La libreta del hambre
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    Peleó en Angola, durmió en la calle, hoy es libre
    La historia de Ricardo Pupo es la de muchos cubanos que fueron carne de
    cañón y luego fueron abandonados a su suerte, con las secuelas de una
    guerra ajena y cruel
    jueves, diciembre 11, 2014 | Gladys Linares

    LA HABANA, Cuba. -Ricardo Pupo Sierra salió para el exilio hace unos
    días. No me perdonaría a mí misma si dejo de escribir la triste historia
    que le tocó vivir.

    Aunque hacía algunos años vivía en Cienfuegos, Pupo nació en Holguín. Un
    día le pregunté cómo vino a parar tan lejos, y me respondió: “Tratando
    de borrar los malos recuerdos”.

    Entonces me contó que, décadas atrás, cuando acababa de cumplir 17 años
    y estaba estudiando, lo llamaron para el Servicio Militar Obligatorio
    (SMO) y al concluir la previa (como le llaman a los 45 días de
    entrenamiento militar previo) les comunicaron que iban a pasar el
    servicio en Camagüey. Pero una vez allí, la noche antes de partir un
    oficial les anunció que al amanecer saldrían para Angola.

    De aquel momento, Pupo recuerda a un recluta que gritó en la formación:
    “¡Si tengo que pelear por Cuba lo hago, pero a Angola no voy!” Aquel
    muchacho fue humillado, tachado de cobarde y homosexual, y se lo
    llevaron preso. Nunca más se supo de él. Han pasado los años y Ricardo
    siempre recuerda a aquel joven valiente que supo defender sus derechos.

    De los dos años en Angola Ricardo hablaba poco, y cuando lo hacía se
    quedaba pensativo. Vio morir a un joven destrozado por una mina, y a
    otro por enfermedad. Jóvenes que habían compartido con él en Holguín, en
    su pueblo. Con el paso de los años, se fue dando cuenta de que se los
    llevaron primero para Camagüey para que no pudieran comunicarse con su
    familia.

    Su madre no supo de él hasta más de tres meses después, cuando le
    permitieron escribirle. Ella nunca se recuperó por completo de la crisis
    nerviosa provocada por el secuestro de su hijo, y murió poco después de
    su regreso.

    El jefe de la unidad donde estaba reclutado, siempre les repetía:
    “Tengan cuidado al andar con las negras, porque dicen los americanos que
    estamos llevando una enfermedad extraña para Cuba”.

    Antes de devolverlos a la isla, por haber completado la misión les
    dieron un “estímulo” de 150 kwanzas y los llevaron a una candonga. El
    dinero alcanzó para un pomo de agua de colonia para la madre, dos
    fosforeras (una para cada hermano) y un par de medias para la hermana.

    Ya en Cuba, no recibió ningún apoyo gubernamental, ni lo buscó. Se
    ganaba la vida trabajando en cualquier cosa, hasta que comenzó de
    ayudante de un dulcero particular de mucho prestigio, que le enseñó el
    oficio. Así logró sobrevivir todos estos años.

    Ricardo comprendió que la manera más eficaz para luchar contra la
    dictadura totalitaria de los Castro era unirse al movimiento de derechos
    humanos, y es así como se incorpora al Partido Pro Derechos Humanos de
    Cienfuegos. A través de este denunció violaciones a los derechos humanos
    y participó en actividades a favor de la democracia. El régimen ordenó
    su detención y fue condenado a tres años de prisión por un supuesto
    delito de peligrosidad, condena que cumplió en la prisión de Ariza,
    Cienfuegos.

    Pero aun así, Ricardo no cesó en su trabajo por la defensa de los
    derechos humanos. A su salida de la cárcel, se incorporó al Movimiento
    Cubano Reflexión. Durante todos estos años, Ricardo tuvo que dormir en
    cualquier lugar (un parque, el Prado, la terminal de ómnibus) porque en
    Cuba no hay refugios ni casas de tránsito para personas sin amparo ni
    hogar. Tampoco tenía libreta de racionamiento, ni carnet de identidad,
    que le habían quitado al entrar en la prisión. Una de las formas de
    hostigamiento empleadas contra él era detenerlo por no llevar el
    documento de identidad.

    De Ricardo son estas palabras, que aún preso declaró por teléfono para
    el periódico La República de septiembre de 2006, editado en Miami por el
    Directorio Democrático Cubano: “Un pueblo no es la voluntad de un hombre
    solo, grupo o partido. Un pueblo es la composición de muchas voluntades.
    (…) Un pueblo es el bien común de todos los ciudadanos. Esto solo es
    posible en la democracia. (…) Salgamos a las calles en busca de la
    verdad y así llegará la libertad”.

    Source: Peleó en Angola, durmió en la calle, hoy es libre | Cubanet –
    http://www.cubanet.org/actualidad/actualidad-destacados/peleo-en-angola-durmio-en-la-calle-hoy-es-libre/

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