La libreta del hambre
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    Los más perjudicados del socialismo próspero y sostenible
    febrero 11, 2015 11:48 am

    Cuba actualidad, Capdevila, La Habana, (PD) En los cuarenta y tantos
    años que gobernó de manera omnímoda Fidel Castro, con miras a evitar el
    más mínimo brote de protesta popular, aunque no reza en ningún
    documento, estuvo vigente un pacto social entre él y pueblo, en que este
    último le brindaba apoyo político a cambio del mantenimiento de un
    modelo igualitario y de gratuidades.
    La educación, la atención médica, el deporte y la cultura las sufragaban
    el presupuesto del Estado. Los precios para la venta a la población de
    los alimentos, el vestuario, los enseres para el hogar y los productos
    de aseo eran subsidiados. De esa manera, el salario que devengaban los
    trabajadores -que no rebasaba en aquel entonces los 10 dólares
    mensuales- alcanzaba para sufragar los gastos de una familia, en los que
    se incluía el pago del consumo de electricidad y agua, el alquiler de la
    casa y quedaba dinero para la cultura y la recreación, incluso para
    excursiones, cuyo costo era realmente simbólico.

    La política igualitaria y voluntarista de Fidel Castro, de manera
    inesperada sufrió un duro golpe con la desintegración de la Unión
    Soviética, en 1991. Hasta ese momento, el dinero soviético había
    mantenido a su gobierno que se caracterizó por su ineficiencia
    económica, la dilapidación de los recursos y las locuras injerencistas y
    napoleónicas en América Latina y África, en vez de destinar ese dinero
    al desarrollo y consolidación económica de Cuba.

    Como consecuencia de su fallida política, el artificial bienestar cayó a
    límites que hasta entonces eran inconcebibles. En los hogares cubanos se
    comenzó a sufrir escasez de alimentos y otros artículos. Esa época de
    grave crisis económica fue oficialmente bautizada como “Periodo Especial
    en Tiempo de Paz”.

    El régimen cubano pudo capear aquel inesperado temporal, porque a
    regañadientes autorizó los pequeños negocios privados, puso en vigor la
    hoy derogada Ley 77 que autorizaba la inversión extranjera en
    determinados sectores de la economía nacional, y por la expansión del
    turismo, que se convirtió en la principal entrada de divisa del país,
    muy por encima de la producción de azúcar, que sufrió un gran descalabro
    por la irresponsable demolición de más del 50% de los 142 centrales
    existentes en aquel entonces en Cuba.

    A pesar de que la crisis provocó la abrupta caída del Producto Interno
    Bruto (PIB) en un 36%, Fidel Castro no puso fin a la arquitectura
    igualitaria y voluntarista en la que se sostenía su régimen totalitario.
    Lo más importante para él y sus seguidores era contar con el apoyo de
    segmentos importantes de la población a pesar de las penurias en que
    estaban sumidos.

    Al desaparecer de los anaqueles de los comercios la mayoría de los
    productos que se vendían de forma liberada y al no tener dólares para
    comprar en las Tiendas de Recaudación de Divisas (TRD), los alimentos a
    precios subsidiados que se vendían a través de la libreta de
    abastecimiento, para la gran mayoría de la población eran un alivio.

    Por razones de enfermedad, en julio de 2006 Fidel Castro se vio obligado
    a renunciar a sus responsabilidades de gobernante omnímodo. Lo sucedió
    Raúl Castro, que fungía como ministro de las Fuerzas Armadas
    Revolucionarias. En 2008 fue “electo” presidente.

    Raúl Castro heredó de su predecesor una economía en ruinas. Solamente en
    la descabellada y antieconómica “Batalla de Ideas”, se despilfarraron
    cientos de millones de dólares. Ante esa situación, el nuevo gobernante,
    con el total respaldo del ejército, comenzó a desmontar todo lo que
    tuviera que ver con el igualitarismo, el paternalismo y los subsidios,
    porque los recursos disponibles no son suficientes para mantener tan
    irracional política.

    En el VI Congreso del Partido Comunista lanzaron la indefinida y la aun
    no concretada “actualización del modelo económico”, que tiene como
    sostén teórico los 313 lineamientos económicos. Aprobados el 18 de abril
    de 2011, estas son las santas horas en que el pueblo cubano desconoce
    cuántos de los lineamientos se han implementado y los que todavía están
    pendientes.

    La bandera que preside la tal actualización es la del “socialismo
    próspero y sostenible”.

    El gobierno de Raúl Castro para sanear la economía, mantener el déficit
    fiscal en los límites tolerables y evitar que se produzca un exceso de
    circulantes en poder de la población, aplica una despiadada política en
    la esfera de la circulación y no en la producción, caracterizada por la
    reducción a su mínima expresión de los subsidios y las gratuidades. Es
    la versión de los gobernantes cubanos de las políticas de ajuste, que
    son propias del más que criticado, satanizado por ellos, modelo neoliberal

    El equipo económico que dirige el vicepresidente del Consejo de
    Ministros, Marino Murillo Jorge, ha reducido a más del 50% los alimentos
    subsidiados de la canasta básica y ha puesto termino a un elevado número
    de gratuidades; solo ha dejado aquellas que son banderas de su
    propaganda política, como la educación y la salud.

    Ha sido liberada la venta de materiales de la construcción y los insumos
    que se venden a los productores agrícolas que comercializa el Ministerio
    de Comercio Interior.

    En las cooperativas no agropecuarias, fundadas en lo que anteriormente
    eran Mercados Agropecuarios Estatales (MAE), los precios de los
    alimentos están regidos por la ley de la oferta y la demanda.

    Con los 18 dólares mensuales que devengan de salario mensual la mayoría
    de los trabajadores cubanos y los casi 14 dólares que reciben los
    alrededor de 1,2 millones de jubilados -estos últimos con más de 40 años
    trabajados- tienen que enfrentar la triste realidad de que en el
    cacareado “socialismo próspero y sostenible”, el dinero que perciben
    solo les alcanza para malcomer una semana.

    Para no verse en la mendicidad total, en vez estar en asilos, ya es
    normal encontrar a ancianos por las calles de pueblos y ciudades,
    dedicados a la venta de los más diversos artículos, a expensas del
    decomiso de sus mercancías por los inspectores y la policía, y a la
    imposición de multas cuyo monto, muchas veces, es el triple de lo que
    devengan como pensión en el mes. Pero no les queda otra alternativa que
    arriesgarse a todo eso, porque es la es la única manera de buscarse 2 ó
    3 dólares para tan siquiera garantizar la comida del día.

    Para Cuba actualidad: origenesmadiba@gmail.com

    Source: Los más perjudicados del socialismo próspero y sostenible |
    Primavera Digital –
    http://primaveradigital.net/los-mas-perjudicados-del-socialismo-prospero-y-sostenible/

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