La libreta del hambre
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    Empeora la escasez de productos en Cuba
    En los últimos meses, la crisis de carestía ha alcanzado niveles
    alarmantes, muy similares al panorama de desolación de los años 90, el
    llamado “Período especial”
    lunes, febrero 16, 2015 | Ernesto Pérez Chang

    LA HABANA, Cuba. -En Cuba, el desabastecimiento tanto en las tiendas que
    venden en divisas como en las que lo hacen en moneda nacional, ha sido
    durante más de cincuenta años un problema irresuelto. Aun así, al mirar
    el pasado reciente, muchos cubanos, a causa de las penurias actuales,
    tienden a ver la década de los 80 ?clímax de una época donde los hilos
    de la economía y la política cubanas eran movidos desde la extinta Unión
    Soviética? como años de abundancia aun cuando se sabe que en realidad
    jamás, en medio siglo de dictadura, los salarios han rendido para
    alimentar a las familias.

    En los últimos meses, la crisis de carestía ha alcanzado niveles
    alarmantes, muy similares al panorama de desolación de los años 90, la
    peor etapa del eufemísticamente llamado “Período especial” y que las
    cifras reales manipuladas por el gobierno ?en cuanto a problemas de
    desnutrición, enfermedades y muertes asociadas al fenómeno?,
    reconocerían como una de las más devastadoras hambrunas que ha sufrido
    la población cubana.

    Aun cuando proyectos como los del Mariel y las construcciones de lujosas
    dársenas para yates en Varadero y la cayería norte continúan
    ejecutándose, los directores de empresas han sido notificados de las
    inmovilizaciones urgentes, según hemos conocido a partir de las
    asambleas sindicales que se han efectuado en varios organismos donde se
    les ha comunicado a los trabajadores las nuevas medidas de recorte de
    salario que han comenzado a afectar sus ingresos a partir del pasado mes
    de enero.

    Por otra parte, los administradores de las redes de comercio del país
    han sido notificados con una sarta de medidas para disimular la crisis
    de desabastecimiento que es ya palpable pero que se avizora su
    agravamiento para la segunda mitad del presente año.

    La realidad de las tiendas habaneras

    Un empleado de la tienda Yumurí, en La Habana, nos comenta al respecto:

    “No solo debemos evitar que las personas tomen fotos en el interior (de
    la tienda) sino que nos han ordenado cerrar las vidrieras de exhibición.
    En los anaqueles, cuando van quedando vacíos, nos han dicho que
    coloquemos el mismo producto, el que haya, en una sola fila, para que no
    se vea el fondo del anaquel. Lo que estamos vendiendo es lo que va
    quedando en los almacenes nuestros y lo poquito que nos traen de la
    reserva. En el mercadito del sótano la mitad de los productos están a
    punto de vencer y aun así no les bajan el precio. Ya deberían estar en
    la segunda rebaja pero no nos han permitido hacerla. Otros productos
    llevan años en los almacenes centrales y es ahora que los traen, como
    las latas de calamares, las sardinas y otras laterías. Yo les advierto a
    los que compran porque es criminal que alguien gaste el poco dinero que
    lucha en enfermarse con algo en mal estado”.

    En la tienda La Época, una vendedora que, como en el caso anterior,
    preferimos ocultar su identidad para no perjudicarla, nos explica:

    “Esto que tú ves es todo lo que hay y parece que no van a traer más
    cosas en mucho tiempo. Los almacenes están vacíos. Me da mucha pena ver
    cómo la gente viene preguntando por el picadillo de pavo o los perritos
    (salchichas), que es lo más barato, y se van con las manos vacías porque
    en cuanto llegan se agotan. (…) Yo misma casi tengo que hacer magia para
    cocinar todos los días porque la cosa está muy mala. Tenemos que
    arreglar los anaqueles todos los días para que parezca que hay mucho
    pero, como puedes ver, es lo mismo y son cosas muy caras, a punto de
    vencer y que todos sabemos que vienen de las reservas de quién tú sabes
    (se toca el hombro en un gesto que en Cuba todos usan para referirse al
    gobierno sin tener que mencionar nombres en voz alta)”.

    Lo que trae la libreta de abastecimiento

    En cuanto a las bodegas donde se venden los productos racionados, el
    panorama es mucho más deprimente. Oscuras, malolientes, desoladas, en
    sus anaqueles solo exhiben rones baratos y algunas chucherías a precios
    mucho más alto que las que venden la gente por ahí, incluso a escondidas
    de los inspectores. Las bodegas que no ofrecen este tipo de productos,
    permanecen cerradas durante gran parte del día porque no tienen nada que
    ofertar más allá de las dos o tres mercancías que apenas alcanzan para
    los primeros días del mes: unas pocas libras de arroz, otras de azúcar,
    un puñado de sal y unos cuantos frijoles. También cinco huevos al mes
    por persona más unas onzas de pollo, el resto hay que salir a buscarlo
    en el mercado negro o, cuando aparece, comprarlo en divisas en las
    tiendas que administra el Grupo Empresarial de las Fuerzas Armadas,
    dirigido por Luis Alberto Rodríguez, el yerno de Raúl Castro.

    Un litro de aceite vegetal consume el 10 por ciento del salario promedio
    que no supera los 20 dólares al mes. Una bolsa de leche de las que rinde
    apenas 4 litros al reconstituirla puede absorber el 30 por ciento de los
    ingresos de un trabajador estatal. Una docena de huevos de los de “venta
    liberada” cuesta casi el 5 por ciento del salario de un profesional; una
    libra de carne de cerdo dobla la misma cifra, muy similar a lo que
    cuestan cuatro rollos de papel higiénico que, dicho sea de paso, por su
    ausencia casi perpetua, las personas han sustituido en sus baños por
    trozos de periódicos.

    A la entrada de una bodega en la Habana Vieja, encontramos a un señor
    vendiendo unas bolsas de leche en polvo. Cuando le preguntamos por los
    precios y dónde las consigue, nos responde:

    “Las vendo a 80 pesos (aproximadamente 3 dólares) la amarillita (leche
    entera) y a 60 (poco más de 2 dólares) la blanca (descremada). (…) Esas
    no son mías sino de gente que me las da a vender. (…) Se las dan por
    dieta pero tienen que venderla porque de qué modo llegan a fin de mes
    sin dinero. Yo las vendo a ese precio porque no la hay, y en la shopping
    (tiendas en divisas), cuando aparece, vale muy cara. Así que te sale más
    barata. (…) También están los que venden para comprar ron pero hay que
    entenderlos, porque solo borracho se puede aguantar esto. Para el
    hambre, mucho ron y cigarro (se ríe)”.

    Derroche e indolencia

    Mientras tanto, en el centro de la capital, en contraste con el hambre
    de millones de trabajadores, los camiones descargan toneladas de piezas
    de mármol importado, miles de metros cuadrados de maderas preciosas,
    cristales, lámparas lujosas y piezas de bronce para restaurar lo que
    habrá de ser la sede de esa enrarecida corporación política que el
    gobierno osa llamar Parlamento y que todos saben que es otro de los
    tantos instrumentos para silenciar y fingir democracia.

    Un trabajador de la obra, que ha pedido no ser identificado, nos
    comenta: “Hay pisos que hemos tenido que sustituir varias veces solo
    porque llega un jefe y nos dice que no le gusta un detallito. Entonces
    se ha tenido que levantar todo y volver de nuevo. Todo es mármol y
    materiales de primera. Es criminal lo que se ha gastado aquí y lo que
    falta todavía Aun así nos recortan en la comida y en los medios de
    protección. Ya ha habido varios trabajadores muertos por caerse de los
    andamios”.

    Mientras la construcción del megapuerto del Mariel y la reparación del
    Capitolio Nacional consumen las arcas del Estado, los escuálidos
    comercios de La Habana exhiben con sus desolaciones las consecuencias
    del manejo antojadizo de los recursos. Mientras los salarios de los
    obreros se esfuman, los ingresos de los militares aumentan cada año así
    como los cientos de prebendas que retribuyen la sumisión. Mientras dos
    de los hijos de Fidel Castro, tanto Antonio como Alex, ganan torneos de
    golf en Varadero o pescan en lujosos yates o viven del negocio de hacer
    fotos al “querido papá” o, por otro lado, las familias de los
    principales dirigentes y militares de alto rango disfrutan de becas en
    universidades extranjeras o se casan con ricos empresarios europeos para
    asegurar un buen refugio en caso de una emergencia política, en las
    calles de la isla hay multitudes pensando qué y cómo van a darles de
    comer a los hijos.

    Source: Empeora la escasez de productos en Cuba | Cubanet –
    http://www.cubanet.org/actualidad/actualidad-destacados/empeora-la-escasez-de-productos-en-cuba/

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