vendedores de hielo), carboneros y afiladores de tijeras.

    Por supuesto, en ninguna estadística seria de la época se clasificó a
    esos oficios informales como pequeñas empresas. Pero los tiempos
    cambian. Ahora, cualquier faena que permita buscarse la vida es
    etiquetada como “negocio”…

    El Estado verde olivo ha incluido 201 de esos oficios en una lista de
    trabajos autorizados y les ha situado su gabela correspondiente. Niosber
    paga 65 pesos mensuales al fisco.

    “Es poco. Y los inspectores no nos asedian. Recuerda que en La Habana
    existen más de 70.000 núcleos familiares que no tienen acceso al agua
    potable. Hay gente que no recibe ni pipas (carros cisternas). Yo creo
    que por eso nos dejan tranquilos. Tengo días de buscarme 400 pesos. Eso
    sí, termino hecho leña”, comenta Niosber.

    Después de llenar recipientes de agua en cuarterías inmundas, edificios
    antiguos y casonas desvencijadas de barrios habaneros como San Leopoldo,
    Colón y Jesús María, Niosber aprovecha la tarde para descansar.

    Luego, en la noche, comienza la segunda tanda.

    Source: Aguateros por herencia | Diario de Cuba –
    http://www.diariodecuba.com/cuba/1405929942_9594.html

    Tags: , ,

    Leave a Reply

    Your email address will not be published. Required fields are marked *

    Calendar
    July 2014
    M T W T F S S
    « Jun   Aug »
     123456
    78910111213
    14151617181920
    21222324252627
    28293031  
    Archives