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    En las calles de Cuba, crece la esperanza de una vida mejor

    Durante una visita en enero por Cuba, de un extremo de la isla al otro,
    los cubanos de a pie —desde cuentapropistas que han echado a andar sus
    pequeños negocios, a empleados de empresas estatales y jubilados— están
    esperanzados de que el acercamiento en las relaciones entre Estados
    Unidos y Cuba redundará en una mayor prosperidad para el ciudadano promedio.
    EL NUEVO HERALD
    02/06/2015 7:09 PM

    La Habana
    El policía retirado trabaja como taxista por las calles de Santiago de
    Cuba para mantener a su familia.

    Una jubilada alquila cuartos en su casa en Villa Clara para poder
    sobrevivir porque el pago del retiro es muy poco. En Sancti Spíritus un
    cajero de un café-internet solo les puede ofrecer servicios a tres
    personas a la vez ya que las otras siete computadoras del local no
    funcionan por la pobre conectividad en la zona.

    ESPECIAL PARA EL NUEVO HERALD
    Un hombre vende un cuadro en una calle de Santiago de Cuba.
    Y en un reparto de La Habana una dueña de un paladar clandestino sirve
    su comida a una mesa de visitantes escondidos detrás de un telón porque
    no le alcanza el dinero para pagar los impuestos y las licencias que el
    gobierno le exige.

    De un extremo de la isla a la otra, los cubanos están “resolviendo,”
    enfrentando los retos y desafíos de un sistema económico y político que
    exige lealtad al gobierno comunista para poder avanzar. Durante una
    visita a la isla en enero, muchos cubanos de a pie— desde
    cuentapropistas que han echado a andar sus pequeños negocios, a
    empleados de empresas estatales y jubilados— expresaron estar
    esperanzados de que el acercamiento en las relaciones entre Estados
    Unidos y Cuba redundará en una mayor prosperidad para el ciudadano
    promedio después de 56 años bajo el control de los Castro.

    Alexis, por ejemplo, tiene una pensión de unos $15 al mes que apenas le
    alcanza para vivir. Por eso este policía retirado de Santiago debe
    trabajar como taxista en un Lada de más de 30 años de antigüedad para
    mantener a su familia.

    “Vamos a ver qué es lo que pasa […] pero lo que ahora se espera es que
    haya más trabajo”, dice Alexis. “Santiago es una ciudad que recibe mucho
    turismo, donde hay mucho que ver, y con esta noticia ojalá que la cosa
    mejore”.

    ¿MEJORAS A LARGO PLAZO?

    Como Alexis más de una treintena de personas entrevistadas a lo largo
    del país expresaron sus expectativas de un aliento económico. Sin
    embargo, los entrevistados coincidieron en que las supuestas mejoras
    “para la gente del pueblo” serán visibles sólo a largo plazo.

    Lo que sí se puede ver, al menos en las calles habaneras durante las
    últimas semanas, es a niños con camisetas estampadas con el rostro del
    presidente estadounidense Barack Obama, o mujeres y hombres cubanos
    vestidos con camisas o pantalones con la “bandera yanqui” caminando por
    puestos de venta donde abundan las camisetas de Ernesto “Che” Guevara.

    El pasado 17 de diciembre, horas después de conocerse la liberación del
    contratista norteamericano Alan Gross y el canje de un doble agente
    cubano encarcelado en Cuba a cambio de tres espías cubanos recluidos en
    Estados Unidos, Obama y Raúl Castro anunciaron la decisión de iniciar un
    diálogo para retomar las relaciones diplomáticas rotas desde 1961.

    En diversos barrios de La Habana, así como en ciudades de las provincias
    de Santiago de Cuba, Sancti Spíritus, Villa Clara y Artemisa, muchos de
    los entrevistados destacaron su esperanza de que el levantamiento de
    algunas restricciones impulsará la oferta de viajes a la isla.

    En Trinidad, una turística ciudad histórica de Sancti Spíritus, los
    entrevistados dijeron que “la esperada oleada turística” creará más
    trabajos, pero también requerirá promover mejoras tecnológicas.

    “Aquí, por ejemplo, no aceptamos tarjetas [bancarias] para cobrar, pero
    supongo que eso irá cambiando”, opina Michael, cajero de un
    café-internet en Trinidad, donde sólo tres de las 10 computadoras del
    local funcionan por la pobre conectividad en la zona. “Supongo que todo
    cambio será un proceso”.

    En ese mismo local de Trinidad, una pareja estadounidense destaca que la
    decisión de Obama ha sido buena, y que a Cuba le significará una
    oportunidad para reactivar su economía.

    “Para nosotros es común utilizar una tarjeta de crédito, no solemos
    andar con cash”, dijo Kevin mientras tomaba café con su esposa María.
    “Pero estoy seguro de que esto mejorará la economía local después de más
    de 50 años de relaciones tan tensas”.

    De hecho, MasterCard y American Express anunciaron recientemente que
    comenzarían a permitir en la isla el uso de tarjetas de crédito que
    emiten en Estados Unidos. Pero esas nuevas reglas del gobierno
    norteamericano todavía no están listas.

    Hay quienes también expresan su resistencia a la idea de adaptarse a un
    sistema de cobro con tarjetas de crédito ante el temor de dejar registro
    de las transacciones de sus negocios.

    “Prefiero manejar todo en cash”, dice el dueño de un restaurante en La
    Habana Vieja. “Que los [turistas] que vengan, vayan a Cadeca (Casas de
    Cambio) y allí cambien sus dólares a CUC, es lo mejor”.

    A pesar del levantamiento de algunas restricciones por parte de Estados
    Unidos, la mayoría de sanciones financieras contra Cuba se mantienen a
    través de la denominada Ley Helms-Burton, aprobada en 1996 y que sólo
    podrá ser derogada por el Congreso.

    ‘BLOQUEO INTERNO’

    Don Carlos, un taxista que conduce otro viejo Lada en Santiago de Cuba,
    enfatiza que poco se dice sobre las trabas locales que se ponen para
    promover la iniciativa privada.

    “Mucho se habla del embargo de Estados Unidos, pero algo que no se
    menciona es el bloqueo interno”, dice Carlos mientras conduce por la
    avenida Las Américas rumbo a la Plaza de la Revolución. “Aunque en algo
    se ha mejorado, son muchos los obstáculos que pone el gobierno, con
    permisos, pagos, inspecciones. En realidad lo que uno quiere es salir
    adelante pero nos desaniman”.

    Para Migdalia, una jubilada que alquila cuartos en su vivienda de Villa
    Clara, en los últimos años el gobierno cubano “dentro de sus
    limitaciones” ha dado pasos favorables para promover pequeños negocios
    privados en la isla.

    “Esa medida permitió que muchos podamos empezar con nuestros pequeños
    negocios”, dice Migdalia. “Ahora veremos qué pasará con el inicio de las
    relaciones [con Estados Unidos] y si aumenta el turismo en nuestra
    ciudad que tiene tantos lugares bellos, llenos de historia”.

    Desde que reemplazó en el poder a su hermano Fidel Castro en el 2006,
    Raúl implementó algunas reformas para tratar de impulsar el debilitado
    modelo económico de corte soviético.

    De acuerdo con cifras oficiales publicadas en julio, el número de
    personas empleadas en “actividades por cuenta propia” sobrepasó las
    471,000. Sin embargo, una cifra similar ha devuelto sus licencias al
    constatar que no puede obtener ganancias para cubrir los gastos de
    operación y los distintos impuestos que deben pagar.

    La mayoría de nuevos cuentapropistas provienen del mercado informal y no
    del sector estatal como programaba el gobierno. En ese mercado informal
    se encuentra Matilde, dueña de un paladar clandestino en La Habana,
    donde un bistec de cerdo con arroz cuesta 20 pesos. Sólo tiene una mesa
    y los comensales se turnan de forma ordenada y aguardan en un sofá para
    almorzar.

    “Yo tengo el paladar ‘detrás del telón’ para poder sobrevivir”, dice la
    mujer de 66 años. “Ojalá que todo esto de las relaciones con Estados
    Unidos sirva para que podamos conseguir más fácil las cosas en el mercado”.

    En los mercados, los clientes tratan de estirar los billetes para cubrir
    la canasta básica. Pero la mayoría de los entrevistados se quejan de que
    sus salarios son muy bajos.

    Irma, una sexagenaria habanera, dice que su pensión equivalente a $10 al
    mes y lo que le corresponde por la libreta de abastecimiento, no le
    alcanza para cubrir las necesidades básicas. Por la libreta de
    abastecimiento le entregan mensualmente seis libras de arroz, otras seis
    de azúcar blanca, media de frijoles negros, un paquete pequeño de café,
    un muslo de pollo, cinco huevos, cuatro dedos de aceite en un pomo pequeño.

    Ella cambió $5, equivalentes a la mitad de su pensión, de “un dinerito”
    que le envió su hija de Miami. Apenas le alcanzó para comprar una libra
    de yuca, un sobrecito de ajo, dos naranjas agrias, una libra de tomates,
    cilantro y bistec de cerdo.

    “Tengo la esperanza de que la economía mejore porque el dinero no
    alcanza”, dice Irma. “Y estos gastos no incluyen artículos de higiene
    personal como un champú o un acondicionador, que cuestan 2.40 CUC, o un
    desodorante a 1.90 CUC […] porque estar limpio aquí es todo un
    privilegio”.

    Source: Cuba Desde Adentro | Esperanza –
    http://pubsys.elnuevoherald.com/static/media/projects/2015/esperanza/index.html

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