La libreta del hambre
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    Venden su casa en La Habana para vivir en Miami
    Pero, ¿cómo sacar de la Isla el dinero de la venta?
    viernes, enero 23, 2015 | Gladys Linares

    LA HABANA, Cuba. — Con la reforma migratoria, miles de cubanos con
    pasaporte español y la Ley de Ajuste Cubano vigente, se establecieron
    recientemente en el exterior. Los hay que no perdieron su casa en La
    Habana o en el interior de la Isla. Algunos prefieren conservar su
    vivienda, otros la están vendiendo, para con el dinero de la venta
    mejorar su vida en el nuevo país de residencia.

    Con las relaciones con Estados Unidos, las empresas inmobiliarias del
    norte, auguran un aumento de venta de propiedades en la Isla. Dicen que
    muchos jubilados de los fríos estados norteños, querrán comprar casa en
    nuestras cálidas playas, que ancianos cubanos residentes en Miami, les
    rendiría más su jubilación en su tierra natal. El esperado turismo
    masivo estadounidense completaría el potencial mercado para las ventas
    de casas en Cuba.

    El mercado inmobiliario cubano se refleja en gran medida en
    Revolico.com, aunque muchos comentan que la información que allí
    encuentran no es precisa, que los datos reales se conocen al llegar a la
    vivienda. Para nadie es un secreto que los cubanos no pueden comprar una
    casa con sus salarios, que apenas les alcanzan para cubrir sus
    necesidades básicas. No obstante, algunos ancianos aspiran a vender sus
    viviendas para comprar otras más pequeñas y quedarse con algún dinero.
    También algunos hijos, cuando los padres viven solos, los llevan a vivir
    con ellos con la esperanza de vender sus casas y así darles algún
    bienestar o aliviar su situación económica por un tiempo.

    Sin embargo, son más los que aspiran a vender que los que logran
    hacerlo, pues la mayoría cuenta con el dinero de su propia venta para
    comprar. Esto crea un círculo vicioso en el que nadie puede comprar aún,
    porque no han vendido. Algunos pocos, no obstante, han podido conseguir
    el dinero a través de un familiar que viva fuera de la isla, o del
    matrimonio con extranjeros. Los menos –como artistas o deportistas-
    producto de su trabajo o de sus viajes.

    Los más, son quienes planean vender su casa para iniciar una nueva vida
    en otro país. Pero si lo logran, luego se enfrentan al problema de cómo
    poder sacar todo su dinero (por ejemplo, a través de alguien de
    confianza en el exterior), porque legalmente, por el aeropuerto, el
    régimen no permite sacar más de 5000 dólares, o su equivalente en otras
    monedas.

    Y no todos venden la casa que fabricaron, o que heredaron de sus padres
    o abuelos. Los hay que venden “su casa” que fue confiscada a sus
    verdaderos dueños y que les dieron por servicios prestados al régimen.

    Hace unos días vino a visitarme María Cecilia. Me contó que las personas
    que viven en la casa que construyeron sus abuelos estaban vendiéndola y
    liquidando los muebles y demás artículos del hogar para irse del país, y
    que algunos de estos, como el juego de cuarto y el de comedor,
    pertenecían a su familia.

    Su rostro reflejaba dolor, ira, frustración, al ver cómo su patrimonio
    era exprimido por individuos que no tenían ni la más mínima idea de
    cuánto su familia se había esforzado y sacrificado para levantar la
    casa, y años más tarde –cuando los dos hijos se casaron– sendos
    apartamentos de dos cuartos en los altos, para que toda la familia
    estuviera cerca.

    Aquella gente había ido a parar allí en 1963, cuando el mayor de sus
    tíos emigró hacia Panamá con su familia tras una buena propuesta de
    trabajo, por lo que el apartamento que este ocupaba fue confiscado con
    todo lo que había dentro. “Se fueron con lo puesto. Fue un abuso. Y como
    el presidente del comité era un extremista comecandela, no pudimos
    rescatar nada, porque todo se lo llevaron para ‘Recuperación de
    Valores’”, me comenta mi amiga. “De aquel golpe mi abuelo nunca se
    recuperó. Y para más desgracia, en el apartamento que había sido de mi
    tío se metió una familia como de diez personas sin normas de convivencia
    y con pésima educación. Enseguida empezaron las tupiciones, las
    filtraciones, la tiradera de agua y la rodadera de muebles. La casa de
    mis abuelos se volvió un infierno”.

    Cuando el abuelo falleció, el tío inició los trámites para llevarse a la
    abuela. Pero antes, para que la casa no se perdiera, pusieron a Mª
    Cecilia en el registro de direcciones y en la libreta. Pero en 1979,
    ella se casó y se fue a vivir a Artemisa, y aunque no se cambió de
    núcleo en la libreta, el de vigilancia del CDR le exigió registrarse en
    la nueva dirección.

    “En 1980 mi tío vino a buscar a abuela”, continúa Mª Cecilia. “Eran días
    muy difíciles. Los del gobierno me dieron baja de la libreta sin más ni
    más, porque según el presidente del CDR había que dejar la casa vacía, y
    yo ya no aparecía en esa dirección”.

    Hoy, aparentemente, la situación no es la misma. Los cubanos pueden en
    teoría comprar y vender sus viviendas. El 10 de noviembre de 2011 entró
    en vigor el decreto ley 288. Después de más de medio siglo, la dictadura
    legalizó lo que de una forma u otra el pueblo hacía por la izquierda
    mediante una serie de triquiñuelas.

    Usted puede caminar La Habana, y ver carteles de “se vende” en muchos
    balcones.

    Source: Venden su casa en La Habana para vivir en Miami | Cubanet –

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