La libreta del hambre
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    ¿Qué pasa en las bodegas con los productos racionados?
    ADRIANA ZAMORA | La Habana | 18 Feb 2015 – 9:42 am.

    El pasado 1 de febrero, a la puerta de un mercado de barrio, un muchacho
    conversaba con el bodeguero. “La ‘pura’ se olvidó de sacar los frijoles
    de enero, mi hermano. ¿Tú crees que eso se pueda resolver? Yo sé que ya
    los perdió, pero es que ella ya está vieja, se le olvidan las cosas. Si
    me resuelves, te lo voy a agradecer”.

    Las bodegas que distribuyen los productos normados por la Libreta de
    Abastecimiento ofrecen cada vez menos. Los cigarros, el jabón, la pasta
    de dientes y otros productos desaparecieron gradualmente del
    racionamiento y ahora son ofertados en los mercados “por la libre”, es
    decir, a precios no subvencionados.

    Las bodegas del racionamiento venden ahora arroz (siete libras por
    consumidor), azúcar blanca (tres libras), azúcar prieta (una libra),
    frijoles (menos de una libra), café (115 gramos), aceite (media libra) y
    huevos (cinco unidades). Todas estas cantidades son las que corresponden
    mensualmente a cada consumidor. En meses alternos, cada tres meses o
    comoquiera que el abastecimiento dicte, se puede comprar allí sal (1 kg
    por núcleo familiar) o espaguetis (un paquete por consumidor).

    ¿Cómo es posible perder el derecho a adquirir un producto que llega a
    los mercados contado y exacto para ser distribuido a cada consumidor?

    “No se pierde nada, excepto los huevos cuando se rompen o se pudren. Los
    productos de los niños, como la leche en polvo, usted tiene derecho a
    comprarlos siempre”, explica Ignacio, bodeguero hace 15 años. “Cuando a
    final de mes alguien no ha comprado los mandados, ese sobrante tiene que
    regresar al almacén. Si el cliente viene al otro mes y lo pide, tendría
    que estar allí. Lo que pasa en que nosotros vendemos todo lo que nos
    ‘sobra’ a fin de mes al precio del producto liberado. Esa es nuestra
    ‘búsqueda’. Todos los bodegueros se aprovechan del desconocimiento que
    tiene el pueblo para quedarse con los mandados. Entonces te decimos que
    ya pasó el tiempo establecido y los perdiste”.

    Preguntando al azar, es fácil comprobar que Ignacio tiene razón. La
    mayoría de las personas piensan que los mandados se “pierden” a fin de
    mes y que no hay derecho a reclamar: la culpa es tuya por no haberlos
    comprado en tiempo. Pocos tienen la idea y la voluntad de reclamar lo
    que les corresponde, pero la mayoría no sabe dónde hacerlo.

    “El mes pasado ni me enteré de cuándo llegaron los huevos”, cuenta
    Edenia. “Yo llego tarde de la oficina y muchas veces no me da tiempo de
    pasar por el mercado, así que cuando llegué ya los huevos se habían
    ‘vencido’ el día anterior. Me quejé con el administrador, pero le dio la
    razón al bodeguero. Así que tuve que comprarlos por la libre”.

    Karina tuvo problemas con la dependienta que le vendía la leche en polvo
    para sus hijos. “Cada diez días entra la leche, pero se acababa al
    segundo día de entrar”, explica. “La bodeguera siempre me decía que
    entraba con faltante. El problema es que a veces mis hijos se pasaban
    una semana sin poder tomar leche por ese cuento”. Finalmente la
    dependienta fue trasladada de mercado por quejas de las madres, pero
    continúa desapareciendo la leche en otra unidad del mismo barrio, sin
    mayores consecuencias.

    Según Ignacio, las quejas deben dirigirse en primer lugar al
    administrador del establecimiento. Si no se resuelve el problema, se
    puede acudir a la zona de Comercio Municipal o a la Oficina Municipal de
    Comercio.

    “Si tu bodeguero te tiene consideración, te da tus mandados, aunque
    estés atrasado”, asegura Ignacio. “La mayoría le dice al cliente que se
    vaya a quejar a la oficina de la zona correspondiente, a riesgo de que
    lo haga y te meta en un problema. Pero la gente casi nunca se queja;
    unos porque no conocen el mecanismo, otros porque creen que no van a
    resolver nada. Piensan que la Zona queda muy lejos y van a perder el día”.

    El 1 de febrero pasado, por supuesto, el cliente “resolvió” los frijoles
    de enero. El muchacho se fue contento, pensando que le habían hecho un
    favor, porque su bodeguero es de lo más “buena gente”. En marzo, tratará
    de sacar todos los mandados en tiempo y si no puede, los perderá. Es que
    no puede abusar de la “bondad” de ese bodeguero tan comprensivo.

    Source: ¿Qué pasa en las bodegas con los productos racionados? | Diario
    de Cuba – http://www.diariodecuba.com/cuba/1424248942_12948.html

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